Por Yvonne Laborda.
Autora del libro: DAR VOZ AL NIÑO.

Hace tiempo escribí varios artículos sobre qué es Unschooling (aprendizaje autónomo) y también di mis modestos consejos sobre cómo pasar de ser Homeschooler a Unschooler o cómo flexibilizarnos los adultos en cuestiones de educación, aprendizaje y Crianza con Conciencia.

Ahora quiero hablar sobre experiencias de otras familias. Querer ser Unschooler no es algo que se pueda decidir o hacer de un día para otro. Me explico, para mí, personalmente hablando, el Unschooling es mucho más que una forma de aprendizaje autónomo. Es toda una filosofía de vida. Por ejemplo: ¿Cómo se puede ser Unschooler y tener unos horarios super rígidos para comer o ir a la cama?

Hace poco varias familias se pusieron en contacto conmigo porque querían flexibilizarse y desescolarizarse un poco y necesitaban ayuda, consejo, alguien con quien compartir sus inquietudes. Habían visto alguna conducta en alguno de sus hijos que les hacía sospechar que el niño/a en cuestión no era feliz, no se sentía a gusto o sus necesidades no estaban siendo satisfechas adecuadamente y pensaron que podía ser debido, quizás, a la forma en que los trataban o les enseñaban. Efectivamente, en varios casos, era debido a eso y más factores, pero ¿cómo podían ayudarle a sentirse mejor?

Después de haber visto este proceso en estas familias me he dado cuenta de que esto del Unschooling no es para todos. Aunque uno quiera serlo no basta con la intención. El aprendizaje autónomo junto con la Crianza con Conciencia hay que sentirlo, vivirlo, nos tiene que salir de dentro. No nos lo pueden meter desde fuera. Los demás solo pueden despertar algo que ya tenemos dentro. Nadie nos puede ayudar a ser quienes no somos en realidad. Ser auténticos con nosotros mismos es esencial.

Hay niños que funcionan  bien siendo “dirigidos” moderadamente. También hay que saber y reconocer que para un niño que ha estado “dirigido” durante algunos años le será mucho más difícil saber qué quiere hacer en determinados momentos que uno que no ha tenido que pasar por una enseñanza dirigida. Una mamá me decía: “¿Es que los tuyos no se aburren nunca? Mi hija, desde que le damos libertad, no sabe qué hacer, está todo el día aburrida y solo quiere estar delante del ordenador o ver la tele o que yo le diga lo que tiene que hacer”. Esta niña está en pleno proceso de desescolarización aunque no haya ido nunca a la escuela. Es muy difícil saber qué hacer con nuestro tiempo si nunca, antes, hemos tenido la necesidad ni la oportunidad de escoger lo que realmente queremos, deseamos o necesitamos. Dos ejemplos muy claros sobre esto serían: A la mayoría de adolescentes que van a la escuela les cuesta mucho, muchísimo, escoger que quieren estudiar cuando llegan a la edad de ir a la universidad. Hasta entonces nunca han decidido (no se les ha sido permitido escoger) qué quieren hacer ni cuándo ni cómo y un buen día les dicen que tomen una de las decisiones más importantes de su vida. No pueden saberlo y es absolutamente lógico. No les hemos dejado escucharse hasta ese día en el cual están confusos e indecisos. El otro ejemplo serían los jubilados. ¿Cuántos hombres jubilados conocemos que están tristes y deprimidos por qué ya no tienen que ir a trabajar? En mi opinión, deberían estar saltando de alegría por tener todo el tiempo del mundo para hacer todo aquello que les apasiona. ¿A caso no les gusta hacer nada? El problema es que durante toda su vida han sido los “otros” los que han decidido qué  tenían qué hacer, cómo, cuándo y dónde. Ahora que son “libres” no saben qué hacer con esa libertad y se deprimen o piden volver a trabajar.

Pues, algo parecido les pasa a los niños cuando han sido dirigidos y luego levantamos los límites o dejamos de dar órdenes. Se sienten un poco perdidos e inseguros.

