¿Cómo podemos empoderar a nuestros hijos en momentos de conflicto?

Muchas veces he visto como un simple comentario o un desacuerdo entre amigos o hermanos ha causado mucho dolor a un niño. Ya hablé de la influencia de nuestra actitud en como nuestros hijos, o los niños en general, gestionan sus emociones.

Ahora quiero centrarme en cómo les podemos empoderar para que las cosas y sus vivencias les afecten menos y sepan gestionarlas mejor (no se victimicen) y para que tengan otra mirada a lo que les ocurre. En vez de querer cambiar al otro podemos cambiar la forma en que vemos y vivimos las experiencias por tanto dejaran de afectarnos del modo en que nos afectan. Cuando estamos empoderados el comportamiento de los demás ya no nos afecta del mismo modo y por tanto la necesidad de que el otro cambie ya no existe. Nosotros podemos elegir cómo queremos sentirnos.

Yvonne_(27)[1]

Cuando confiamos en el poder de resolución de nuestros hijos, ellos son capaces de encontrar mejores soluciones. Cuando un niño se siente respetado, capaz, tenido en cuenta y libre de nuestras expectativas puede gestionar mucho mejor sus emociones y los conflictos con los demás. Hay veces que nos precipitamos a la hora de querer arreglar los conflictos o simplemente nos adelantamos a los acontecimientos. Nuestras emociones pueden llegar a entorpecer la habilidad de actuar empoderados. Es nuestro juicio quien nos hace adelantarnos a los acontecimientos.

Muchas veces no les dejamos expresarse emocionalmente y ese comportamiento puede interferir en la toma de decisiones y el poder de resolución. Necesitan poder expresarse antes de actuar.

Cuando un niño pega, insulta, critica… a otro, por lo general nos sentimos mal y el también. No obstante, nuestra actitud y la forma en que abordamos el tema les puede hacer aún más daño. Las palabras, las opiniones, las criticas tienen el poder que les queramos dar y el quedarnos como víctimas no nos ayuda a gestionar el conflicto ni nos ayuda a sentirnos mejor ni, tampoco, a entender el por qué la otra persona ha actuado así.

Cuando un niño pega, insulta o empuja a otro niño es por algún motivo. No nos gusta ver como pegan a nuestro hijo y mucho menos  ver como el nuestro pega a otro. Cuando uno de mis hijos se comporta de un modo poco respetuoso con alguien lo primero que intento hacer es validar a ambos. Le suelo preguntar: “¿Qué te ha pasado para sentirte tan enfado?”. “Debes estar muy frustrado para tener que pegar”. “Mira al otro niño, ¿cómo crees que se siente ahora?” “¿Qué puedo hacer por ti para que te sientas mejor?”, ¿Qué podríamos decirle a tu amigo para que él también se sienta mejor?”. Si partimos de la base de que nadie que se siente bien hace mal a otro podremos entender, empatizar  y validar la actitud del “agresor” sea nuestro hijo o el hijo de otro. Hablar de sentimientos de tristeza, enfado, impotencia… con niños muy pequeños no suele ser la mejor forma de validarles. Cuando son pequeños les es más fácil entender y conectar con los hechos directamente y no tanto con las emociones. Es como si pudieran conectar mejor con un hecho que con una emoción. Imaginemos a un niño de 3-4 años enfadado y frustrado por que se tiene que ir de un sitio por que cierran. Su madre podría decirle: “Te querías quedar más, ¿verdad?”, “no querías irte todavía, te lo estabas pasando muy bien…”. Cuando mis hijos eran pequeños solía describir más los hechos y no tanto sus emociones. Ahora ya entienden mejor lo que les pasa y el por qué les pasa. Al haber sido validados de pequeños son ellos mismos quienes le ponen palabras a sus propias reacciones emocionales ahora. El otro día nuestra hija mayor, después de gritarle a su hermano, nos dijo: “es que estoy tan cansada y frustrada que no puedo hablarle de otro modo, necesito gritarle”.

