Aquí os dejo este corto video de 1 minuto donde se explica cuáles son las necesidades más básicas, sin las cuales no podemos satisfacer las más elevadas.

Sino satisfacemos nuestras necesidades primarias es muy difícil poder tener la capacidad mental, cerebral, cognitiva, emocional y motivación intrínseca para luego poder y querer aprender. El aprendizaje formal es una de las necesidades más superiores.

Para poder criar a nuestros hijos de la forma en que la Naturaleza y la Vida misma lo programó y estableció, primero tenemos que saber qué es lo que un niño realmente necesita. ¿Cuáles son sus necesidades básicas y primarias? Para saber eso no hay que ser ningún experto ni haberse leído decenas de libros. Tenemos que recuperar nuestros instintos y escucharnos más y mejor. Simplemente escuchando, viendo y respondiendo a las necesidades de nuestros hijos en el momento en que surgen.

Empecemos por las más básicas. Todo mamífero de la especie animal desde un ratón hasta una ballena amamanta a su cría a demanda hasta el destete espontaneo. Los niños se destetan todos entre los 2 y 6 años de edad más o menos. Ninguna cría es alimentada con la leche de otra mamífera que no sea de su misma especie. Ningún gato toma leche de leona por ejemplo. ¿Por qué les damos leche de vaca (por muy maternizada que esté) a nuestros hijos? La naturaleza no programó eso. Las crías de los mamíferos duermen con sus madres desde el primer día. El vínculo de apego, de seguridad y la auto-estima empiezan en esos primeros días y meses. Un recién nacido no está preparado para dormir en una cuna sólo y alejado de su mamá. Legítimamente, a un bebé, le per toca estar con su mamá día y noche El colecho (dormir con los padres) en la infancia debería ser un derecho y no un privilegio. Hay niños que han podido sanar viejas heridas por el simple y maravilloso hecho de dormir con sus padres aunque de pequeños no lo hicieron. Si nuestros hijos se duermen en nuestros brazos (de bebés) y cuando los dejamos en una cuna lloran es porque en realidad saben que ese no es su lugar. El llanto de un bebé nos indica, SIEMPRE, que algo estamos haciendo mal o que una necesidad no está siendo satisfecha. Nadie pide lo que no necesita (y menos aún un recién nacido) a menos que nos hayan “adiestrado” para ello. Hoy en día muchos niños son separados de sus mamás largas horas con sólo meses.

El libro de Jean Liedloff El Concepto del Continuum es imprescindible para poder recuperar toda esa sabiduría perdida.

Para primero poder querer satisfacer las necesidades de nuestros hijos que no es lo mismo que simplemente querer hacerlo, primero tenemos que “sanarnos” o por lo menos darnos cuenta de cómo nos criaron a nosotros. Una vez hayamos hecho eso, sabremos qué no queremos repetir o qué queremos seguir haciendo o qué queremos hacer pero de otro modo. A veces repetimos modelos casi sin darnos cuenta. Solemos hacerles a nuestros hijos lo mismo que nuestros padres nos hicieron a nosotros. O lo que vemos a nuestro alrededor. Eso no siempre está mal, lo importante es que seamos nosotros los que realmente y de corazón estemos escogiendo ser y tratarlos así. Que no sea por simple repetición o interiorización de valores. Nadie nos ha enseñado a respetar las necesidades motrices y de desarrollo de nuestros hijos. Según Emmi Pikler estas necesidades son primordiales y fundamentales para luego tener un desarrollo óptimo del cerebro y más tarde un aprendizaje formal (intelectual). Hay muchos niños a los cuales no se les deja empezar a nadar por si solos. Muchos padres, con la mejor de su voluntad, ponen al niño sentado o de pie mucho antes de que el niño esté físicamente preparado para ello. Dicho de otro modo, les forzamos. Todo niño tiene un nivel de desarrollo diferente pero todos se sentarán y andarán cuando estén preparados motrizmente para ello. No hay necesidad alguna de “ayudarles” o forzarles. El mensaje que interioriza y aprende un niño es que él no puede, no sabe y que necesita ayuda para hacer cosas que en realidad sí puede hacer el sólo si le dan el tiempo y espacio necesario. En el libro de Emmi Pikler “ Moverse en Libertad” lo explica maravillosamente.

