Por Yvonne Laborda.
Autora del libro: DAR VOZ AL NIÑO.

Sanar la Herida Primaria (SHP) para llegar a ser la madre o padre que tus hijos necesitan.

Si vivimos bajo nuestros principios y nuestros valores, priorizando lo que para nosotros es más importante, veremos como la necesidad de usar o imponer reglas y normas disminuye drásticamente. ¿Qué entendemos por principios y valores versus reglas y normas, acaso, no son lo mismo?

  • Un principio, por ejemplo ser amable o ser respetuoso, nos inspira y motiva internamente a actuar más pacífica y amorosamente, especialmente en momentos de conflicto. Un principio nos guía, nos ayuda a ser mejor persona y nos recuerda cómo hemos elegido actuar: amablemente y respetuosamente.
  • Una regla o norma, por ejemplo “no se pega” o “no se toca”, nos dirige externamente a hacer o dejar de hacer lo que otra persona considera adecuado, correcto o mejor según su criterio, ejerciendo el control y el poder sobre el otro. Una norma nos controla, nos limita, nos prohíbe o nos obliga, no nos inspira ni motiva internamente. Suele crear resistencia y no nos ayuda a tomar mejores decisiones ni a ser mejor persona sino que simplemente nos dice qué está o no permitido.

Los principios los podríamos ver como el hablar, no se pueden enseñar. No se fuerzan ni se imponen, simplemente los elegimos, los vivimos, los sentimos y finalmente, los somos. Hablar es la herramienta que usamos para comunicarnos. Hablamos a los niños y ellos aprenden a hablar como consecuencia de estar en un ambiente en donde se usa la palabra. El lenguaje nos ayuda a poder satisfacer necesidades. Los principios también se usan como herramientas, si actuamos en base a ellos, para ayudarnos a tomar mejores decisiones y poder satisfacer necesidades. Es necesario vivir en coherencia con ellos. Veamos esto con más detalle. Lo más importante es decidir cuales queremos que sean nuestros principios, valores y prioridades para poder gestionar mejor los conflictos y satisfacer necesidades desde allí. Si para nosotros es importante la amabilidad, el amor, el respeto, la libertad y ayudar; entonces decidiremos conscientemente ser amables, amorosos y generosos con los demás. Si priorizamos el respeto y la libertad, entonces no gritaremos, ni pegaremos, ni castigaremos ni amenazaremos ni controlaremos a los demás, sean niños o adultos, ya que eso no sería ser amable, respetuoso ni generoso. Todo problema se puede gestionar con amabilidad y respeto si así lo decidimos. Con reglas no pensamos ni tomamos decisiones conscientemente eligiendo qué sería mejor, simplemente obedecemos ciegamente, sin criterio propio. Si una regla es, por ejemplo, “no se pega”, el niño podría dejar de pegar pero podría insultar o pellizcar o burlarse… Una regla no nos ayuda a ser mejores personas ni a tener en cuenta a los demás ni fomenta valores. Muchos niños aprenden a desobedecerlas haciendo algo que no se ha limitado o prohibido. Si vivimos bajo principios no será necesario estar limitando todo eso que no queremos que hagan. Si en casa los adultos vivimos y actuamos bajo nuestros principios entonces podremos fomentarlos e inspirar a los demás miembros de la familia a usarlos en momentos de conflicto. Los niños nos hacen de espejo. Viendo cómo actúan ellos sabremos qué necesitamos cambiar o mejorar nosotros. Los niños necesitan que seamos su modelo, por ejemplo diciendo:

  • “En casa nos tratamos con respeto y nos escuchamos”.

En vez de simplemente: “no se pega” o “no se grita”. Sería de esperar que un adulto que impone tal regla, tampoco grita ni pega a sus hijos. Sino habría una gran incoherencia y mucha confusión en su discurso.

  • “En casa nos decimos lo que nos molesta amablemente y buscamos ayuda si algo o alguien nos molesta”.
  • “Cuando necesitamos algo lo podemos pedir”. “Si alguien nos hace daño se lo decimos y nos separamos”.
  • “A los animales y a las plantas los tratamos con cariño al igual que a las personas”.
  • “Tratamos los juguetes y los objetos con cuidado”.