En mi opinión, el “hándicap” lo tenemos los adultos, los padres. En especial las mamás.  Creo, por no decir sé, que todos los niños nacen siendo autónomos, auténticos, curiosos… pero con el tiempo los vamos “domesticando”, “domando” y les acabamos robando lo más preciado: la motivación intrínseca y la curiosidad intelectual innata. Solemos hacerles lo que nuestros padres, inconscientemente,  también nos hicieron. Hay muy pocos seres humanos criados con libertad de decisión y de elección y con respeto y en los cuales se haya confiado. A la mayoría nos han dicho (con palabras o sin ellas) cosas como: “hay que estudiar  para llegar a ser alguien, tú no sabes nada, los adultos siempre tenemos razón, esto no se hace así, qué sabrás tú, ahora no es el momento, eso son tonterías, no te puedes levantar todavía, no salgas, vas a caerte, no subas, me pones de los nervios, pesado, es que no te enteras, tú no tienes razón, yo sé más que tú, aunque no te guste hay que hacerlo, para conseguir cosas hay que sufrir, cállate, mírame, no lo toques, vete, déjame, no me molestes, ahora no puedo, por qué lo digo yo, hazlo y punto…” Podría seguir hasta mañana. Con todos estos introyectos ¿cómo vamos a poder, nosotros, dar a nuestros hijos esa libertad que no conocemos?, ¿cómo vamos a confiar en ellos en que sí van a aprender  todo aquello que vayan a necesitar sin que les tengamos que estar dirigiendo y programando si nunca confiaron en nosotros?. ¿Por qué muchos adultos necesitamos hacer las cosas bajo presión o porque alguien nos lo manda y si no es así, simplemente, no lo hacemos? La respuesta es fácil, porque así es cómo nos lo enseñaron. Tuvimos que pasarnos muchos años haciendo y estudiando cosas  que no queríamos y aprendimos la lección muy bien: Si no nos obligan no lo hacemos, si no nos sentimos obligados no hace falta hacerlo.

En conclusión, hay padres y madres que no pueden ser Unschoolers y por consiguiente sus hijos tampoco lo podrán ser (como hijos). Lo más difícil es desescolarizar nuestras mentes adultas. Hay muchos padres y madres que tienen muchos miedos sobre los títulos, niveles… y prefieren darles a sus hijos unos conocimientos básicos que ellos escogen para así sentirse, ellos, bien. Otros temen mucho el qué dirán sus amigos, familiares, vecinos…

Algo muy importante es que si la mamá o el papá no están bien, no se sienten seguros, no están cómodos, tienen dudas, no son auténticos, copian o imitan a otras familias… el Unschooling no podrá “florecer” de ninguna manera. ¿Cómo va a aprender un niño de una forma autónoma y satisfacer sus necesidades si ve que mamá o papá están mal? Primero tenemos que tener un papá y una mamá felices para luego poder permitir que nuestros hijos lo sean. No se puede ser Unschooler al precio que sea. Primero es la relación con nuestros hijos y pareja antes que cualquier otra cosa.

He visto alguna mamá o papá sufriendo al dar libertad a sus hijos y esa ansiedad, inseguridad, miedo… puede hacer más daño que bien a los niños. Yo sufro y lo paso mal cuando mi hijo, Urtzi, se sube a los arboles muy alto o escala muros. Hay momentos en que tengo que pedirle, con respeto pero con firmeza, que por favor se acerque un poco más al suelo ya que mi corazón va a mil. Hay mamás que también sufren si sus hijos no leen a los 6-7 años o no se saben las tablas de multiplicar. Y supongo que por eso les enseñan o se las hacen aprender. En ambos casos hay miedo y falta de confianza.

Más vale una familia Homeschooler  feliz que una Unschooler infeliz. Más vale tener los niños en el cole que  tenerlos en casa con un/a mamá/papa estresada/o e irritable.

Una anécdota real: Hace 3 años, en Inglaterra nos hicimos amigos de una familia Unschooler de la cual aprendí mucho. Al año siguiente nos invitaron a pasar unos días en su casa y allí vi que el matrimonio no llevaba nada bien el tema del Unschooling. La mamá era una Unschooler convencida y muy radical pero el papá no estaba cómodo. El necesitaba tener horarios para acostar los niños, más orden y rutina… Ella no quería cambiar nada hasta que un buen día al cabo de unos meses me escribió contándome que se habían separado porque el marido ya no podía sostener más la situación… La cuestión es que al separarse ella tiene que trabajar más y por lo tanto ha tenido que escolarizar a los niños.

Y yo me pregunto, ¿estos niños no hubiesen estado mucho mejor con papá y mamá juntos aunque la mamá hubiese tenido que ceder un poco en el tema del Unschooling? ¿No hubiese sido mejor tener que acostarse a una hora determinada con mamá o tener que aprender algo en concreto que tener que ir al cole y tener a papá y mamá separados? Pienso que un matrimonio es más importante que querer ser Unschooler, en este caso.

Lo ideal sería poder dar a nuestros hijos lo que legítimamente les pertenece y merecen pero, quizás, no siempre nos sea posible.

 

Me siento tan afortunada por poder llevar la vida que deseamos y por poder darles a nuestros hijos toda la libertad, confianza y respeto que merecen. GRACIAS!

Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés
 
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