¿Qué es la sombra? ¿Por qué mandamos parte de nuestro ser esencial a la sombra?

 

Si no se nos ha amado como hemos necesitado siendo niños y no fuimos aceptado/as incondicionalmente por ser quien éramos no habremos podido desplegar todo nuestro ser esencial ya que relegamos esas partes no aceptadas o no acompañadas a la sombra. Carl Jung fue quien le dio el nombre de sombra a todo lo negado y reprimido de nuestro ser esencial.

Si mamá no ha podido satisfacer nuestras necesidades más básicas ni pudo fusionar o sentirnos, ni conectar emocionalmente con nosotras habremos mandado gran parte de nuestro ser esencial a la sombra. Lo que solemos mandar a la sombra es:

  • Nuestros miedos
  • Nuestra vitalidad y seguridad
  • Nuestro ritmo y registro interno
  • Parte de nuestra sexualidad quedará reprimida
  • Nuestra motricidad
  • Nuestra curiosidad, motivación, pasiones
  • Nuestra creatividad, habilidades
  • Nuestros intereses, opiniones, gustos
  • Nuestra personalidad

Muchos de nuestros miedos no fueron tenidos en cuenta ni recogidos ni validados. Todos esos miedos quedaron sin resolver por tanto los tuvimos que mandar a la sombra para poder sobrevivir.

De niñas defendíamos a mamá y pensábamos que no debíamos tener miedo y que estábamos equivocados sintiendo eso.

Todos esos miedos se acaban desplazando cuando somos adultos. Podemos tener miedo a las alturas, a la oscuridad, claustrofobia, miedo social, miedo a conducir, a cruzar un puente…

El miedo infantil reprimido y no gestionado ni acompañado por mamá buscará la forma de salir aunque sea de forma desplazada.

Nuestro sentimiento de seguridad, de ser merecedor e importante también suele quedar en la sombra ya que no nos hemos sentido tenidas en cuenta y nuestras necesidades no fueron satisfechas.

Nos  quedaba el mensaje de no valgo, no merezco, no importo, no soy lo suficientemente bueno o buena. Seguiremos defendiendo y justificando a mamá y nos sentiremos culpables o no merecedores si mamá no nos da aquello que legítimamente necesitamos.

La Ley de la Naturaleza es que se nos ame y acepte tal como somos pero la realidad es otra muy distinta.

El niño o niña no puede ver o pensar que mamá no es madura emocionalmente o que no ha podido darnos todo eso que necesitábamos. El niño idealiza a mamá, la defiende y la justifica y piensa que si mamá es hostil con él o ella es por qué él lo merece.

De niñas dejamos de escuchar y conectar con nuestro ritmo y registro internos porque pensamos que estábamos equivocadas necesitando y sintiendo eso. Si mamá no podía satisfacernos ni acompañarnos en nuestro ritmo de comer, dormir, jugar… nos desconectamos y empezamos a estar alineadas a mamá. Mamá inconscientemente nos somete.

Cuantas veces nos dio prisas, nos obligaba a comer sin hambre, o nos hacía esperar porque aún no era la hora, nos decía que era hora de dormir aun sin que tuvieras sueño, nos tenía en casa cuando necesitábamos aire fresco o salir a jugar…

Escuchar el ritmo interno es vital para luego de mayores poder saber quién somos, qué necesitamos, qué nos gusta y poder tomar nuestras propias decisiones con seguridad y sin la necesidad de aprobación de los demás. De adultas se nos olvida todo eso que necesitábamos de niñas y caemos en adicciones.

¿Cuántas seguimos haciendo lo que se espera de nosotras aun sin ser nuestro deseo?

Si de niños no se nos escuchó, ni se nos respetó, también habremos mandado ese ritmo y registro interno a la sombra provocando una desconexión total o parcial con nuestro ser esencial.

La forma en que mamá nos ha hablado de la sexualidad y la relación que ella ha tenido o sigue teniendo con su cuerpo nos habrá influenciado mucho en nuestra posterior represión sexual y nuestro lívido.

Solemos mandar parte o la totalidad de nuestro lívido a la sombra cuando el sexo, la menstruación, el cuerpo y todo lo relacionado con la sexualidad han sido tabú o no nombrados en infancia o adolescencia.

Nuestro grado de lívido también está muy relacionado con la relación que tuvimos con mamá de bebes y primera infancia. Tendemos a desplazar nuestro lívido hacia el deporte, el arte, la lactancia y la maternidad o el trabajo.

Muchos hemos tenido que reprimir gran parte de nuestra necesidad motriz siendo niños.

Esa necesidad física también se suele mandar a la sombra y luego siendo madres no podemos o no sabemos cómo gestionar la necesidad motriz de nuestros hijos.

Solemos descontrolarnos cuando ellos pierden el control y nos cuesta acompañarles y entenderles o respetarles.

Si nuestra necesidad motriz no fue acompañada, tenida en cuenta ni validad es probable que tuvieras problemas de aprendizaje u otros relacionados con la memoria o la concentración. Tener que reprimir el cuerpo requiere de mucho control neuronal que luego afecta a otras zonas.

Mario Alonso Puig y Ken Robinson hablan mucho sobre esta necesidad básica de movimiento para el buen funcionamiento emocional del cerebro.

Dependiendo del grado de abuso emocional ejercido por mamá y su capacidad de conectar emocionalmente con nosotras, habremos tenido que mandar a la sombra gran parte de nuestra curiosidad, motivación, creatividad, intereses, opiniones, pasiones y habilidades.

Si teníamos que satisfacer a mamá, obedecer y ser cómo ella quería que fuésemos no habrá habido lugar para ser nosotras mismas.

Cuanta más sombra más desconexión, dudas, inseguridades y confusión habrá con nuestro verdadero ser. Pensaremos: “No sé quién soy, no sé lo que quiero, no sé cuál es mi función o propósito aquí…” 

Una vez podamos tomar conciencia de todo eso que NECESITÁBAMOS y no OBTUVIMOS podremos recuperar parte de nuestra sombra.

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Recuerda, tus deseos son los que vienen de tu esencia y por los que estoy segura estas aquí leyendo esto…

Puedes decidir escuchar a tu corazón, seguir tus sueños y deseos y encaminarte hacia la vida que quieres conseguir de mi mano y de mi equipo. ¿Te unes?

 

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