En vez de: “no se tira” o “no se toca”. Si un niño no puede tocar algo delicado tampoco podrá aprender a manejarlo con delicadeza o con cuidado. Limitando evitamos la experimentación, la manipulación y el poder usar los sentidos. Limitar es más fácil que estar cerca y ayudar amablemente a que el niño pueda manipular con nuestra supervisión y presencia.

  • “Si usamos herramientas o cuchillos tendremos mucho cuidado o pediremos ayuda”.

En este ejemplo también es más fácil, más rápido y más cómodo para el adulto imponer una norma que estar cerca y ayudar a manipular un objeto afilado con cuidado y confianza. Limitando y controlando el niño o el ambiente no hace falta estar presente ni responsabilizarnos de muchas situaciones. También comentar que muchos adultos, en alguna ocasión, hemos roto algo delicado o nos hemos cortado con un cuchillo.

Ya hablé detalladamente sobre cómo solemos hacer uso del poder y de la autoridad para evitar responsabilizarnos y tener que estar presente.

Muchas normas y reglas se podrían resumir en: “seamos amables y respetuosos”. Vivir por principios ayuda a los niños a poder tomar más y mejores decisiones por su cuenta. Muchas reglas se imponen a la fuerza, por miedo o por falta de nuestra presencia. En nuestra vida podemos elegir vivir por principios y no por miedo.

En el siguiente ejemplo podemos ver como un niño puede llegar a tomar una decisión basada en un principio en vez de simplemente imponer un límite por miedo del adulto. Imaginemos que la norma es: “no se juega a pelota en casa”. Esta norma, muy probablemente, es impuesta por miedo, del adulto, a que algo se rompa. No obstante, también podemos romper algo sin estar jugando a la pelota. Esa norma no nos motiva ni inspira a ser cuidadosos con las cosas y los objetos, simplemente nos prohíbe jugar a pelota en casa.

Veamos esta misma situación en un hogar donde no se vive bajo el miedo sino desde la confianza y bajo los principios de: “tratamos las cosas con delicadeza y tenemos cuidado” y “confiamos los unos en los otros”. El hijo de esta familia, tenga 3 o 10 años, podría jugar con una pelota rodándola por el suelo cuidadosamente en vez de tirarla por los aires, podría pasarla por debajo de una cama y su hermana recojerla al otro extremo e incluso sus padres podrían tener pelotas de goma muy blandas y ligeras para evitar tener que estar limitando y, de este modo, poder permitir el juego con pelotas en casa.

En este ejemplo, los padres dan confianza a los niños para poder tomar sus propias decisiones basándose en unos principios ya instaurados en la casa. No viven bajo normas arbitrarias, ni bajo reglas ni limitando sus actividades por miedo, por nuestra comodidad o por falta de presencia de un adulto. Estos niños no tienen que, simplemente, obedecer ciegamente a sus padres (reprimiendo en ocasiones su impotencia, frustración o rabia) sino que se les permite y se les ayuda a ser responsables de sus actos dándoles confianza para poder tomar sus propias decisiones conscientes y respetadas por sus padres.

Imponer muchas reglas a los niños y adolescentes, puede provocar, justamente lo contrario a lo deseado, muchas actitudes de descontrol. Además les puede dar el siguiente mensaje:

“No confío en tu capacidad para tomar las decisiones más adecuadas, no confío en ti, no vales, no mereces, dudo de tu capacidad, mejor decido yo por ti”.

Este mensaje les hará sentirse inseguros, no dignos y poco importantes. Los niños y adolescentes se rebelan contra nosotros porque actuamos muy en contra de su biología.

¿Cómo pretendemos que puedan tomar más y mejores decisiones si sienten que no confiamos ellos? Imponer reglas y normas al igual que castigar, amenazar o premiar es usar el poder sobre el otro para controlarlo, cambiarlo y manipularlo. Tanto control y tantas normas no nos hacen mejores personas sino que nos convierten, en muchas ocasiones, en niños y adolescentes rebeldes teniendo que tomar decisiones rápidas e inconscientes como respuesta a tanta norma, limite y control.

