Sanar la Herida Primaria (SHP) para llegar a ser la madre o padre que tus hijos necesitan.

NOTA: Este es cuarto artículo de una serie de 5 en donde hablaré sobre la importancia de nuestra actitud en la futura sexualidad de nuestros hijos. También nos ayudará a comprender mejor la nuestra.

Aquí tienes los 3 primeros:

Tenemos nuestra propia sexualidad reprimida, lastimada, confusa por nuestra propia historia personal, por nuestras carencias, nuestros vacíos, nuestra sombra, nuestros abusos y por un gran sentimiento de soledad y culpa.

No nos damos cuenta de que todo empezó hace mucho: cuando éramos niñas.

La exploración genital, por ejemplo, era vivida desde la culpa o desde el pecado. Pensando que era algo sucio y malo. Pocos adultos podemos acompañar a nuestros hijos desde un lugar respetuoso, seguro, libre de juicios y críticas. Si alguna vez hemos visto a nuestro hijo o a nuestra hija de 5 o 6 años tocarse o rozarse nos abruma y no sabemos qué decir ni cómo actuar. El modo en que fuimos nosotras acompañadas nos habrá dejado huella.

Quizás no te has masturbado nunca pensando: “Yo nunca haría tal cosa”. Quizás eres de las que se masturba de vez en cuando aun teniendo una relación de pareja satisfactoria y sientes vergüenza o culpa. Quizás eres de las que vivimos nuestra sexualidad sanamente.

Descubrir nuestro cuerpo es algo natural y darnos placer también. Si nuestra hija se toca en “publico” le podemos explicar que eso es algo íntimo y personal y que mejor “hacerlo” en privado.

La llegada de la menstruación puede haber sido un momento clave en nuestra vida:

  • ¿Había intimidad emocional con tu madre?
  • ¿Viste a tu madre cambiarse teniendo la menstruación?
  • ¿Se quejaba de que le dolía?
  • ¿Te habló de su primer día con la menstruación?
  • ¿Has hablado alguna vez con tu madre sobre su primera relación sexual o sobre la tuya?
  • ¿Cómo te acompañó en tu primer día?
  • ¿Qué fue lo que te dijo?
  • ¿Cómo le llama tu madre a la menstruación?
  • ¿Cómo lo vivía ella? Era algo sucio, silenciado, negado, era tedioso, malo…

Cómo nuestra madre ha vivido su sexualidad y su menstruación nos habrá dejado huella también. Hay madres que ni tan siquiera la nombran por su nombre, sino que usan palabras diversas: “la cosa, la tía de Paris, estoy mala, el fastidio, la marea roja”…

La falta de intimidad y conexión emocional junto con la falta de comunicación sobre todos estos temas, nos habrá dejado confusas y con cierto grado de represión sexual.

Poder hablar sobre todos estos temas con naturalidad con nuestros hijos es vital. Cuando nuestros hijos nos preguntan sobre algo, suele ser porque ya están preparados para la respuesta. Fíjate, que un niño pequeño, cuando ve a su madre embarazada o a otra madre,  suele preguntar primero: “¿Por dónde salen los bebes?”. Cuando ya son más mayores suelen preguntar: “¿Por dónde entran los bebes?”. En ese momento ya están preparados para que les expliquemos todo el proceso. Podemos disfrazarlo con el típico: “la semilla de papá entra en mamá…” o podemos empezar por el principio: “Cuando dos seres se quieren hacen el amor y de esa unión nacen los hijos” o podemos decirlo directamente con toda naturalidad: “el pene de papá se introduce en la vagina de mamá…” Podemos ayudarnos de un libro si necesitamos un poco de guía. ¿Por qué nos suele costar contarles la verdad tal cual? ¿Cómo nos lo contaron a nosotras si es que de eso se podía hablar en casa?

Gran parte de nuestra represión sexual se remonta a la falta de sustancia materna.

Si mamá no nos respetó, ni nos complació, ni nos amó como legítimamente necesitábamos siendo niñas, no podremos amar, ni dar,  ni entregarnos a otro ser. Sólo se puede ofrecer y dar lo que se tiene.

Nuestra madre nos amó cómo bien pudo y nos dio lo que también tenía entonces, pero quizás no llegó a cubrir nuestras necesidades más básicas. La triste verdad es que muchas no obtuvimos los que necesitábamos.

No se trata de lo que dijo que nos dio, sino de lo que nos faltó según nuestra vivencia infantil. Tuvimos que mandar a la sombra (negar, anestesiar y congelar) nuestras necesidades primarias más básicas de contacto, de permanencia, de presencia, de ternura y de mirada. Dejándonos dependientes emocionalmente y anestesiadas y congeladas sexualmente. Ahí empezó a forjarse nuestra Herida Primaria.

Aprendimos a reprimir nuestros deseos, nuestros intereses, nuestros gustos, nuestras decisiones y nuestras opiniones. Cómo nos sentimos y cómo nos comportamos sexualmente, es un reflejo de cómo somos en otros ámbitos de nuestra vida.

Por ejemplo: ¿Tenemos iniciativa o nos dejamos hacer? ¿Le ponemos pasión o nos dejamos llevar por lo que toca? ¿Complacemos a los demás para sentirnos aceptadas o somos nosotras mismas a pesar de lo que el otro pueda pensar?

La otra cara de la misma moneda sería la promiscuidad. Muy típica en adolescencia y juventud. Entregamos nuestro cuerpo a cambio de un poco de mirada, aceptación y atención. Damos sexo a cambio de ternura. El otro nos ofrece ternura a cambio de sexo.

Solemos tener un encuentro intelectual con la sexualidad. No obstante,  nuestro cuerpo no responde desde el intelecto. El sexo y la sexualidad deberían ser la unión de dos almas y no solamente la unión de dos cuerpos.

NOTA: En el módulo 5 y 6 de mi curso online Sanar la Herida Primaria se aborda en profundidad nuestra sexualidad y la relación con nuestra pareja.

Sanar la Herida Primaria (SHP) para llegar a ser la madre o padre que tus hijos necesitan.

Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística

Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés

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