Cuando pensamos que el “agresor” es malo y la “victima” es buena les estamos enseñando que los demás nos pueden hacer daño con una simple palabra. Cuando validamos a ambos niños (“No te ha gustado que te dijera/hiciera eso, ¿verdad?”. “Te debes sentir muy mal para haberle dicho/hecho esto, ¿verdad?”). Ellos pueden ver que detrás de toda actitud hay un motivo valido que suele ser una necesidad no satisfecha. Son reacciones emocionales a estados de ánimo no armoniosos. Cuando nos sentimos mal actuamos mal. Cuando nos sentimos bien actuamos bien. Querer cambiar el comportamiento de un niño no es la mejor opción. Podemos intentar cambiar lo que siente y ayudarle a sentirse mejor. Entonces como efecto secundario su comportamiento, también, será distinto.

Muchos adultos culpamos al otro de nuestro mal estar y queremos que el otro se sienta mal o culpable por lo que nos ha hecho. Al actuar así nos sentimos víctimas. Y vemos al otro como agresor. Ya he comentado en otros artículos que lo que nos enfada no es lo que el otro me hace o dice sino lo que yo pienso sobre lo que la otra persona ha dicho o hecho. Son nuestros juicios sobre lo que los demás hacen y dicen lo que realmente nos enfada.

La verdad es que yo no quiero darles a mis hijos ese modelo. No quiero que piensen y se crean que su felicidad y su estado de ánimo dependen de cómo los demás les traten. Una persona puede seguir sintiéndose bien y conectada consigo misma aunque la traten mal si sabe ver que al otro es a quien le pasa algo y por eso hace lo que hace. Podemos escoger seguir relacionándonos con esa persona o dejar de verla pero lo más importante es responsabilizarnos de eso que nos pasa. Lo que yo siento es algo mío. Alguna carencia, necesidad no satisfecha… Esta empatía, compasión y validación es lo que, en mi opinión, cambiaría el mundo y la forma en que nos relacionamos los unos con los otros. Saber y poder decirles a los demás como nos sentimos cuando nos hacen o dicen eso también ayuda a mejorar nuestras relaciones. Solemos hablar desde la crítica y el enfado en vez de expresar lo que necesitamos y como nos sentimos.

Si nosotros empoderamos a nuestras dos hijas, por poner un ejemplo,  será más fácil gestionar los conflictos entre ellas y su hermano. El suele molestarlas cuando está aburrido, se siente desplazado, tiene hambre, calor, está cansado… El reacciona emocionalmente enseguida. Si ellas pueden entender que él hace/dice “eso” porque tiene sueño y está cansado no se lo toman de un modo tan personal y lo pueden gestionar mejor y no se enfadan tanto ya que saben que es algo suyo y no de ellas. Es a él a quien le pasa algo (no se siente bien-hay alguna necesidad no satisfecha) y por eso reacciona emocionalmente. Cuando la necesidad de ser comprendido sea satisfecha él podrá pasar página o simplemente sentirse validado y tenido en cuenta por ellas y por nosotros. Si primero prestamos atención a nuestras emociones (¿qué me pasa a mi cuando veo a mi hijo hacer o decir tal cosa?) entonces nos será más fácil poder atender las emociones y reacciones de nuestros hijos. La mayoría de veces son nuestras emociones las que se entrometen entre ellos y sus conflictos. Cuando ya damos por sentado que uno es el agresor y el otro la víctima y nos mantenemos en ese papel ellos se victimizan o se creen el rol de agresor. Es como que son fieles a esos personajes. Y solemos escuchar: “Mama, es que “x” me ha dicho “z” y me ha pegado/empujado”. Si vamos corriendo a salvarles ya estamos instaurando un modelo. ¿Qué pasaría si les preguntásemos, “¿necesitáis ayuda?, ¿toda va bien?, parece que alguien se siente mal, ¿verdad?, ¿hay algo que yo pueda hacer por vosotros?”. “Parece que hay hambre y poca paciencia ahora”. Podríamos decir muchas cosas distintas. Lo que quiero recalcar es el hecho de no victimizar ni culpar al otro. Las emociones necesitan ser validadas para que no interfieran en el camino de la resolución de conflictos.

