Por Yvonne Laborda.
Autora del libro: DAR VOZ AL NIÑO.

Hoy quiero compartir este artículo de Laura Gutman, mi gran maestra. Ella fue y es discípula de Allice Miller y françoise Dolto entre otros y yo, modestia a parte, me considero discípula de ella entre muchos más… Algún día, cuando mis hijos sean más mayores, yo también me dedicaré a la formación y tendré mis propias/os discípulos. Mientras tanto sigo escribiendo, estudiando y acompañando a mamas y papas en sus indagaciones personales. Ver y comprender el niño/a que fuimos es vital para luego poder hacer los cambios que necesitamos para llegar a ser los maridos, esposas, compañeros, padres y madres que deseamos y nuestros hijos necesitan. El aprendizaje, el ser conscientes de todo eso que nos aconteció, es lo único que puede producir cambios. Vivimos momentos de oscuridad por que tenemos los ojos vendados no por que haya oscuridad. En el proceso de la BEH (biografía emocional humana) nos ayuda a quitarnos esa venda y vez la luz de nuevo.

Yo soy terapeuta Humanista, Holística que combina la Psico-terapia Gestalt con la BH (biografía humana). Me considero una terapeuta “sentiemolista” que practica el  “sentiemolismo” (quien estudia, comprende y es consciente de la influencia de los sentimientos y emociones vividos y reprimidos a lo largo de toda nuestra vida). Por eso yo lo llamo BEH (biografía emocional humana). No puedo solo quedarme en lo intelectual y racional para comprender. Se necesita, en mi opinión, llegar a las emociones más profundas que vivió nuestro niño/a interior. En mi trabajo intento llevar al consultante a conectar de nuevo con ese niño/a que él o ella fue y a validarle, aceptarle, entenderle, llorarle, consolarle, quererle… Para luego poder sostener al adulto que hoy es.

Dar voz a ese niño/a que fuimos es de vital importancia si queremos quitarnos la venda y empezar a ver, comprender y por tanto tomar conciencia para luego empezar a cambiar y acercarnos cada día más a la persona que deseamos ser. Nuestro ser esencial está pidiendo a gritos salir… Escuchémosle y ayudemos a eliminar lo que le obstaculiza salir. La paz interior nos está esperando…

ARTÍCULO:

Los adultos funcionamos con nuestras necesidades infantiles insatisfechas.  Si no hay permanentemente alguien colmándonos de cuidado, simplemente el mundo nos resulta hostil. Conformamos un ejército de personas grandes que hemos quedadoemocionalmente fijados en la inmadurez de la época en que fuimos niños pequeños, y como tales seguimos esperando la atención que no hemos recibido cuando efectivamente dependíamos del cuidado y la consideración de los mayores.

Todos nosotros hemos vivido niveles de desamparo muy importantes durante nuestra primera infancia. Luego nos pasamos la vida adulta queriendo resarcirnos reclamando nuestro derecho a ser amados. Pero no nos damos cuenta.

Pasa que vivimos engañados. O dicho de otro modo: nuestra organización psíquica logró sobrevivir al desamparo tomando como cierto aquello que nuestra madre (o padre o abuelo o persona con la cual nos hemos identificado) ha dicho en aquel entonces. Cuando fuimos niños, hemos tomado como única verdad, esa lente. Por lo tanto aquello que recordamos relativo a nuestra infancia, es altamente probable que no haya acontecido así, (para nuestro registro interno, emocional, afectivo, perceptivo o como lo queramos llamar). En todos los casos, nuestra infancia ha sido mucho máscarente -en términos de satisfacción de necesidades básicas afectivas- que lo que podemos imaginar.

Esto es tan usual que en el transcurso de un buen sistema de indagación personal, aparece el verdadero nivel de desamparo infantil. Hacia allí debemos apuntar en primer lugar. Pienso que es imprescindible que cualquier individuo adulto -si desea comprenderse- tenga acceso a aquello que vivió desde su nacimiento y durante toda su infancia, para comprender qué herramientas utilizó para su supervivencia emocional. Una vez que vislumbre el nivel de carencia, podrá revisar qué ventajas aún conserva y qué desventajas aparecen durante su vida adulta si continúa peleando por su supervivencia como si aún fuera un niño pequeño. Justamente, todo lo que hacemos, pensamos, opinamos, defendemos o decidimos está teñido por ese accionar infantil o –dicho de otro modo- por el mismo mecanismo de defensa o de supervivencia con el que hemos vivido hasta hoy. Si pretendemos comprendernos más o si queremos “solucionar nuestros problemas” tendremos que revisar si las estrategias desplegadas en el presente están actualizadas, o si son meras reproducciones de miedos pertenecientes a nuestra niñez.

Laura Gutman

Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
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