Aquí iré incorporando cada clave que voy compartiendo en los emails previos
al webinar del 24 de Enero a las 22h.

Para quien no las haya visto o las quiera revisar.

Te recuerdo también que tienes el cuaderno de ejercicios
y que si aún no lo has descargado puedes hacerlo aquí. 👇🏽

(Hazlos antes del webinar para poder revisarlos un poquito en el directo y así sacar el máximo probecho a el tiempo que compartiremos).

Aquí iré incorporando cada clave que voy compartiendo en los emails previos al webinar del 24 de Enero a las 22h.

Para quien no las haya visto o las quiera revisar.

Te recuerdo también que tienes el cuaderno de ejercicios y que si aún no lo has descargado puedes hacerlo aquí. 👇🏽

(Hazlos antes del webinar para poder revisarlos un poquito en el directo y así sacar el máximo probecho a el tiempo que compartiremos).

Clave 1:

Aceptar nuestra verdad
y comprender qué nos pasó
siendo niños.

Revisar qué nos aconteció en el pasado, cuando éramos niños o adolescentes, es vital porque tiene mucho que ver con lo que nos pasa hoy.

Para lograr comprender lo que nos pasa HOY, necesitamos comprender que nos pasó en infancia y adolescencia. Lo que nos pasó y lo que nos pasa (hoy) está estrechamente relacionado.

Acercarnos a las vivencias reales de los niños que fuimos y aceptar y validar todas esas vivencias nos ayudará a entendernos mejor, a conocernos más y a liberarnos de muchos mecanismos de defensa que seguimos teniendo.  Y por supuesto nos permitirá conectar más y mejor con nuestros hijos, pareja y demás personas.

Sólo tomando conciencia de nuestra verdadera realidad infantil podremos cambiar nuestras reacciones emocionales automáticas y convertirlas en actitudes amorosas y respetuosas hacia nuestros hijos y demás adultos. Esta primera clave puede ser incómoda e incluso dolorosa al revisar la infancia, lo recibido, lo que legítimamente necesitábamos y no obtuvimos… Pero es vital saber como se gestaron nuestras reacciones emocionales automáticas para poder transformarlas.

Clave 2:

RESPONSABILIZARNOS
de nuestras propias emociones.

Te suena de algo eso de ¿Es que tú me…? ¿No puedo porque tú…? ¿Si tú no hubieras…?

Ser conscientes de QUÉ es lo que nos pasa a nosotras, como personas adultas cuando nuestros hijos/pareja no son o actúan como nosotros queremos, es nuestra responsabilidad y sólo nuestra.

Cuando no podemos controlar nuestras propias emociones solemos necesitar controlar las emociones de los demás. Por eso controlamos, para así no descontrolarnos nosotras mismas. Controlar nos da seguridad.

Muy probablemente cuando nosotras éramos niñas los adultos de nuestro entorno, nuestra madre, padre, etc. No sabían/podían gestionar sus emociones, eran inmaduros emocionalmente hablando y ya ellos nos responsabilizaron y culparon de su descontrol. Este patrón lo hemos heredado; creemos que los demás provocan nuestras emociones, pero las emociones son siempre algo que nos ocurre a nosotras mismas. Los demás pueden hacer “cosas”, llevar a cabo acciones que nos emocionen, pero los demás nunca serán responsables de nuestra emoción ni de nuestra reacción a esa emoción. De verdad, ¿crees que alguien puede venir y cambiar tu estado de ánimo sólo por quererlo cambiar? Esa persona puede hacer algo que te saque una sonrisa, podrá intentar alegrarte, pero no podrá cambiar tu emoción. Lo mismo ocurre cuando crees que tu hijo te hace perder los nervios, él hará algo que provocará en ti una emoción, pero es tuya, por eso no todos reaccionamos igual antes la misma situación, lo que a una persona le enfada a otra no.

TODAS nuestras emociones nos pertenecen y no son responsabilidad de nadie más que nuestra.

Para dejar de proyectar nuestro malestar en los demás, necesitamos reconocer nuestras necesidades no satisfechas. Porque estas necesidades no satisfechas son el combustible de nuestras reacciones emocionales automáticas.