No es nada fácil ser el padre o madre que desearíamos para nuestros hijos pero el simple hecho de querer serlo ya es el primer gran paso hacia esa gran meta. En el camino muchas veces nos equivocaremos y volveremos a los patrones antiguos (les gritaremos, les pegaremos, les amenazaremos, los castigaremos, los premiaremos… sí, premiar también es una forma de manipulación y la otra cara de la moneda del castigo…). No obstante, aun cuando nos comportemos de un modo indeseado o injusto no debemos castigarnos a nosotros mismos por ello sino más bien aprender de ello y permitir que nuestros hijos también saquen algo positivo de ello. ¿Pero cómo pueden sacar algo positivo de un grito o de una bofetada? Me explico, si en ese mismo instante en que nos damos cuenta de que no deberíamos haberle gritado nos ponemos a su lado y a su altura y nos disculpamos y le contamos que no es su culpa que ha sido mamá la que ha perdido el control y que mamá se siente fatal por lo sucedido… Entonces nuestro hijo podrá ver que mamá también hace cosas mal pero que intenta no volver a hacerlas. Disculparnos de corazón por algo que hemos hecho mal es crucial y absolutamente necesario. Con eso no sanamos la herida por completo pero al menos no queda “enquistada” ni el niño o niña se siente culpable por algo que un adulto le ha hecho. Cuando nos comportamos mal con un niño y más si es nuestro propio hijo, el niño piensa que merece eso y lo acepta. El adulto no siempre tiene la razón y el niño debe saber eso. Yo me he dicho una y otra vez que no volveré a gritarles o no les meteré prisas por llegar a tiempo… pero no sé exactamente cómo pero siempre hay un día de esos que me sale ese grito o un “vega corre”. En una ocasión le dije a mi hija mayor que lo sentía mucho y que me ayudará a llegar a ser la mamá que quiero y la que ella merece y necesita. También le dije (entonces tenía 6 años) que la quería mucho pero que yo sólo hacía 6 años que era mamá y que todavía estaba aprendiendo a serlo lo mejor que sé y puedo. Su carita cambió por completo y me dijo: “Ya lo sé mamá, no te preocupes yo te enseñaré”. Cuando un niño se siente mal se suele comportar “mal”. Un niño feliz actúa felizmente. Tenemos que querer e intentar cambiar su estado de ánimo para luego ver como su actitud cambia de inmediato.

Hoy en día tenemos muy poco en cuenta las necesidades más básicas de los niños, aun pensando que sí, y sin las cuales no pueden desarrollarse adecuadamente.

Para que un niño pueda mostrar interés y ganas por aprender es imprescindible que primero estén sus necesidades físicas, emocionales y básicas satisfechas.

Quiero enfatizar en estas un poco más.

Necesidades físicas básicas

Los niños y adolescentes se sienten mal, sufren, se deprimen, se angustian, se comportan de un modo violento, son agresivos, inquietos… cuando estas necesidades no se satisfacen.

Aire

Los niños necesitan aire fresco y limpio varias veces al día para poder renovar el oxígeno del cerebro. Un niño que permanece largas horas en un sitio cerrado no tiene esa necesidad satisfecha.

Comida

Los niños necesitan comer comida sana y en poca cantidad varias veces al día. Unas 5-7 veces, para mantener los niveles de azúcar en sangre estables. Es imprescindible que coman cuando tienen hambre y que no coman cuando no la tienen. Escuchar nuestro cuerpo es tan o más importante que escuchar nuestra mente o corazón.

