Por Yvonne Laborda.
Autora del libro: DAR VOZ AL NIÑO.

Seguro que muchos de vosotros pensaréis que no puede haber ningún “peligro” a la hora de ser respetuoso y flexible con los ritmos, intereses, pasiones y motivaciones de los niños, ¿verdad?

Personalmente, yo sí veo que pueda haber algunos peligros al relajarnos con exceso con el pretexto de ser respetuosos. Me explico, puede haber algún padre o madre que piense que lo mejor será no intervenir en el aprendizaje de los niños. Que ellos van aprendiendo lo que necesitan y quieren en cada momento. Eso sí es así pero en mi opinión, SÍ hay que estar PRESENTE a diario y mucho. Cuando un niño muestra interés por algo y no se le acompaña en ese preciso instante, el interés puede quedar perdido hasta la próxima vez que se ilumine o que le venga en mente algo sobre aquello. Hay quienes dicen que si realmente le interesa eso ya volverá a preguntar o a mostrar señales. No obstante, ¿por qué perder esa maravillosa oportunidad ahora para poder compartir con él y tener que esperar a la próxima vez?.

Con el pretexto de ser unschoolers he visto algunas familias muy relajadas con niños que no saben muy bien qué hacer, aburridos muchas horas al día y mamas que van haciendo sus cosas por la casa sin realmente estar allí presentes con los niños ya que ellos “solos” van aprendiendo y haciendo lo que quieren, desean y necesitan. A veces podemos confundir libertad y respeto por los procesos naturales de vida y aprendizaje con libertinaje o falta de atención por parte de los padres. Si pasamos muchas horas con nuestros hijos durante el día es lógico que nos cansemos de sus juegos o de que necesitemos estar con otros adultos, con nuestra pareja o hacer lo que nos guste… pero es muy importante que las horas que sí estamos con ellos estemos con presencia en el aquí y el ahora. Interesándonos por sus cosas, hablando, compartiendo sus juegos, viendo las señales de alerta cuando sus necesidades no están siendo satisfechas. Como ya he dicho en varias ocasiones para que un niño pueda  y quiera aprender necesita tener sus necesidades más básicas de afecto, atención, emocionales, motrices… satisfechas. En mi opinión, la clave está en dar antes de que necesiten pedir. Una vez han pedido, ya hay carencia. Si damos demasiado ellos ya nos lo harán saber.

Os voy a confesar algo. En alguna que otra ocasión me he visto a mí misma inmersa en mis cosas (cocinando, pensando, hablando por teléfono, hablando con mi pareja, leyendo, contestando mails, escribiendo, preparando talleres, tendiendo la ropa, barriendo…) y olvidándome de que tengo a 3 tesoros por la casa. Al verlos entretenidos con sus cositas he ido de una tarea a otra. Al ver que están en el patio, me pongo a barrer, como aún siguen allí empiezo a cocinar, luego suben y se ponen a hacer no sé qué en el comedor… Allí ya empieza algún que otro conflicto… no intervengo ya que parece que lo solucionan ellos mismos. Pero, no… al cabo de otro ratito se vuelven a disgustar por algo… Uno grita, otro se enfada y el tercero viene llorando a la cocina y “click”. En ese preciso instante me doy cuenta de que llevan un par de horas o más “solos” sin que yo ni su padre estemos con ninguno de ellos. No he estado presente durante esas dos horas en ningún momento todo y que no he dejado de estar allí, en la casa, con ellos. Eso no es presencia, eso no es acompañar, eso no es respetar, eso no es dar libertad… Eso es simplemente no estar presente. Cuando me doy cuenta de que no he estado presente paro y empiezo de nuevo o rebobino.