veces la mejor validación puede ser simplemente el silencio junto con nuestra compañía y presencia. Me explico, con silencio no quiero decir indiferencia. Hay sentimientos que al validarlos en público nos pueden generar vergüenza, timidez, miedo… Imaginemos a un niño que no ha podido o querido hacer algo que sus amigos sí han hecho (subirse a un árbol muy alto, bajar una pendiente en patinete…), porque a él le da miedo. Decir en voz alta delante de los demás: “veo que tienes miedo y no te atreves/puedes hacer esto” no sería la mejor forma de validar y empatizar con él, ¿verdad? No le empoderaría, más bien todo lo contrario. Quizás el simple hecho de estar allí con él mientras espera a los demás sería suficiente. En situaciones de miedo o vergüenza el silencio y nuestra presencia pueden ser nuestros mejores amigos y aliados. Recuerdo una ocasión en que a Ainara le ocurrió algo parecido y cuando alguien se burló o hizo un comentario sobre su miedo o falta de confianza ella simplemente dijo: “Es que aún no estoy preparada para hacer eso”. Yo me sentí herida al oír el comentario y ella no. No siempre es así pero hay veces en que lo gestionan muy bien.

Cuando un niño es capaz de empatizar con el otro y le puede decir: “esto que me has hecho/dicho no me gusta”, el otro suele dejar de tener motivo para seguir haciéndolo pero si el otro reacciona emocionalmente a lo que el primero le hizo ya tenemos el conflicto instaurado. A veces intervenimos antes de tiempo e incluso nos sentimos peor que nuestros hijos. Les proyectamos nuestro estado emocional ya que no nos responsabilizamos de él. A mí en ocasiones me ha molestado mucho algo que le han hecho/dicho a mis hijos o algo que mis hijos han hecho/dicho a otros pero en cambio a ellos parecía no molestarles  tanto. En ocasiones parece que cuando agreden a nuestros hijos están agrediendo a nuestro niño/a interior. Al niño que fuimos y no al adulto que ahora somos.

También ayuda mucho más el poner nuestra atención en buscar una solución en vez de quedarnos enganchados en el problema, solemos decir sin pensar: “¿Qué ha pasado?, ¿Quién ha sido? ¿Quién empezó?”…” Estas preguntas no nos ayudan a resolver el asunto, más bien nos hacen quedarnos en el mismo sitio, heridos y tristes. Poner nuestra mirada en la solución y pedirles ayuda les empodera para la próxima vez que se encuentren en una situación conflictiva. “¿Qué podemos hacer ahora para que todos estemos mejor?” “¿Cómo se podría solucionar esto?” “¿Os puedo ayudar, yo, en algo?”. Confiemos en ellos y démosle la oportunidad de poder resolver los conflictos más creativamente.

También solemos usar palabras/frases como: “ya estáis otra vez, es que siempre estáis igual, no puedo más, he dicho que pares, no se pega, no se insulta…”Cuando le decimos a un niño “no” a algo, le estamos diciendo que no le aceptamos, que no nos gusta y muchas más cosas. Yo prefiero hacerles ver el efecto de sus actos en los demás. Si un niño pega le podemos hacer ver que el otro niño esta triste y se siente mal porque le ha pegado. De este modo el entiende que pegar hace que los demás se sientan mal. Me gusta más tener principios y no reglas o prohibiciones. En vez de decir “no se pega”, prefiero decir “nosotros nos tratamos con respeto” o “a los demás les gusta que los traten con cariño”. Cuando rompen algo o tiran algo también solemos decirles sin pensar demasiado: “¿Qué culpa tiene la silla, el muñeco…?” Claro, que el muñeco no tiene la culpa de nada pero y si la tuviera, entonces sí podemos destruirlo. Con este ejemplo quiero enfatizar en el hecho de que algún día alguien sí puede tener la culpa de que yo me caiga o de que me haya hecho algo, entonces como sí tiene la culpa puedo hacerle daño o puedo romperlo…