Pero en la sociedad hay normas y reglas ¿cómo aprenderán a respetarlas y obedecerlas? Si vivimos por principios en casa y damos ejemplo de ello, a los niños, contrariamente a lo que muchos podrán pensar, les será más fácil entender y respetar las reglas o normas que haya en otras casas o lugares. Un niño respetado y escuchado sabrá escuchar y respetar a los demás. Quienes vivimos bajo principios sabemos esto por experiencia propia. Nuestros hijos y los hijos de muchas familias que conozco saben que hay normas sociales y leyes y las respetan. No sienten ninguna necesidad de rebelarse contra ellas.

Lamentablemente, los adultos que pensamos que los niños necesitan de normas o de límites arbitrarios, no solemos ser adultos que vivimos bajo nuestros propios principios o valores, también solemos ser adultos que estamos poco presentes con los niños. Preferimos controlar y limitar a los niños o su ambiente evitando tener que tomar conciencia de cuál sería nuestra responsabilidad. Imponer normas y reglas pensando que los niños aprenderán a manejarse mejor en la sociedad es una creencia muy limitante.

En esta ocasión especialmente, al igual que en todas las anteriores, no te pido que creas ciegamente en estas reflexiones  y argumentos expuestos aquí. Tampoco te pido que los juzgues, sino que una vez hayas reflexionado con calma sobre cada una de estas ideas, pases, cada duda y creencia limitante que tengas, por tu registro interno y te las dejes sentir. Intenta no reaccionar ante ellas sino simplemente pensar un rato en cada una de ellas y ver si te hace o no sentido.

Te invito a empezar a tomar más y mejores decisiones conscientes y empezar a ser el cambio que todos los niños necesitan y están esperando. Sólo podremos opinar, juzgar, negar o criticar y poner en duda eso que ya hemos experimentado y practicado. No vale el no hacer cambios por creencias pasadas, porque siempre hemos actuado o pensado así o por miedo a salir de nuestra zona de confort: de lo que para nosotros es lo habitual. No importa si hasta el día de hoy las cosas se han hecho de un modo en concreto. Siempre podemos elegir cambiar y crecer, si algo dentro de nosotros nos lo pide.

Cuando estemos preparados y preparadas, podremos cambiar nuestra forma de pensar o de actuar, incluso más de una vez en la vida. Sólo necesitamos hacernos preguntas, cuestionarnos las cosas que no están funcionando en casa o en nuestro interior y buscar respuestas. Abramos nuestra mente y nuestro corazón para poder sentir más y mejor a todos los niños de nuestra vida.

Muchos adultos, aún hoy, en vez de guiarnos por nuestro instinto, nuestra voz interna, nuestros valores y principios, necesitamos que alguien desde afuera nos diga lo que tenemos que hacer o nos diga qué es lo correcto. Necesitamos reglas, pautas y que nos dirijan porque eso es lo que aprendimos siendo niños: a obedecer y a ser como se esperaba que fuésemos. A muy pocos adultos se nos ha permitido ser quienes realmente hemos venido a ser. No obstante, lo que verdaderamente nos ayudará más a cambiar creencias y posteriormente poder cambiar algunas actitudes, es conectar con nuestro ser esencial, escuchar nuestra voz interior. Todos la tenemos, pero muy pocos llegamos a poder oírla y seguirla. Podemos preguntarnos:

“¿Me hace sentido esto que acabo de ver, leer o escuchar?”.

No es cuestión de hacer o de dejar de hacer desde lo intelectual o la razón, sino de conectar y sentir con el corazón. No pensemos tanto en qué debemos hacer o dejar de hacer y miremos más cómo está el ambiente en casa y cómo son las relaciones entre los miembros y desde allí empecemos a tomar conciencia de qué está pasando. Si tenemos dudas y miedos busquemos ayuda pero esa ayuda debe venir de alguien que nos inspire a decidir qué es lo mejor para nuestra familia y nuestras circunstancias personales. Muchas madres integrantes de la Tribu de Madres Conscientes (proyecto online del cual soy facilitadora junto a María José Cifuentes), han confesado haber podido hacer muchos cambios en su forma de relacionarse con sus hijos y mejorar sus relaciones , gracias a la fuerza del grupo, y de todo lo que allí compartimos.

