Por Yvonne Laborda.
Autora del libro: DAR VOZ AL NIÑO.

Necesitamos controlar a los niños para no descontrolarnos emocionalmente nosotros, los adultos. Cuando no podemos controlar nuestras propias emociones es cuando necesitamos ejercer más poder y control sobre las actitudes y emociones de los demás, especialmente de los niños.

Algunas reflexiones:

  • Les exigimos que se calmen y se callen para que nosotros podamos recuperar nuestra calma y nuestra paz interior.
  • Cuando les exigimos obediencia ciega y no hay cabida para dos necesidades ni dos deseos, sino que sólo hay cabida para uno: el deseo del adulto, eso es: abuso emocional.
  • Un niño debe desconectarse de su ser esencial para poder adaptarse y convertirse en quien nosotros pretendemos que sea.
  • Cuando un niño no puede obedecernos, quizás, el problema no esté en él, sino en qué le estamos pidiendo o el cómo se lo pedimos.
  • Cuando no hay vínculo, ni presencia, ni intimidad, ni conexión emocional, ni comunicación, ni validamos, ni nombramos, ni pasamos suficiente tiempo con ellos, es cuando más necesitaremos ejercer el poder y el control sobre los niños.
  • Controlamos el ambiente y a los niños para no tener que responsabilizarnos de eso que no podemos darles.

Veamos ahora algunos ejemplos de cómo solemos controlar a los niños:

  • Controlamos sus cuerpos: No les dejamos mover en libertad. Algunos niños deben permanecer sentados o quietos más horas de las que su cuerpo puede soportar. No tenemos en cuenta su necesidad motriz ni la satisfacemos.
  • Controlamos sus emociones, no les permitimos expresar su frustración, su impotencia, su rabia, su odio ni su enfado. Algunos no se les permite llorar. No aprendimos a acompañar con presencia, calma y amor.
  • Controlamos sus ritmos de hambre y saciedad: Muchos niños son forzados a comer sin hambre y otros con hambre deben esperar a que sea la hora. Algunos son forzados a comer ingredientes que no les gustan.
  • Controlamos su sueño, pocos niños pueden dormirse cuando verdaderamente tienen sueño y despertarse cuando ya no lo tienen. Deben dormirse a una hora concreta y se les suele despertar.
  • Controlamos sus esfínteres, pocos adultos esperamos a que estén realmente preparados para sacarles los pañales. Decidimos nosotros cuando es el mejor momento y no ellos. Sólo un niño sabe cuando su cuerpo está preparado y maduro para poder controlar sus propios esfinteres. Cada niño tiene su propio ritmo.
  • Controlamos su carácter, pretendemos que sean menos timidos o más extrovertidos o menos habladores. Nos cuesta aceptarlos tal y cómo han venido a ser. Pensamos que necesitan ser dirigidos o corregidos.
  • Controlamos su aprendizaje, decidimos qué deben aprender, cuándo, cómo y a qué ritmo. Muy pocos niños pueden disfrutar aprendiendo aquello que verdaderamente les interesa o les apasiona. Deben anestesiar sus gustos, sus pasiones, sus opiniones y sus deseos. De tanto postergarlos se acaban olvidando de ellos. Muchos trastornos de aprendizaje son debido a que les forzamos a hacer conexiones neuronales antes de que estén neurológicamente preparados. Les robamos la motivación intrínseca, la curiosidad e incluso la creatividad con la que nacieron.
  • Controlamos sus decisiones, pensamos que sabemos mejor qué les conviene. Muchos no pueden elegir ni la ropa que prefieren ponerse o el peinado que les gusta más o qué les gustaría hacer con su tiempo libro o el fin  de semana.
  • Controlamos sus momentos de juego. Algunos niños no pueden jugar libre ni espontáneamente. Sus horas de juego se ven muy reducidas y controladas.

Más reflexiones:

  • Cuando controlamos a los niños, no nos involucramos ni nos relacionamos con ellos, simplemente no hay relación. Sólo hay el uso del poder sobre el otro: los sometemos.
  • Un niño que ha sido controlado y poco satisfecho siendo niño no saldrá al mundo empoderado y seguro de sí mismo para poder hacer  frente a lo que le pueda suceder. Más bien saldrá temeroso,  inseguro y dependiente.
  • Los niños y adolescentes se rebelan contra nosotros porque actuamos en contra de su naturaleza y de su biología.
  • Un adulto feliz, respetuoso, amable, amoroso y en paz consigo mismo es el resultado de las vivencias de su propia infancia.
  • Necesitamos controlar a los demás y las situaciones de nuestra vida debido a la gran inseguridad interna que sentimos.
  • Es más fácil respetar, confiar y amar a los niños que sanar adultos inseguros y dependientes.

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Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
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