Hidratación

Como ya sabemos, el 70% de nuestro cuerpo es agua. El agua de buena calidad es imprescindible para la vida. Nuestros hijos necesitan beber regularmente y preferiblemente agua. Una mala hidratación o un consumo excesivo de refrescos dañan el cerebro.

Eliminación

Los niños necesitan tener la libertad de poder usar el baño en cualquier momento del día. Tener que aguantarse puede ocasionar problemas digestivos entre otros.

Temperatura confortable

Los niños tienen un metabolismo diferente al de los adultos. Están en pleno periodo de crecimiento y eso nos diferencia. No sienten el mismo calor ni frío que un adulto. Es importante que se puedan desnudar o quitar ropa si tienen calor y que cuando sientan frío se la volvamos a poner. Muchos niños se ponen la chaqueta cuando sus madres tienen frío y no cuando ellos lo sienten. Dejarles sentir su cuerpo es muy importante para luego poder sentir otras sensaciones: calor, frío, hambre, sed, ganas de hacer esto o lo otro, saber que quieren o no…

Los pies son nuestro termostato pero ya de bien pequeños nos lo “estropearon” tapándonoslos enseguida. Si nos fijamos bien, un recién nacido se frota mucho los pies uno contra el otro. Cuando son más mayores lo primero que se quitan o quieren quitar son los zapatos y/o calcetines. Los pies tapados dan mucho calor. Si les damos libertad, la mayoría de niños quieren ir descalzos o se descalzan al llegar a casa. Pensamos que van a coger frío pero en realidad somos los adultos los que tenemos los pies fríos y no ellos. Una persona no se resfría por pasar frio si no por tener las defensas bajas. Tener nuestro termostato “estropeado” baja las defensas en picado.

Sueño

Los niños más que nadie necesitan dormir cuando tienen sueño y despertarse cuando ya no lo tienen. Si se les da libertad, ellos también saben escucharse y pedirnos que les acompañemos a dormir o simplemente se duermen en nuestra compañía. Los adolescentes suelen necesitar ir a dormir más tarde y por lo tanto levantarse más tarde, también.

Actividad física

El cerebro y el cuerpo de un niño necesitan actividad física constante, frecuente y continuadamente durante todo el día. Cuanta más actividad física menos desordenes de comportamiento o problemas emocionales. Hay niños que no pueden concentrarse en nada hasta que no han satisfecho esta necesidad.

Afectividad

Aunque sea una necesidad emocional, el cuerpo y el celebro de un niño necesitan afecto constantemente para poder desarrollarse óptimamente. Los niños y adolescentes a los cuales se les besa, abraza, acaricia… con frecuencia son niños más calmados, felices y estables emocionalmente hablando.

Seguridad física

Los niños necesitan sentirse seguros en sus casas y demás sitios. Un niño no pude sentirse físicamente seguro si le gritamos, amenazamos, pegamos, castigamos…

Necesidades básicas emocionales

Emmi Pikler nos cuenta que niños de orfanato los cuales recibían cuidados físicos adecuados pero no emocionales no llegaban a sobrevivir o vivían menos.

El cuidado emocional de un niño es tan o más importante que el comer o beber.

Los niños y adolescentes necesitan:

Sentirse queridos, valorados, respetados por quien realmente son y no por lo que mamá o papá quieren que sea, tenidos en cuenta. Ser abrazados, acariciados, besados, masajeados. Ser hablados y escuchados con respeto, poder jugar libremente y desestructuramente. Atención individualizada de mamá o papá cada día o por lo menos de vez en cuando. Sentirse seguros para poder equivocarse y luego rectificar si es el caso. Poder tomar sus propias decisiones. Saber que son importantes y que su opinión cuenta tanto o más que la nuestra.

Una vez satisfechas tanto las necesidades físicas básicas como las emocionales ya estamos listos y preparados para el aprendizaje formal.

Entonces es cuando tenemos que seguir respetando sus ritmos, intereses y demás necesidades. ¿Qué sentido tendría querer hacerle aprender esto o aquello ahora o luego después de haber respetado todo lo anterior?

Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística

Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés

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