Nuestras relaciones, tanto familiares, de trabajo, amistades como de pareja, son nuestros más poderosos espejos. Nos dan la oportunidad de ver nuestras propias oscuridades, nuestra parte negra, como diría Laura Gutman: Nuestra Sombra. Esa es la parte que inconscientemente no reconocemos ni aceptamos de nosotros mismos ni queremos o podemos ver. En vez de ver algo en nosotros mismos, lo vemos en los demás. Es más fácil ver hacía fuera que hacia adentro. Es lo que en Gestalt llamaríamos un mecanismo de defensa, en este caso sería la proyección. Una proyección es un comportamiento o actitud que no reconozco en mí pero que sólo lo puedo ver e identificar en los demás si yo lo tengo. Por ejemplo: Un amigo ve o percibe a su compañero como egoísta ya que sólo quiere ir a ver la película que él ha elegido y no tiene en cuenta la opinión del amigo. El que ve a su amigo egoísta (comportarse egoístamente), en el fondo también quiere ir a ver la película de su elección. Por tanto ve su propio egoísmo en la actitud del otro y no en sí mismo. Le molesta que su amigo quiera ir a ver esa película porque a él no le gusta y quiere ver otra.

Traer nuestra “sombra” a la superficie, para poder ser sanada, no es tarea fácil y requiere de mucha sinceridad y honestidad por nuestra parte. Haciéndonos consciente de ella es la única forma en que podemos hacerla desaparecer. Aun cuando no podamos ver en nosotros eso que vemos en los demás y sobre todo aquello que nos molesta tanto de los demás no significa que no esté allí. Si lo puedo ver y lo puedo sentir es porque lo tengo.

También solemos proyectar en los demás aquello que yo no me permito ser o hacer y por tanto me molesta verlo en el otro. Un ejemplo sería este: Una mujer es muy ordenada, limpia, constante, detallista… En cambio su marido es olvidadizo, desordenado, lento… Habría que preguntarse por qué eligió un marido así, quizás tenga algo muy importante que aprender de él. Ella se enfada cada vez que ve a su marido dejar la mesa por recoger, no terminar un trabajo o dejarlo a medias para otro día, olvidarse de dónde deja las cosas… En el fondo esta mujer no se deja ni se permite ser holgazana, despreocupada, despistada, relajada… Su perfeccionismo la mantiene en su propia prisión y cada vez que ve a alguien relajado o despreocupado se enfada. Esa actitud, enfadarnos por cómo son los demás,  también nos habla de nosotros y nos hace de espejo. Esta mujer no acepta esa actitud en su marido por que no se la permite en ella misma. Por tanto cuando la ve en él se enfurece. Lo que ella no se permite ser, él lo es con toda tranquilidad. Si se permitiera ser algo más relajada y menos perfeccionista quizás dejaría de molestarse tanto con su marido. También habría que preguntarse dónde aprendió, esta mujer, a ser y actuar así. ¿Cómo era su madre?, por ejemplo. La influencia de nuestra infancia pesa mucho. Y los padres nos hacen y hacemos de modelo constantemente.

La admiración disfrazada de envidia o crítica también sería otro modo de   proyectar en los demás algo propio. Esta proyección es otro obstáculo para poder relacionarnos desde el Amor y la Paz. Podría ser el caso del marido de la mujer perfeccionista. A él le puede molestar que su mujer lo hago todo tan bien, sea tan ordenada y detallista. En el fondo a él le gustaría ser así pero al no poder serlo ni aceptar que él no lo es, le molesta y le enfada la actitud de su mujer. Hay veces que lo que más admiramos de alguien es, en ocasiones, lo que más nos molesta. La aceptación de nosotros mismos y la aceptación de los demás es lo que nos llevará al posible cambio de actitud. Cuando queremos que alguien cambie es cuando se empieza a complicar todo. Gandhi decía: “Se tú el cambio que quieres ver en el mundo”. Y la verdad es que es una afirmación muy cierta, por lo menos en mi propia experiencia. Cuando uno empieza a cambiar, todo a nuestro alrededor también empieza a moverse y cambiar como por arte de mágia. Y sobre todo cuando vemos a los demás con los ojos del amor y tal cual son y no cómo quisiéramos que fueran. Sin aceptación no puede haber cambio alguno. Sin aceptación sólo hay resistencia. Y la resistencia no nos deja ver ni sanar.

