Cada padre y cada madre tenemos un grado de “escolarización mental” diferente, por tanto, el proceso de desescolarizarnos tanto física como mentalmente dependerá de cada persona.

Lo interesante sería darnos cuenta de nuestros verdaderos miedos: que sepa leer, escribir, sumar, las tablas… e intentar no transmitírselos ni proyectarlos a nuestros hijos. Les podemos hablar abiertamente sobre nuestros miedos para que ellos sepan el por qué necesitamos que ellos sepan o aprendan un determinado contenido en un determinado momento. Es nuestra necesidad, no la suya. Eso lo aprenderán cuando estén realmente preparados y lo necesiten. Cada madre y cada padre podremos soltar hasta donde estemos cómodos y poco a poco iremos viendo cómo nos vamos sintiendo.

¿Cómo podemos dejar de querer ver el aprendizaje estructurado?

Fijándonos en cómo han aprendido a caminar, a hablar su lengua materna, cómo miran un caminito de hormigas, contestando a cada una de sus preguntas… Nadie les dijo cómo hacerlo. Simplemente estuvieron en un ambiente en dónde se habla una lengua por tanto la aprendieron de una forma totalmente natural. Hay niños, como es el caso en nuestra familia, que aprenden 2, 3 o 4 lenguas a la vez. Nadie les hablo de gramática nunca. Aprender a andar y a hablar es de lo más complicado que puede hacer un niño y lo sabe y puede hacer absolutamente solo. De igual modo se puede aprender a leer, escribir, calcular… estando y viviendo en un mundo donde se lee, se escribe y se necesita hacer algún que otro calculo, los niños querrán y/o necesitaran saberlo. Todos, absolutamente todos, los niños nacen con curiosidad innata por todo lo que les rodea y quieren y necesitan saber cómo funciona todo. Lo menos que podemos hacer es no “apagarles” ese deseo por aprender intentando enseñarles cosas que aún no necesitan ni les interesan. Una necesidad futura no es una necesidad real. ¿Quién sabe lo que un niño va a necesitar saber en 5, 10 o 15 años? Ellos necesitan unos padres y unas madres pacientes dispuestos a confiar en ellos y que sepan esperar.

Respetando al niño tal y como ya es y confiando en que explorando todo lo que le pueda interesar le proporcionara todo lo que necesita. Mientras nosotros traemos el mundo a sus vidas, ellos exploran y escogen las partes de este mundo que más les intrigan.

¿Por qué nos cuesta tanto desescolarizarnos mentalmente?

Quizás uno de los más grandes problemas a la hora de relajarnos para poder desescolarizarnos mentalmente es que todos los modelos de aprendizaje que tenemos a nuestro alrededor son de aprendizaje forzado, guiado y/o dirigido. Además hemos oído tantos argumentos de que esa es la mejor y correcta forma de hacerlo. También tenemos miedo de que si de repente o temporalmente les liberamos de “esa forma correcta” de aprender lo único que harán es evitar aprender o estudiar o volver a pedir el aprendizaje dirigido, guiado, pautado, forzado ya que no han aprendido (más bien no les hemos dejado aprender) de ningún otro modo todavía. Esto tiene mucho que ver con la escolarización y la desescolarización. Los niños se convencen de que la escuela o lo que se parece a enseñanza escolar y académica es la única forma que tienen de poder aprender. Muchos adultos también lo pensamos. No les es fácil al principio saber interesarse por algo simplemente y aprender a medida que van explorándolo ya que nunca han aprendido de ese modo natural. Pensamos que los niños abrazaran esa nueva libertad tan pronto como se la demos, pero ellos también están influenciados y condicionados por nosotros y por el sistema. Pueden llegar a pensar que los libros de texto o cuadernos son el único camino hacia el aprendizaje “real” y que hacer algo por diversión es “simplemente” jugar. Por eso es de vital importancia desescolarizarnos (de mente) primero los adultos para luego contarles y explicarles a nuestros hijos el cambio que queremos hacer. Si simplemente les damos esa libertad sin más, la mayoría, no sabrá qué hacer con ella. Y entonces es cuando decimos: “El aprendizaje autónomo no es para nosotros”.