Personalmente, os confieso que, yo misma, hace unos años pensaba que una regla o norma era lo mismo que un principio. Cuál fue mi sorpresa cuando un día leí en un foro, de habla inglesa, la reflexión de una madre que decía:

“Los principios vienen de dentro y las normas de afuera”.

Esa simple frase de diez palabras me inspiró para el resto de mi vida y gracias a ella he podido desarrollar esta misma idea en profundidad y escribir esta reflexión personal sobre vivir bajo principios. Simplemente comparto aquello que necesito y elijo seguir practicando, viviendo y siendo. Mi mayor deseo es que tú también encuentres frases inspiradoras en este libro que ahora tienes en tus manos.

En muchas ocasiones pensaremos que una norma o regla sí es necesaria, por ejemplo, con temas sobre las duchas, lavarse los dientes, la comida, la televisión, los deberes, el recoger… Una norma o una regla nos podrá dar obediencia y complacencia ciega en el aquí y el ahora, como ya hemos visto en el capítulo… sobre los castigos y los premios. No obstante, no nos convertirá en seres más amables, amorosos, respetuosos ni disciplinados.

Que los niños hagan lo que nosotros queremos o necesitamos en el momento que lo queremos, no debería ser lo más importante ni lo más prioritario. Lo verdaderamente importante debería ser cómo nos relacionamos con ellos, cómo se sienten ellos con nosotros, cómo les tratamos, cómo les hablamos, qué les pedimos, cómo se lo pedimos, qué hacemos por y para ellos y finalmente cómo les amamos y cómo de amados se sienten por nosotros: ¿Reciben amor incondicional por ser quienes ya son o, por el contrario, reciben amor condicionado por su comportamiento y nuestras expectativas?

La desobediencia y la rebeldía son los principales síntomas del exceso de control, limites, normas y reglas. Los niños necesitan, y legítimamente merecen, al igual que todo ser vivo, sentirse respetados y poder tener voz.

Revisemos nuestra relación con los niños de nuestra vida cada vez que tengamos la sensación de que nos ponen a prueba o se rebelan. El problema no está en ellos, sino en cómo nosotros gestionamos lo que les pasa a ellos. Si no podemos gestionarlo será el momento de pedir ayudar y no de controlar más.

Centrándonos en nuestros principios (ser amable, ser amoroso, ser generoso, ser altruista, ser bondadoso, prestar ayuda, dar, escuchar, amar…) nos ayudará a tener mejores relaciones y a comportarnos más pacífica y respetuosamente en cada situación tensa o conflictiva.

Si en casa nuestros principios son, por ejemplo, “nos hablamos con amabilidad, nos respetamos y nos ayudamos”, cuando alguno de nuestros hijos se comporte de algún modo que nos moleste o nos inquiete, nuestra respuesta y nuestra reacción, muy probablemente, será muy distinta que si la norma simplemente fuese la de “no se grita, “no se pega” o “no se tira”. El incumplimiento de una norma provoca enfado y nos desconecta emocionalmente. Si vivimos bajo esas normas nuestra reacción muy seguramente será de enfado y descontrol. Si vivimos bajo los principios de ser amable y respetuosa, entonces nuestra reacción, muy probablemente, será menos controladora o violenta.

Quizás al principio nuestros automáticos salten de igual modo, pero ya sabemos que todo empieza con la toma de conciencia, y luego por la toma de decisiones conscientes, y poco a poco eligiendo actuar de modo diferente, podremos llegar, algún día, a ser el padre o madre que nuestros hijos necesitan.

Me parece mucho más realista, amoroso y respetuoso vivir una vida en la que decidamos qué es prioritario para nosotros y vivamos bajo esos principios, que imponer reglas y normas por falta de principios y valores para evitar lo que tememos. Imponer reglas por falta de principios no es coherente y eso llega a los niños. Los niños no hacen lo que les decimos o les prohibimos hacer sino que hacen lo que interiorizan y ven que hacemos con ellos y demás personas. Si nosotros les tratamos con normas y reglas, con obligaciones y prohibiciones, así trataran ellos a sus amigos y posteriormente a sus propios hijos, a menos que tomen conciencia de qué fue lo que les hicimos. Podemos ahorrarnos una generación tomando nosotras y nosotros conciencia hoy. Repito, vivir bajo principios hace que no necesitemos tantas reglas ni tantas normas. Es muy simple, sólo debemos probarlo y lo experimentaremos.