La culpabilidad también nos aleja mucho de esa Paz Interior y Felicidad que tanto anhelamos, buscamos y necesitamos. La culpa que sentimos por cosas que hemos dicho o hecho no nos deja estar en paz con nosotros mismos: Nos hace tener esos eternos diálogos internos con la persona en cuestión, nos quitan el sueño por la noche y no podemos dejar de pensar en ello, nos hace comportarnos de un modo hostil y poco amoroso con quien sea que tengamos ese remordimiento o sentimiento de culpa… La culpa nos desconecta, nos aleja y nos impide sentir Paz, Amor y Felicidad. Como ya he dicho muchas otras veces: el pasado no se puede cambiar y el futuro aún no existe, por tanto el único momento que tenemos para vivir y sentir es el ahora. Si uso el presente para recordar el pasado o para imaginarme el futuro me pierdo el único momento que puedo vivir plenamente que es el aquí y el ahora. Hay un libro maravilloso de Eckhart Tolle titulado “El poder del Ahora”. En este libro hay un capítulo dedicado a las relaciones de pareja.

Tenemos la oportunidad de hacer las cosas de otra manera. Solemos ver a las personas por su pasado, por lo que hicieron o dijeron y las seguimos juzgando por ello. No les damos la oportunidad de dejarnos ver su lado de luz ya que nos mantenemos en su lado oscuro. Si les tratásemos como si ya fueran como nos gustaría que fueran les permitiríamos elegir cambiar y mejorar… Cuando etiquetamos a alguien, y sobre todo a los niños y adolescentes, no les damos la oportunidad de dejarnos ver más allá de esa etiqueta. Y en el caso de los niños suelen ser fieles a esa etiqueta y a mamá y a papá creyéndosela. Muchos adultos hemos acabado creyéndonos lo que papá, mamá, el profe… decían de nosotros. ¿Cuántos de nosotros hemos descubierto con gran asombro, ya de adultos, que en realidad sí somos buenos alumnos, sí sabemos tomar buenas decisiones, sí somos ordenados…? Sólo tenemos que tomar la decisión de querer cambiar y el cambio viene al ritmo que podemos sostenerlo y seguirlo. Escuchemos esa voz interior  y compartámosla. Digamos lo que realmente sentimos sin disfraces. Hagamos lo que llevamos años queriendo hacer. Hay una fuerza que nos puede guiar y llevar hacia esa Paz Interior pero lo único que hace falta es que estemos dispuestos a escucharla y seguirla sin oponer más resistencia.

Solemos tener reacciones emocionales hostiles y violentas cuando en el fondo lo que estamos pidiendo a gritos es Amor. Quiero contaros esta triste historia. Hacía mucho tiempo que esta chica no veía ni llamaba a su madre por algo que había pasado hace ya mucho tiempo. Esta chica después de hacer una larga indagación y trabajo personal,  hacer varios ejercicios de perdón, entender y comprender lo que le pasó a ella y a su madre, sanar su rabia, enfado y odio y finalmente poder empatizar y validar, un buen día llamó a su madre para decirle que la quería y la echaba mucho de menos y que quería verla. La reacción de la madre fue que ella no quería verla ya que habían pasado muchos años sin que ella, la hija, se acordara de ella. Lo que aquí quiero destacar es la reacción de la madre. Su negativa. Esta madre llevaba mucho tiempo queriendo y deseando consciente e inconsciente que su hija diera ese paso. No entrare en detalle sobre el por qué la madre no lo hizo ella misma antes. Ella también podía haber llamado a su hija. El caso es que cuando finalmente la hija sí se acerca, la madre se va y se aleja de nuevo. En vez de decir: “Cuanto tiempo, hija mía! Llevo esperando este momento desde hace mucho! Como me alegro de que tu sí hayas podido dar este paso!”. La madre tiene una reacción hostil cuando lo que desea es todo lo contrario. Sin embargo, la hija, aun habiendo recibido una negativa, se queda en Paz al haberle dicho y expresado a su madre lo que ella sentía y necesitaba. Ella fue sincera y transparente. ¿Por qué reaccionamos hostilmente? Hay varios motivos. Uno podría ser el sentimiento de culpabilidad. La culpabilidad no reconocida puede llegar a destruir nuestras vidas. El revivir el pasado una y otra vez sería otro de los motivos.