La conclusión más común a la que llegamos es que los niños no aprenden ni saben aprender a menos que los dirijamos/guiemos/motivemos/forcemos/obliguemos…

Para los que os esté pasando esto o los que temáis que os pase podéis decirles a vuestros hijos que entendéis que ahora es difícil valorar y escucharse y dejarse llevar por sus intereses ya que tienen que volver a valorarlos y creer en sí mismos. Tenían que haber estado escuchándose y valorando sus propios intereses y pasiones hace tiempo. El proceso de desescolarización no es tan simple ni tan fácil como pudiera parecer en un principio.

Para deshacernos de esa idea preconcebida necesitamos muchas historias, experiencias, testimonios… de otras familias para reafirmarnos y ver que la anterior conclusión no es en absoluto cierta. Los niños SÍ aprenden y seguirán aprendiendo sin que nadie les obligue, fuerce o dirija. Un niño que ha sido siempre dirigido le va a costar mucho saber aprender sin que nadie le diga lo que tiene que hacer. Se aburrirá, pedirá ejercicios académicos, querrá sus rutinas… Todo eso le es familiar y le dice lo que tiene que hacer. Dirigir uno mismo su vida (tomar sus propias decisiones) y aprender autónomamente no es tan sencillo viviendo del modo en que vivimos hoy en día. Por el contrario, un niño autónomo se adaptara, por lo general, bien a cualquier estudio académico dirigido que pueda hacer en un futuro ya que ha sido él quien ha decidido, deseado, escogido hacer tal o cual curso, carrera… Parece que debería ser al contrario, ¿verdad? Pues, no es así. Conocemos a muchos adolescentes y jóvenes adultos que dan testimonio de ello. He escuchado muchas veces a madres y padres decir: “es que mi hijo quiere hacer fichas, quiere que le diga lo que tiene que hacer. Si me relajo, no me deja, me pide…” Es verdad que hay niños más autónomos que otros pero hay que saber diferenciar muy bien a los que están simplemente acostumbrados a ser dirigidos de los que realmente lo necesiten o quieran.

¿Por dónde podemos empezar?

Podríamos empezar por simplemente decir más SÍ. Darles más oportunidades en donde poder escoger y elegir lo que más les guste, interese o apetezca. No sólo académicamente hablando sino también a la hora de escoger qué ropa ponerse, cómo peinarse, si le apetece primero la sopa o el pescado, con qué vaso beber… Medir nuestros “noes” y si no tenemos una buena razón o un buen motivo no decir NO.

No obstante, quiero enfatizar en lo de desescolarizarnos por que, personalmente, creo que todavía nos hace mucha falta a todos. Hace ya algún tiempo, cuando mi hija mayor, y ahora también el mediano, quieren leer o escribir algo yo me pongo allí con ellos y les escucho, ayudo, pregunto, respondo lo que necesitan… Pero por dentro no puedo evitar estar pendiente de si lo dicen o pronuncian “bien”, les doy “mini-lecciones” que luego me doy cuenta de que quizás no les hacían ninguna falta. No me preocupo en exceso ya que nuestros hijos en seguida nos dicen: “prou”, “ok”, “that’s it”, “vale”, “ya está” con palabras o con muecas o con gestos. Ellos saben perfectamente qué es lo que necesitan saber ahora y que no. Y cuando yo no lo sé me lo hacen saber. Hace un año más o menos le pregunté algo a Ainara sobre leer. No recuerdo exactamente lo que dije pero sí recuerdo lo que ella me contestó: “Ahora no mamá, cuando mi cabeza esté preparada y yo tenga ganas ya lo haré.” Me quede muda.

Reconozco que con el tema de la lectro-escritura y las mates es donde la mente escolarizada está más arraigada. Y cuando tenemos la sensación de que ya está, ya lo tengo. Pues, no! Vienen esos días en que te “pillas” a ti misma intentando “meter” algo donde todavía no hay suficiente espacio o interés. Suerte que todo este proceso es interno y lo podemos “camuflar”.

¿Cómo podemos evaluarles y constatar de que sí están aprendiendo?