Quiero compartir este ejemplo que me parece extraordinario. Hace un tiempo estuvimos viviendo año y medio en Escocia y allí me di cuenta de que en las zonas azules de aparcamiento de pago en la ciudad de Ayr, nunca veía a ningún guardia o policía vigilar si los coches tenían el tiquet de pago. Me pareció curioso y un día se lo pregunté a una bibliotecaria y su respuesta fue esta:

“¿Por qué habría que poner a un policía si todo el mundo sabe que en la zona azul hay que pagar para aparcar?”.

Me quedé muda, ya que en España sí hay guardias que pasan cada rato para verificar que la gente paga y deja el correspondiente tiquet  visible. Aun así, en España, hay gente que no paga y se les multa. Cual fue nuestra segunda sorpresa cuando un día, por curiosidad, mis hijos nos dijeron:

“¿Vamos a mirar si aquí la gente paga de verdad?”

Y sí, todos los coches, sin excepción, tenían el tiquet. Una actitud así sólo podía estar motivada por el principio de: “ser honesto”. Sabiendo que no hay control alguno sino el simple hecho de saber que si aparcas cerca del centro en los estacionamientos de color azul se espera que la gente sea honesta.

Una gran lección para nuestros hijos, y una vez más, pude confirmar que vivir bajo principios es una elección y no una imposición. Las normas y las reglas no nos hacen ser mejores personas ni más honestas.

Un día reflexionando sobre este tema de los principios, antes de escribir este capítulo (suelo inspirarme mucho en nuestro día a día para escribir y en lo que observo de otras familias y sus hijos), le pregunté a nuestra hija mayor, Ainara, si sentía que en casa había muchas normas o reglas y cuál fue mi sorpresa cuando me dijo:

“Mamá, en casa no nos prohibimos ni nos obligamos”.

Entonces yo le pregunte que qué entendía ella por norma o regla y dijo:

“Pues eso, mamá… algo que otra persona te obliga a hacer o te prohíbe hacer como lo de llevar el cinturón en el coche o no poder llevar ni jugar a la pelota en la piscina del barrio. Mamá… en casa hablamos, nos respetamos y llegamos a acuerdos, ¿no? Bueno, no siempre… pero tu o papá nos ayudáis cuando gritamos o nos peleamos…”

Después de un rato vino y añadió: “Mamá, mamá… sí tenemos una norma en casa, la de no comer fuera de la cocina. Pero a veces sí lo hacemos con un plato o un trapo pero tú no lo notas”.

Con esta respuesta de mi hija quiero hacer otra reflexión. Veo que sí hay alguna regla o norma en nuestra casa, cómo en este caso, que yo prefiero que no se coma fuera de la cocina. Pero por su respuesta veo que detrás de la norma, también les ha llegado el principio de “intentamos mantener los lugares limpios”, ya que cuando se “saltan” la norma (comen fuera de la cocina), lo hacen usando un trapo o un plato (sienten cierta libertad de acción, deciden conscientemente comer fuera de la cocina pero evitando manchar). El hecho de comer fuera de la cocina con un trapo no lo vive como infringir la norma (ya que le costó recordarla) sino que veo que lo que le llega es el principio de “evitar ensuciar” ya que ve y siente mi intención del por qué prefiero que no se coma fuera de la cocina.

En resumen, no se vive como una norma arbitraria, tiene sentido para ella y los demás miembros de la familia. Es coherente. Y por último, comentar que me emociona saber que se sintió con la seguridad y libertad suficiente como para ser honesta conmigo y decirme con toda tranquilidad que, hay veces, que comen fuera de la cocina con un trapo o plato. Ella sabía que no habría problema alguno.

Esta simple y sincera respuesta de mi hija me hizo ver que algo importante está pasando en nuestra relación. Esto me confirma una vez más que anteponer la relación con nuestros hijos es prioritario a todo lo demás. Cuando nos relacionamos desde el amor, nuestras relaciones son más amorosas inevitablemente.

