La crianza convencional se centra, principalmente, en qué es lo que el niño hace (qué es lo que no nos gusta o qué queremos parar y/o cambiar en el comportamiento del niño) y cómo o qué hacer para que ese comportamiento pare/cese. Una necesidad no desaparece al no obtenerla. Parar el comportamiento y conseguir cambiar la actitud del niño no elimina su causa ni lo que el niño siente. Cuando les decimos que paren de hacer algo, deberíamos decirles o proponerles qué hacer en vez de eso. La crianza con conciencia busca el “por qué” de ese comportamiento, la causa originaria de tal actitud. Los niños siempre tienen un motivo valido para hacer lo que hacen aunque no siempre nos gusten sus reacciones ni sepamos su causa. Cuando un niño se siente mal automáticamente se “porta mal”. Si su estado emocional mejora (se siente bien), su comportamiento también mejora. Generalmente, cuando “se pasan” es por que no tienen mejores herramientas. Pensemos qué podemos hacer para ayudarles a canalizar mejor lo que sienten en vez de pensar que hay algo en ellos que no va bien. Averigüemos por qué el niño hace lo que hace. Solemos pensar que sus necesidades son erróneas, que están equivocados, y constantemente luchamos contra ellas.

El unschooling ( dejarles aprender autónomamente y con libertad) no floreció y empezó a dar sus frutos hasta que cambiamos y sustituimos nuestra crianza convencional por una de más consciente, respetuosa, natural y con apego. Si quieres cambiar algo de ti, de cómo actúas, de lo que piensas, simplemente hazlo. No esperes otro año, otro mes, otra semana, otro día… Hasta que no nos vaciemos de todo lo que creemos y pensamos que ya sabemos no podremos aprender más y mejor. Cómo dice Sandra Dodd: “It only takes a second to do better”. Traduzco: “sólo se tarda un segundo en hacerlo mejor”. Algo que va muy bien al principio es siempre escoger entre dos opciones: la menos “mala” (dañina). Por ejemplo: Si he perdido el control. Puedo darles un azote o gritarles que paren ya. La próxima vez puedo gritarles que se callen o puedo irme a fuera a la terraza y tranquilizarme. La siguiente puedo salir a la terraza a tranquilizarme o puedo no hacer tanto caso a lo que pienso en ese momento y acercarme a ellos y preguntar si necesitan mi ayuda para algo. Sin mis pensamientos soy la madre cariñosa y comprensiva que quiero ser. Nuestro enfado no es causado por X sino por lo que pensamos de X. Cuando estamos enfadados simplemente estamos creyendo y escuchando nuestros pensamientos sobre el enfado y entonces es cuando culpabilizamos, juzgamos y negamos la realidad. Muchos padres y madres no soportamos cuando se ponen a llorar desconsoladamente sin parar. El llanto es sanador, libera las emociones retenidas. ¿Por qué no soportamos más de X segundos de llantos? ¿Es que a caso no nos dejaron a nosotros llorar de pequeños?. El secreto esta en no reaccionar sino simplemente notar el sentimiento, la emoción que sentimos. Aceptar lo que sentimos y quedarnos con esos sentimientos hasta que se diluyan es mejor que intentar no sentir nunca enfado. Tenemos derecho a sentirnos mal y enfadados pero no tenemos el derecho de actuar mal contra nuestros hijos. Todas las emociones son aceptables y validas pero no todos los actos. Si no nos damos una elección, de hecho no hemos realmente decidido, elegido o escogido cómo queremos ser y/o comportarnos. Simplemente hemos reaccionado. Cuando perdemos el control lo que muchas veces queremos y pretendemos es que ellos (nuestros hijos) se controlen y comporten para que nosotros podamos restaurar nuestro control y nuestra paz. ¿No debería ser al revés?. Cuando uno se enfada hay necesidad de comunicación. Las raíces del enfado siempre suelen ser la tristeza, las heridas pasadas y el miedo. Si el enfado no esta dentro de nosotros no puede salir. Cuando me enfado a veces me convierto en mi mamá o en mi papá. Ahora ya no soy la hija de mis padres solamente, sino que soy la madre de mis hijos. ¿Quién nos esta diciendo que no seamos tan amables, compresivos, cariñosos, permisivos… con nuestros hijos?, ¿De quién es esa voz?. Es fácil hacer lo que otros esperan de nosotros pero no es tan fácil escuchar a nuestro corazón. Y es muy duro y difícil ser lo suficientemente valiente como para no hacer lo que “ellos” esperan.

La vida esta llena de momentos en donde tenemos que tomar decisiones. ¿Qué nos retiene/obstaculiza de no ser/actuar cómo nosotros quisiéramos? Sólo teniendo la intención y el deseo de querer cambiar o hacer cambios pone las cosas en movimiento. Cuando cambiamos el modo en que resolvemos los conflictos con nuestros hijos, estos empiezan a desaparecer. Cada día estamos mas cerca de la persona que deseamos ser. ¿Qué es lo que nos gustaría que ellos pensasen de nosotros?

No olvidemos que la mejor manera de sanarnos a nosotros mismos es tratando a los niños de la forma en que nos hubiera gustado que los adultos, en nuestra vida, nos hubieran tratado a nosotros. Si nosotros confiamos en ellos y los respetamos, ellos de una forma natural valoraran a los demás. Si nosotros los respetamos será muy difícil que permitan que otra persona les falte el respeto. La infancia no es una preparación para la vida, es la vida misma. ¿Por qué tenemos tanta prisa en que los niños se comporten como los adultos antes de que sean adultos? La forma en cómo los tratamos es lo que les va a enseñar cómo ser. Los niños se convierten en lo que absorben de su entorno. Se cómo te gustaría que ellos llegaran a ser. Los niños se rebelan sólo por que nuestra cultura se opone a su naturaleza.

Para concluir pienso que lo primero y más importante es la relación con nuestros hijos y cómo interactuamos con ellos. Todo lo demás es secundario. Una vez tengamos las piezas del puzzle de nuestra relación encajadas unas con otras con conciencia, todas las demás encontraran su sitio y encajaran casi por sí solas. El día que tengamos otros padres y madres tendremos, también, otro mundo. Un niño obediente no piensa, no cuestiona, no interrumpe, no negocia, no resuelve problemas… sólo hace lo que se le pide, dice o manda. Nuestra necesidad de convencerles, les roba su sentido de confianza en sí mismos. Ayudémosles a ser quienes ya son y dejemos de intentar cambiarlos o hacerlos ser quiénes nosotros quisiéramos que fuesen. Como dijo Winston Churchill: “Los hombres tropiezan con la verdad de vez en cuando, pero la mayoría de las veces se levantan y siguen rápidamente como si nada hubiera sucedido”.
NOTA: Me he inspirado en las palabras de Naomi Aldort, Sandra Dodd, Ren Allen, Scott Noelle, Casilda Rodriganez entre otros.

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