Por Yvonne Laborda.
Autora del libro: DAR VOZ AL NIÑO.

 

Os comparto este emotivo testimonio de una mamá integrante de la Tribu de Madres Consciente y alumna de mi curso online de Sanar la Herida Primaria (SHP) 

Esta carta es uno de los ejercicios que propongo a lo largo de mi curso Online de SHP. Anna me ha dado su permiso para poder compartirla. Para poder Sanar nuestra Herida Primaria es vital validar a la niña-adolescente-joven que fuimos… Y tener a alguien que nos haga de testigo (en esta caso yo) nos da la fuerza para poder sacar-revivir-cambiar-transformar y finalmente sanar.

Anna, es un honor para mi poder ser tu testigo y acompañarte y ayudarte en este maravilloso camino.

“Mamá yo no era una niña “rara” como tu decías, lo que pasa es que necesitaba cariño, compañía, atención, aceptación y sobre todo amor, por eso era tan tímida, retraída, y callada, por eso tenía tanto miedo en la noche, por que estaba sola y muy asustada para empezar, de ti, Yo tenía mucha tristeza, y encima me pasaban cosas, las niñas y niños  me rechazaban mis pocos avances en pro de hacer amigos, a veces incluso mi hermana me rechazaba, o cosas así, y tú me veías la carita triste y me gritabas, “y ahora de que estás enojada!! y me decías que no querías verme más… siempre sentí que mi sola presencia, o mi existencia te irritaban y por eso eras tan agresiva conmigo.

De pequeña me miraba mucho en el espejo, si, y no sé por que, pero tú me gritabas que el demonio vivía en el espejo y que por eso yo era una niña endemoniada, una vez ya de grande me dijiste que me repetías eso, para que yo no fuera vanidosa. Pero eso era lo que tú creías y pensabas,  me decías que cuando me veías, veías el demonio.  y llegaste a convencerme,  llegué a pensar que yo era muy mala, aunque no hiciera absolutamente nada para dañar a nadie. Me decías que mi piel tenia un feo color, que no era blanca como mi hermana, que mi cabello era horriblemente enrrulado, que mi cara era fea, que no había forma de arreglarme, me vestías y me cortabas el cabello tan chiquito que parecía un niño, en cambio mi hermana podía lucir su cabello lacio y bonito.

 

 

¿Como podías mamá? ¿Sabes cuánto daño me hacías? Me decías que me parecía mucho a tu madre, a quien claramente odiabas, y me decías que estaba loca, y que yo era igual, que yo era mala por preferir estar  con mi abuelita (la mamá de mi papá) pero es que yo sentía tu rechazo, tu irritación, tu odio hacia mi, te tenía mucho miedo. Me convenciste de que yo era bruta, por que me ayudabas con la tarea y me exigías perfección, ( por eso desde los ocho años, no te conté más que tenía tareas y las hacía a escondidas, sola, como podía).

Siempre me hiciste sentir que mi hermana y yo no eramos suficientes para nada, y que te dábamos vergüenza sobre todo yo, por que al final a mi hermana le reconocías cualidades, y la tratabas mucho mejor, pero querías que fuéramos perfectas y nunca lo lográbamos. Y tú, papá, ¿dónde estabas?’ diviertiéndote con tus amigos, en casa de mi abuela, o quien sabe donde (desde pequeña yo sospechaba que con mujeres) nunca estabas ahí, y yo no quería que te vayas por que por lo menos cuando tú estabas mi mamá no era tan dura conmigo, y tu me dabas un poco de cariño, sé que tu también preferías a mi hermana pero en ese tiempo te compraba la idea de que nos querías a las dos por igual.

 

 

Pero me obligabas a estar con mi mamá, cuando ya no vivíamos en casa de mi abuela te rogaba que te quedaras conmigo o que me llevaras donde mi abuelita pero no, preferías dejarme y que yo aguante a mi mamá cuando tú no podías ni soportabas estar con ella preferiste sacrificarme a mi.

 

Yo no era una niña difícil, era demasiado tranquila por que tenía mucho miedo, yo no podía ser alegre y ocurrente como mi hermana (11 meses menor que yo) yo no podía expresarme ni hacer nada, por el miedo que te tenía,sólo me encerraba en mis pensamientos o en los libros para imaginarme que no estaba ahí, Sé que te hubiera gustado que yo sea una niña alegre y vivaz, y tal vez lo hubiera sido si hubiera recibido amor, y aceptación si me hubiera sentido libre de ser yo.
Papá siempre me decías que yo era “demasiado susceptible” que no podían decirme nada, por que me ponía a  llorar, y lo creí, y lo creo hasta ahora, y es lo más difícil de sacarme tal vez si lo soy, pero tu no sabes lo que yo pasaba con mi mamá, no sabes cuanto me pegaba y cuanto odio me demostraba y claro para ti era mejor no saberlo no enterarte,  eso te hubiera complicado más la relación pésima que tenías con mi mamá, era mejor para ti, estar el menor tiempo posible en casa. Papá, ¿no veías la tristeza y el miedo infinito que yo cargaba? nunca te conmovió el corazón como para preguntarme que me pasaba? yo era tan pequeñita y tan buena niña, y te amaba tanto!!
Yo no era todas esas cosas que me hicieron creer, yo solo era una niña tremendamente sola y asustada”.
Gracias por darme permiso para poder compartir esta carta Anna H. 
Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés
 
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