Una anécdota más que quiero compartir es esta que tuvo lugar en uno de los encuentros de EAE organizados por ALE (encuentro de alternativas educativas organizado por la Asociación Española de la Libre Educación) que tiene lugar dos veces al año en España, una en primavera y otra en verano.

En estos encuentros nos reunimos más de 100 familias. Muchas de las familias que asisten, por primera vez, se llevan una muy grata sorpresa al ver allí tantos niños juntos, de todas las edades, conviviendo, casi una semana, en armonía y en paz la mayor parte del tiempo, en un ambiente muy relajado. La mayoría de familias que asistimos a este encuentro vivimos bajo los principios de la crianza y educación consciente, y las que no, acaban contagiándose. Hay familias de todas partes de España y algunas de fuera del país. Hay familias en la escuela tradicional, hay familias en proyectos educativos, hay familias (como la nuestra) que no llevan a sus hijos a la escuela (homeschoolers y unschoolers), hay muchas escuelas alternativas que vienen a presentar sus nuevos proyectos.

Son unas jornadas con actividades de todo tipo, relacionadas con la Crianza y Educación Conscientes y temas relacionados, tanto para adultos como para niños. Nuestra familia siempre suele asistir a este evento y yo disfruto mucho dando algún taller o charla. Se respira un ambiente muy respetuoso y eso se nota compartiendo con 400 o 500 personas.

Un día, en este mismo encuentro, conversando con unas madres y padres sobre este tema de los principios versus las reglas, uno de los niños allí presentes, al oírnos, dijo espontáneamente a otro niño:

“Puede que “digan” (ahora no recuerdo a quién mencionó) que soy un malcriado pero en casa si no estoy de acuerdo con algo que mamá o papá dicen se lo digo y lo hablamos”.

A lo que otro niño respondió: “eso no es ser malcriado eso es que te respetan”. Otra confirmación más de que dar voz a los niños mejora las relaciones entre padres e hijos. Este es el ejemplo de un niño seguro de sí mismo por el trato que recibe en casa.

Por último, necesito comentar algo sobre las reglas de algunos juegos de mesa. Estas reglas son un caso particular, no tienen nada que ver con la relación que tenemos con nuestros hijos ni con ejercer el poder o el control sobre el otro. Las reglas de un juego de mesa se han pensado como estrategia para un fin: llegar a algún lugar, conseguir más puntos… Hay niños pequeños que no les gustan los juegos con muchas normas y reglas. Siempre podemos cambiarlas y hacer que el juego sea menos competitivo.

En casa, cuando nuestros hijos eran pequeños preferíamos los juegos de mesa más cooperativos e incluso convertíamos juegos tradicionales, cómo el memory o el parchís, en juegos cooperativos cambiando totalmente la forma de jugar. En el memory, por ejemplo, poníamos todas las “fichas-parejas” en el centro sin saber (dar importancia) quién había acertado más. Lo importante y más divertido era pasar un rato juntos en familia intentando encontrar todas las parejas sin más. No era necesario para nosotros acabar cada partida con la típica pregunta: “¿quién ha ganado?” Lo más importante del juego no debería ser ganar pero muchos adultos le damos mucha importante sin darnos cuenta. En el caso del parchís u otros juegos de “ganar o perder” hacíamos equipos y el que iba por delante podía traerse a un jugador con él un rato y luego a otro hasta tener todas las fichas en casa, nadie se quedaba fuera…

Con creatividad podemos incluso flexibilizar muchas reglas y normas de los juegos hasta que nuestros hijos sean capaces de aceptarlas y seguirlas. Forzar a un niño pequeño a seguir ciertas reglas del juego puede frustrarle mucho y convertir un rato agradable de juego en familia en un rato de malestar o desconexión emocional entre padres e hijos.

Vivir mi vida bajo principios y deshacerme de muchas normas innecesarias me ha ayudado a tener mejores relaciones en casa y fuera de ella. Te invito a hacer tu propia lista de principios y cambiarlos por todas las normas y reglas que hay en tu vida.

COMPÁRTELO SI TE HA GUSTADO E INSPIRADO… FELIZ DÍA… Este artículo lo escribí para el BLOG ALTERNATIVO.

Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés
 
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