Nuestro ego y orgullo también nos hacen muy malas pasadas. El ego nos dice cosas que van totalmente en contra de la Paz, el Amor y la Felicidad. La clave está en remover, apartar y dejar atrás todo lo que nos obstaculiza el camino: la culpa, las proyecciones, el ego, el orgullo, el pasado… Decirlo es fácil y hacerlo es posible siempre y cuando empecemos a responsabilizarnos de lo nuestro y no nos pasemos la vida y los días culpando a los demás por cosas que nosotros mismos podríamos haber evitado o cambiado.

No hay satisfacción mayor que arreglar un problema, mal entendido o una discusión empezando con un “lo siento” y terminando con un “gracias”.

Cuando damos amor, comprensión, respeto, cariño, aceptación… la vida nos lo devuelve multiplicado. Haced la prueba y ya me contareis.

Muchos de nosotros queremos o quisiéramos ayudar a los demás. Para poder llegar a ayudar a alguien a sanarse primero tenemos que habernos sanado nosotros. Y eso no es tarea fácil ya que debemos reconocer que somos responsables de todo lo que proyectamos en los demás. Debemos perdonarnos por todo sentimiento de culpabilidad que tengamos. El perdonarme a mí misma no significa que soy culpable sino que estoy tomando completa responsabilidad.

Muchos nos preguntaremos: Pero esto puede llevar una eternidad. Todo depende de cuánto tiempo deseemos aferrarnos a nuestros apegos, ideas, valores, conceptos y creencias. Para poder cambiar una actitud primero tenemos que deshacernos de la creencia que la alimentaba. Cambiar nuestro sistema de pensamiento. Si mis creencias siguen siendo las mismas, mi comportamiento no podrá cambiar ya que nos compartamos en base a lo que creemos y sentimos.

Hay ocasiones en que nos sentimos víctimas por como los demás nos tratan. Hay jefes autoritarios, maridos poco sensibles, madres criticonas, padres agresivos, novios ausentes, amigas interesadas, profesores exigentes… En nuestras manos está el seguir viéndonos como víctimas o por el contrario darle un giro y empezar a sostener a los demás. Si lo miramos bien, las personas que nos tratan “mal” son víctimas de su propio mal estar e infelicidad. Una persona feliz no quiere ni puede tratar mal a otra. Mantenernos en el papel de víctima, en ocasiones, no es más que una estrategia para hacer sentir culpable al otro. Nuestro comportamiento es una representación externa de una condición interna. Repito: Cuando nos sentimos mal, actuamos mal. Por tanto, cuando nos sentimos bien, actuamos bien. Si cambiamos la creencia de que somos las víctimas y lo empezamos a ver de este otro modo, podremos empezar a hacer sentir a la gente bien y veremos cómo se empiezan a comportar de un modo muy distinto con nosotros. El Amor es lo único que cambia y sana a las personas. Nadie es inmune a una muestra de Amor, nadie. Esto no significa que tengamos que sostenerlo todo de todo el mundo. Podemos dejar de relacionarnos con alguien si esa es nuestra elección. Lo que me gustaría enfatizar es el  hecho de dejar de ser víctimas de nuestra propia creencia. La verdad suele amenazar lo que preferimos cree.

Quiero compartir este escrito sobre el mecanismo de defensa de la proyección (el cual yo solía usar mucho inconscientemente) con respecto a lo que he aprendido de la relación con mi querido compañero de vida, mi pareja y padre de nuestros 3 maravillosos hijos, Andreu.

Gracias por enseñarme esa parte de ti que no me gusta de mí.

Lo que veo en ti me ha ayudado a ser mejor persona.

Gracias por hacerme ver y haberme ayudado a darme cuenta de que aquello que veo en ti es lo mismo que, a veces, no veo en mí o que no me dejo ser.

Tu desorden me ayuda en mi orden.

Tu poca constancia me ayuda a ser más constante.

Tus excusas me hacen querer responsabilizarme de lo mío.

Tus perdidas de control hacen que yo no quiera perder el mío.

Tus silencios me conectan con mi necesidad de Paz y tranquilidad.

Tu timidez me ayuda a ser más prudente.

Gracias por permitirme sanarme con lo que no me gusta de ti.

Estoy aprendiendo mucho de mí misma a través de lo que veo en ti.

Gracias por ser auténticamente imperfecto.

Te quiero con toda mi alma.

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