Otro aspecto importante es el poder, nosotros, constatar que están o han aprendido tal cosa. Queremos ver (tener pruebas) de que realmente están aprendiendo. El hecho de que nosotros lo sepamos o no, no cambia nada. El niño sigue sabiendo lo que sabe y sigue ignorando lo que todavía no ha tenido la ocasión de conocer y/o aprender. No hay ningún modo posible de saber todo lo que alguien sabe o no sabe. Nos llegaríamos a sorprender de las cosas que los niños saben sin que nosotros tengamos la menor idea hasta que un buen día nos lo sueltan y nos sorprendemos. Tenemos que deshacernos de esa necesidad de querer saber qué es lo que nuestros hijos saben. De hecho lo realmente difícil es querer saber lo que no saben. Puede que pensemos que no saben todavía leer, escribir, sumar, entender tal o cual palabra, algo de un idioma, una ciudad, un monumento…

Los exámenes, como muy erróneamente se piensa, no sirven para ver lo que un niño sabe si no más bien sirven para ver qué es lo que no sabe. Si realmente queremos saber qué sabe un niño sobre algún tema en concreto, tendríamos que hablar con él sobre ello y veríamos con que pasión nos habla sobre todos esos temas que le interesan.

¿Cómo sé que aprenderá las reglas de ortografía y la gramática si no se las enseño y las estudian?

No debemos olvidar nunca que debe haber una razón para querer hacer o aprender algo. No sirve de nada obsesionarnos con la ortografía o la gramática si el niño no tiene ninguna razón para querer escribir de un modo claro y legible. El día que alguien tiene el deseo de escribir para decir algo a alguien, ese día va a querer escribir bien para que le puedan entender bien. Yo soy un buen ejemplo de esto. Yo estudié primaría fuera de España, concretamente en Australia, Sydney donde viví de niña durante 5 años. No estudié las reglas/normas ortográficas o la gramática ni del catalán ni del castellano jamás. Mi gran ayuda ha sido el leer mucho. Memorizo cómo se escribe una palabra. El tema de los acentos todavía me tiene despistada. Como ya sabéis en inglés no hay. Al dominar y usar tanto el catalán como el castellano me hago líos. La misma palabra en un idioma lleva acento y en el otro no. Muchas “b” en castellano son “v” en catalán… Suerte de los correctores.

Volviendo al tema de querer escribir bien. Yo quiero contaros cosas pues hago todo lo posible para escribir lo suficientemente bien cómo para hacerme entender. ¿Por qué un niño/adolescente no iba a hacer lo mismo cuando le surja la necesidad o la motivación intrínseca? Muchos abogados y doctores escriben fatal y con faltas hoy en día. Las reglas gramaticales no existan para que alguien nos las imponga o nos obligue a memorizarlas. Existen para que otros puedan entender lo que escribimos. Cuando para nuestros hijos sea importante que otros entiendan lo que escriben, entonces la ortografía y la gramática serán también importantes para ellos.

A menudo somos los padres los que necesitamos sentarnos con papel y boli en mano para enseñarles algo. Si no lo hacemos de un modo convencional es cómo si no estuviéramos jugando/representando nuestro papel en la obra lo suficientemente bien. Y a menudo nos olvidamos de que no hay guion para nosotros sino que el guion lo escriben nuestros hijos. Ya no somos los protagonistas de la obra. Ahora somos el cámara, el productor, el que monta el decorado, el peluquero, el músico que pone la banda sonora… Quien sea pero siempre detrás del escenario para lo que haga falta. También podemos simplemente sentarnos y ser espectadores y disfrutar de la obra.

¿Cómo podemos enseñarles a leer, escribir, mates… sin hacerlo de un modo académico con lápiz en mano?

Simplemente sin enseñarles. Asegurándonos de que tengan acceso en sus vidas a oportunidades reales donde esas habilidades sean necesarias. Eso es todo.

Las oportunidades pueden ser: Comunicarse por Internet, las instrucciones de un juego, programas de arte, juegos de mesa usando letras, recetas de cocina, calcular distancias, saber cuánto tiempo falta para tal evento…, cualquier cosa que tenga que ver con sus intereses o pasiones.

Sino siguen nuestro consejo o no hacen lo que les proponemos quizás es que no están preparados, no les es importante aún, o quizás no les interese todavía. Necesitan que esas oportunidades estén disponibles para cuando las necesiten. Cuando las necesiten no hay duda de que las usaran.

Los padres deberíamos estar para ayudarles y permitirles ser quienes realmente son y dejarles ser y convertirse en quienes realmente quieren llegar a ser en vez de intentar moldearlos dentro y para una sociedad que dice y decide qué es y será mejor para ellos.

 

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