Lo importante no es evitar todo conflicto sino como gestionarlo. Los conflictos nos hacen aprender cosas de nosotros mismos y de los demás. Podemos conocer mejor a las personas y a nosotros mismos. Para yo poder acompañar a mis hijos de este modo he tenido que hacer primero el cambio en mí.Si los adultos nos relacionamos con enfados, críticas y nos sentimos víctimas o agresores poco podremos empoderar a nuestros hijos. Ser madre me ha hecho querer ser mejor persona y querer darme cuenta de qué me pasa realmente a mí y responsabilizarme de lo mío.

También me gustaría mencionar que algunos enfados o reacciones emocionales violentas pueden ser expresiones de heridas pasadas no sanadas. Cuando se han reprimido emociones intensas y dolorosas o se han tenido que reprimir por miedo a las consecuencias pueden salir en cualquier momento al conectar con esa vieja herida no resuelta. Esto no sólo les ocurre a los niños sino que a nosotros los adultos, también, nos pasa continuamente pero no somos siempre conscientes de ello.

Si te ha gustado, puedes compartirlo en tus redes.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on telegram
Telegram
Share on pinterest
Pinterest
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

20 comentarios en “¿Cómo podemos empoderar a nuestros hijos en momentos de conflicto?”

  1. Totalmente de acuerdo en el enfoque y en la utilidad de crecimiento y aprendizaje de los conflictos. Pero discrepo en que los niños entienden más de hecho que de emociones. Los niños lo primero con lo que nacen son con emociones, el sistema emocional es la base donde se van a asentar los demás aprendizaje, el cognitivo, el social e incluso el físico. Si alguien sabe d emociones eso son los bebés y los niños. Es importante desde pequeños enseñarles como se sienten y que nombré tienen esos sentimientos: triste, enfado… Ponerles nombre a las emociones que nos hacen sentir determinadas situaciones es parte importante para identificar, comprender y por tanto manejar las emociones a lo largo de la vida. Poder ser conscientes de como nos sentimos nos da la oportunidad de decir , de resolver las situaciones haciendo aquello que más se adapta a nuestro bienestar. Acompañar todo lo que dice el artículo con estas etiquetas emocionales es empezar a educar emociones. Gracias Por este práctico artículo.

    Responder
  2. Totalmente de acuerdo contigo, Sandra. Y encantada de conocerte.
    Mi articulo comenta todo lo que tu muy bien has dicho, claro que validar y nombrar las emociones es necesario… Sólo he comentado que cuando son muy pequeños no saben que eso que sienten se llama tal o cual y que en vez de nombrar la emoción podemos nombrar el hecho que le ha hecho sentirse así. En vez de decirle a un niño de 2 años: «estas frustrado, decepcionado, molesto, enfadado… por que nos tenemos que ir». Quizás no entienda esas palabras todavía aunque sí sabe que se siente mal. En esas ocasiones para poder validar lo que siente podemos nombrar el hecho:» tu querías quedarte más rato y mamá tiene que irse», por ejemplo. En ningún momento me refería a que los hechos son más importantes que las emociones… Donde has interpretado eso en mi artículo?

    Un saludo y gracias por comentar, Sandra.

    Responder
  3. Moltes gràcies. Necessisto llegir-lo més cops, molts cops. L’he compartit en un grup i l’he enviat a la gent que m’estimo. Ens estàs revolucionant a totes i és molt agradable.

