Por Yvonne Laborda.
Autora del libro: DAR VOZ AL NIÑO.

Cuando nos planteamos cambiar nuestra forma de crianza o nuestro estilo de “homeschooling” muchas veces decidimos soltar: no ser tan rígido, estricto, no poner tantos limites, no dirigir tanto, ser más tolerante, más complaciente… Hay que tener cuidado a la hora de soltarse. Un niño al que le hemos estado diciendo lo que debe o no debe hacer se le puede hacer muy difícil de un día para otro el poder decidir él solo que es lo que realmente quiere o no hacer o conectar con lo que verdaderamente necesita. Ha estado mucho tiempo desconectado de su ser esencial. estará confundido. Mi propuesta sería: simplemente decir más sí.

Me explico. En vez de dar carta blanca, levantar límites, controles y/o prohibiciones lo que suele mejorar nuestras relaciones afectivas es no decir tantas veces no. O por lo menos cada vez que sí queremos o necesitamos decir no, preguntarnos: ¿y por qué no? Casi siempre nuestros “noes” son mecánicos. No los pensamos realmente. Hoy mismo (escrito en 2013) Urtzi y Naikari han querido coger una cuchara super grande para comerse los cereales del desayuno y mi primera reacción interna ha sido: “No, con esta cuchara tan grande no, coged esta otra más pequeña”. Nada más decirlo me he dado cuenta… Urtzi me ha dicho: “es que queremos esta mamá, no queremos las pequeñas”. Entonces he rectificado: ” ok! si preferís estas, cogedlas”.

Otros ejemplos pueden ser los horarios fijos de comida, dormir, jugar, salir… ¿Y si no tienen hambre cuando les avisamos de que la comida esta lista?. ¿Y si prefieren dormirse en el sofá y luego los llevamos a la cama dormidos?. ¿Y si les apetece comer algo entre horas?. ¿Y si les dejamos decidir si ir o no (un día puntual) a ese actividad programada?. ¿Y si les dejamos jugar, jugar y jugar hasta que se cansen?. ¿Y si les dejamos decidir que ropa ponerse?. ¿Y si esta vez les dejamos que se descalcen?. ¿Y si les dejamos escoger el menú algún día de la semana en concreto?…

No me gusta nada la frase: “Que hagan lo que les de la gana”. Suena muy negativo, ¿verdad?. No pienso que nadie deba hacer lo que le venga en gana sin tener en cuenta a los demás. Es mucho más que eso. Lo esencial e importante es ayudarles a satisfacer sus necesidades de la manera más humana posible y de la forma que más se asemeje/acerque a sus deseos. No hace falta (ni debemos) poner a un lado nuestras necesidades y preferencias por las de nuestros hijos. Lo que quiero exponer es que sus necesidades y deseos deberían ser absolutamente igual de importantes para nosotros como los son nuestras necesidades y deseos.

Si les dejamos ser más ellos mismos veremos que hay momentos en los cuales parece que no hagan nada productivo. Pero esa sólo es nuestra percepción de la realidad. Llamar a un niño holgazán/gandul simplemente por que no nos obedece es el colmo de la manipulación. Una persona humana no es gandula ni holgazana simplemente por que no hace lo que alguien piensa que debería estar haciendo con su tiempo.

Personalmente, pienso que muchas de las cosas que les hacemos a los niños o que no les dejamos hacer (tanto a los nuestros como a los de los demás) son replicas (comportamientos aprendidos y adquiridos) de lo que nos hicieron o no nos dejaron hacer a nosotros de niños. Siempre es más fácil hacer lo que otros esperan de nosotros que ser nosotros mismos a pesar de lo que los demás piensen. No digo que esté bien ni mal el hacer lo mismo que nuestros padres hicieron o los adultos con los que nos relacionábamos. Simplemente digo que seguimos el mismo patrón sin a veces ni preguntarnos si nos parece bien o no a nosotros. No tomamos conciencia, ni nos paramos a pensar sobre todas esas creencias limitantes…

Por último, decir que a mi, personalmente, cuando se trata de hacer cambios tanto de crianza, educación, alimentación, amigos… Prefiero introducir algo nuevo para luego ir sacando/eliminando/sustituyendo lo viejo. Pongo un ejemplo de alimentación: Supongamos que nos queremos hacer vegetarianos o simplemente comer menos proteína animal. Yo no aconsejaría dejar de comer carne o pescado de un día para otro. Ni el cuerpo ni la cabeza están preparados para tal cambio brusco. En un principio no eliminemos nada. Simplemente introduzcamos más fruta, verdura, legumbres, frutos secos, algas, cereales distintos a los habituales (quinoa, mijo, espelta, kamut…), leches vegetales (de arroz, soja, avena, almendra, avellana, sésamo, espelta…), probar proteínas vegetales (tofu, seitan, tempe…). Si introducimos todo esto, habrá que ir disminuyendo/suprimiendo algo, ¿verdad?. En cambio no habrá carencia por que lo reemplazamos por algo mejor. En este caso, la carne y el pescado poco a poco se irán reduciendo hasta donde nosotros queramos o podamos.

Sucede exactamente lo mismo con nuestra forma de criar, tratar, educar… a nuestros hijos. Si introducimos principios y valores nuevos, tales como: Ser amable, respetarnos, hablarnos con calma, escucharnos, ayudarnos… veremos como los gritos, las amenazas, los castigos y los premios disminuyen ya que castigar o gritar no sería ser amable ni respetuoso.

Te invito a tomar una decisión consciente HOY y EMPEZAR a cambiar todo aquello que no te permite llegar a ser quien viniste a ser ni te permite dejar que tus hijos o alumnos lleguen a SER quien vinieron a ser.

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Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés
 
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