La clave 2 es importantísima para dejar de victimizarnos y dejar de culpar a los demás: a mis hijos, a mi pareja, a mi madre… definitivamente todo lo que ME pasa (emocionalmente) y me cuesta tanto gestionar es MÍO.

Clave 3:

COMPROMETERNOS:
Decidir y tomar acción de cómo deseamos actuar.

Tras haber aceptado nuestra realidad infantil, observándonos y conociéndonos más y mejor, es hora de decidir cómo queremos actuar a partir de ahora y ponernos en acción.

¿Recuerdas? SIN ACCIÓN NO HAY TRANSFORMACIÓN.

Apego inseguro

 

¿Te gustaría dejar de gritar a tus hijos? ¿Deseas ser más paciente y respetuosa con ellos? ¿Te gustaría poder acompañarlos mejor cuando ellos mismos se enfadan, gritan o se pelean…? Ve entonces al cuaderno de ejercicios y trata de rellenar el listado de todas esas reacciones automáticas que “aun” tienes, anota qué actitudes te descontrolan más y decide qué deseas cambiar.

Ten muy presente tu compromiso. Pero cuidado, porque para conseguir que esta clave tenga éxito, es necesario que te hable de “La próxima vez”: Es importantísimo que no nos pongamos retos globales o generalizados, ni tomar decisiones como “nunca más gritaré”, “nunca más pegaré” … Es necesario comprometernos con acciones que sean más fáciles de cumplir. Mi propuesta para ti es la siguiente: Proponte solamente “la próxima vez”. Por ejemplo, la próxima vez lo haré de tal manera, responderé amablemente, escucharé sin interrumpir… Así actuaré la próxima vez que haya un conflicto, sólo una vez y no todas las veces.  Recuerda esto, es fundamental para no desanimarte, para conseguir cambiar aquello que deseas transformar. Si lo consigues hacer UNA VEZ, entonces ya puedes tomar esa misma decisión una vez más…

¿Te sientes capaz de que la próxima vez, que tu hijo, se descontrole o que tu pareja no haga algo que necesitas, de actuar más amorosa y respetuosamente? ¿SÍ? Pues si eres capaz y lo haces SOLO esta vez, eres capaz de hacerlo todas o casi todas. Solo necesitas plantearte lo mismo después de cada vez y así sucesivamente.

Recuerda, Tan solo “la siguiente vez”. Sólo la próxima vez, ninguna más, solo UNA VEZ.

Clave 4:

TRANSFORMAR: Sanar nuestras reacciones
y nuestra propia historia

Como ya hemos comentado, a todos no nos descontrolan las mismas cosas, porque no todos venimos del mismo lugar.
Hay quienes les descontrola que sus hijos no coman, que no se duerman, que no obedezcan, que se muevan, que hablen mucho, que se ensucien, que no den las gracias, hay otros quienes se sienten mal cuando creen que su pareja no les escucha o les interrumpe o les juzga…

Cuando ya me conozco, y me comprendo, y logro descubrir que es lo que más me descontrola y por tanto lo que me crea mayor malestar, es entonces cuando le puedo poner palabras, lo puedo verbalizar, es decir, lo puedo nombrar. Descubro y puedo ver que necesidades no satisfechas mías hay detrás, puedo ver que emoción me provoca porque desde ahí y solo desde ese lugar, será cuando podré empezar a conectar conmigo mismo y con los demás.

¿Qué te parece si empezamos a cambiar el «Es que TÚ…» del que hablamos anteriormente, por el «Mira, es que YO me enciendo por esto, esto o esto otro», «A mí me pasa esto cuando sucede esto otro»…

Merece la pena intentarlo, porque entonces es cuando tú estarás preparado para ver qué hay detrás del enfado de tu hijo, del malestar de tu pareja, etc. y hablar, comunicarte, y expresarte de una forma mucho más emocional, conectiva y empática.

RECUERDA QUE ESTA NOCHE, DÍA 24 a las 22h Compartiré en el webinar estas claves con más detalle.
Deseo que puedas acompañarme, será muy especial. TE ESPERO

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