Cuando los niños no nos ven presentes o no estamos dispuestos a satisfacer sus necesidades en el aquí y el hora y les decimos: “ahora no puedo, espera, luego, hazlo tu…”  es cuando empiezan a estar inquietos, aburridos, se enfadan, piden comida… Si no nos tienen cuando nos necesitan tienden a hacer cosas para que nos demos cuenta de que están allí. Si no nos acercamos nosotros por puro placer de estar con ellos, si no somos nosotros quienes nos interesamos por sus cosas, si no somos nosotros quienes nos acercamos y les damos un beso sin más y luego seguimos con lo nuestro, si no somos nosotros quienes les llevamos un zumo de limón mientras juegan en el patio, si no somos nosotros quienes les llevamos algo para picar cuando están en el ordenador, si no somos nosotros quienes estamos presentes para ellos… bien seguro que ellos sabrán como tenernos a su lado aunque sea teniendo que discutir con sus hermanos.

Ellos saben lo que legítimamente les corresponde y si no lo pueden tener de un modo sano lo buscaran de otro. No sería más sano que nos tengan simplemente porque nosotros queremos estar con ellos en vez de que nos tengan que “suplicar”. No olvidemos que nadie pide lo que no necesita.

Aunque yo piense que mis hijos tienen todas sus necesidades satisfechas y que tanto yo como su padre les queremos incondicionalmente me doy cuenta de que no siempre es así. Una cosa es que yo piense que están satisfechos y otra muy distinta es que ellos se sientan así. Yo puedo decir que les quiero mucho pero eso no vale para nada si ellos no se sienten queridos por mí. El amor que yo siento por ellos debe llegarles, tienen que sentirlo así, de lo contrario no les nutre. ¿Cómo me doy cuenta? Su comportamiento me dice cuando no he estado suficientemente presente. Sus emociones, por consiguiente su comportamiento, son como los indicadores del coche que nos dicen que falta aceite o gasolina. Su comportamiento y sus emociones nos pueden estar diciendo “necesito más mamá o más atención”. Un niño feliz, respetado, tenido en cuenta… se siente bien por tanto su comportamiento es armonioso. Cuando alguna necesidad no está siendo satisfecha y no estamos presentes los niños ya no se sienten tan bien por lo tanto su comportamiento deja de ser armonioso.

Su comportamiento nos indica que algo no marcha bien. Y casi nunca el problema es de ellos sino más bien nuestro. Somos nosotros los adultos los que tenemos que satisfacer las necesidades de los niños y no los niños las nuestras.

Tenemos que buscar momentos en donde poder satisfacer nuestras necesidades para empoderarnos y seguir siendo las madres y padres que nuestros hijos necesitan que seamos.

En mi opinión, la falta de PRESENCIA es el mayor peligro a la hora de criar a nuestros hijos. Tanto si somos homeschoolers como unschoolers o los tenemos escolarizados nuestra presencia diaria debería ser de calidad. Estar presente no es hacernos simplemente compañía, es mucho más que eso.

Estar presente es tener el culo en el suelo y jugar con ellos, es escuchar la misma canción una y otra vez por qué a nuestro hijo le encanta, es ver esa peli con ellos aunque ya la hayamos visto 3 veces esta semana, es escucharle y mirarle atentamente cuando nos habla, es leerle ese libro otra vez, es mirarlos mientras juegan solos, es cocinar con amor sus platos preferidos, es llevarlos a los sitios que más les gustan, es interesarnos por las cosas que a él o a ella le interesan, es darle más de aquello que le gusta, interesa o apasiona, es preguntarle cómo se siente, es ofrecernos para lo que necesiten, es mostrarles el mundo a través de nuestros ojos…

Estar presente no es olvidarme de ellos mientras yo hago lo mío, no es  pensar que ellos se las arreglan solos, no es esperar a que me llamen 3 veces antes de atenderles, no es posponer lo suyo siempre ante lo mío, no es aburrirme cuando estoy con ellos, no es pensar en mis cosas mientras hago ver que estoy allí, no es hacer 4 cosas a la vez, no es ir con prisas…

En mi opinión, el mayor peligro de una mamá unschooler (y os lo digo por experiencia) puede ser precisamente la falta de presencia con el pretexto de que yo respeto a mis hijos y les dejo hacer lo que quieren en cada momento.

Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés
 
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