    Responder
  4. Hola Ivonne, totalmente de acuerdo con todo lo que dices.. pero se me plantea una dificultad en la práctica para la cual te pido consejo: mi hijo tiene 3 años de edad y va al colegio (un niño hipersociable que desde siempre ha demandado estar con niños y que estaba deseando ir al colegio). Empezó contentísimo.. todo le podías quitar menos ir al colegio.. hasta que evolucionó el curso y empezaron a coger confianza y a pegarle..mi hijo es violencia 0 (como sus padres), huye de todo conflicto, es todo amor, se lleva genial con todos los niños (menos los que buscan conflicto) porque los intenta evitar, se hace amigo de todos los niños que encuentra y le adoran, etc..y en el colegio le pegan, le machacan .. y él lo sufre y no lo entiende. Básicamente son los mismos niños, que la profesora ya lo sabe y molestan a todos pero se ceban en los que no se defienden como mi hijo.. He llegado a un punto que no sé como actuar, porque mi hijo es amiguísimo del resto de la clase, todas las madres (menos los que pegan) me dicen que sus hijos/as están todo el día hablándoles de él, que le adoran, menos con estos niños, claro.. pero mi hijo no quiere ir al colegio porque dice que los niños son malos ( con los nombres de los que actuan así, no todos), sale llorando y llenito de moratones, arañazos, mordiscos , y repleto de arena en el abrigo, zapatos, etc.. que se lo echan en el patio según me cuenta. He visto como en la fila le quitaban cosas, como la pegatina de unos dibujos que sacaba como premio, por haberse portado bien, y visto como se la han quitado y tirado en la alcantarilla de la puerta.. y mi hijo llorar desconsolado durante horas.. En la fila, al salir ya van tres veces que oigo a mi niño chillar:ayyyy ayyyy ayyy tras ver como el mismo niño que me dice que le pega cada día, le pega una patada en las espinillas,, y mi peque llorando sin parar, (el último dia en la valla le digo: ¿qué te pasa? y me responde el que le pega: es que le he pegado yo.. no te imaginas como me siento.. la profesora no se entera (y cuando hablo con ella dice que si el niño no se lo dice que son muchos y no lo ve).
    Le he dicho a mi hijo que ponga la mano delante cuando le vayan a hacer algo que no le guste y diga: ¡no lo hagas más¡, pero claro, cuando se dan la vuelta y te meten una patada sin darte cuenta, no puedes hacer eso.. además mi hijo lo decía muy bajito y yo le decía: tienes que decirlo en alto¡¡ y dice que en clase no se puede alzar la voz porque le castigan??????? y al que le pega? Qué elegimos, que le peguen o que le castiguen?
    Es muy doloroso para mí, porque sé que es el doble de doloroso para mi hijo esta situación.. y no sé como afrontarla ya.. mi marido ha pasado de decirle como siempre hemos hecho :no se pega, a : defiendete (no pegues, pero no dejes que te peguen).. y yo estoy tan triste como mi hijo (espero que él no más), porque creo que todas estas experiencias tempranas marcan para toda la vida, y me parece terrible que un niño tan pequeño se tenga que sentir así, tan incomprendido, tan dolido, injustamente tratado con violencia gratuita, aprendiendo que los que hacen mal se regocijan en ello y quedan impunes por ello y que lo van a seguir haciendo.. ¿ y todo lo qué yo intento enseñarle es una inconcruencia con esto? y ya sé que tienen tres años y que los padres de los que pegan no le dan importancia, o dicen que no saben qué hacer con ellos.. pero sí la tiene.. no quiero alargarme más aunque podría y quisiera.. pero qué hacer los que estamos en este lado? porque generalmente se habla a los padres de los niños que agreden.. mil gracias ¡¡

    Responder
    • Hola Rosa,
      La verdad es que los niños que agreden a los demás son los más necesitados de amor. Todo su mal estar lo proyectan en los demás niños más dóciles… Sería interesante saber un poco más sobre estos niños… No obstante, no creo que sea tu tarea hacerlo… Más bien tendría que ser el cole y los profesores que se preocuparan por estos niños y vieran qué está pasando en sus hogares…
      Lo único que puedo decirte es que hables y valides a tu hijo y le pongas palabras a todo esto que él está pasando. Él necesita seguir yendo al cole? Quizás un tiempo sin ir le iría bien o cambiar de escuela… Si esto es a diario creo que se debería hablar con la profesora, el cole y los padres…
      Si necesitas profundizar en el tema o necesitas compartir más no dudes en escribirme.
      Un abrazo.

      Responder
    • Si y quizás analizar, porqué le sucede esto a tu hijo. Una vez leí que Laura Gutman dijo que algo sucedía tanto en los niños que pegaban, como en los niños a los que le pegaban. Quizás el se sienta abandonado en ese jardin de infantes.

      Responder
      • Efectivamente, tanto el agresor como la victima son ambos victimas de su gran malestar… Necesitar pegar no es natural. Cuando un niño necesita agredir a otro siente un GRAN dolor y necesita MUCHA ayuda… Un abrazo.

        Responder
  5. Hola Yvonne, este artículo me ha resultado muy interesante. Soy madre de dos niñas y siempre he sido consciente de la importancia de sus sentimientos y como expresarlos, pero viniendo de una infancia en la que eso no tenía ninguna importancia y se negaban las emociones me resulta bastante complicado el lograrlo.
    En los grupos a los que me he unido y libros que me estoy leyendo leo, al igual que en tu artículo, como se validan las emociones de una forma que a mi no se me ocurren, salta el piloto automático con un «Qué ha pasado? Quien ha empezado?», u otras veces llego a ser consciente que esa no es la forma pero no sé qué decirles. Estoy trabajando con el libro «Como hablar para que los niños escuchen…», podrías darme alguna otra recomendación de cualquier tipo?
    Gracias!

    Responder
  6. Ybone gran trabajo. Me ayudas mucho en mi maternidad. Es muy duro. Soy madre y estoy pasando muy mal porque mi bebé de 3 años pega a su hermanito de 20 meses. Le intento dar todo el amor que puedo, todaaaaaaaa la atención del mundo y dividir me entre y para los dos, ni siquiera le escolarice pero es que el me dice que quiere más atención más cuidado más todo y que más puedo hacer, que más puedo darle. Porque le pega a su hermanito,porque los celos. Si es que le doy amor, brazos y teta. Porteo no puedo por ambos pesan más que yo y si no es uno es otro. Estoy mal y muy mal. Gracias

    Responder
  7. Muy interesante el artículo, pero Cómo se puede hablar a un adolescente ante algunas situaciones, en dónde las palabras y las acciones de algunos compañeros les afectan.

    Responder
    • Roxana, encantada de verte por aquí… Podemos validar su sentir y recoger su vivencia de lo sucedido y luego hablar sobre qué le habrá movido al compañero para poder hacer-decir esto… Empatizar con el otro y validar el malestar del otro nos libera mucho de la carga… Ya sabemos que cuando actuamos «mal» (violentamente-agresivamente-hostilmente-irespetuosamente…) es porque nos sentimos muy mal… Un abrazo bonita…

      Responder
  8. Hola Yvonne! Hoy es tu cumpleaños asique te envío un gran cariño desde Argentina Que disfrutes de un feliz día!! Quería contarte lo que me sucedió con mi hijo de 8 años. Estaba con dos amigos, quienes empezaron a hacer origamis, los niños les enseñaban a mi hijo a hacerlo, hasta que uno dejo de enseñarle y le dijo que no le enseñaría más porque no le estaba prestando atención porque estaba comiendo. Los dos amigos terminaron sus origamis y el mío no lo supo hacer y al verme me abrazo y llorando me pedía que quería irse. Cómo debí haberlo gestionado? Debí haberle dicho que se sintió frustrado pero que todos podemos estar prestando atención mientras comemos y decirle a los demás “cómo podemos hacerlo sentir mejor “?

    Responder
    • Agustina, lo que comentas podría haber ayudado a tu hijo imagino. Lo más importante es que él no estaba solo, te tenía a ti. No siempre les podremos evitar experiencias negativas pero sí las viven con nosotros pasar antes y mejor…

      Un abrazo bonita.

      Responder

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Al seguir navegando estás aceptando nuestra política de cookies ACEPTAR
Aviso de cookies

Consigue GRATIS mi ebook