Cómo afecta la relación con la madre en nuestras vidas.

¿Por qué la madre es una figura tan importante en la construcción del individuo? ¿Cómo afecta la relación con tu madre en tu vida?

Así arrancaba hace poquito la entrevista que me hicieron en el maravilloso podcast de las dos psicólogas Clarissa Guerrero y Laura Pichardo, “Haciendo Limonada”. Y desde donde nace hoy este artículo tan necesario.

[NOTA: Las dos han sido alumnas mías de mis cursos online Sanar La Herida Primaria (SHP) y La Hija Que Fui La Madre Que Soy (HM)]

Te estaré hablando sobre: 

  • Cómo nos afecta la relación con nuestra madre.
  • Cómo darnos cuenta de lo que nos pasa e iniciar el camino de la transformación.
  • Qué lleva a los padres a actuar de una y otra forma.
  • Si es necesario o no perdonar para sanar.
  • Qué es lo más difícil de cambiar para ser una mejor madre.
  • Cómo podemos dar voz a nuestra niña interior cuanto antes.
  • Qué pasa con el niño interior de un hombre herido, ¿lo tienen más difícil que las mujeres para sanar?

Lo que comento aquí no es solo algo que yo particularmente nombro, sino que está basado en el propio diseño humano, biológico de una persona. En este caso, y atendiendo a esa pregunta, en el diseño biológico de un niño. 

La relación con la madre

Cómo influye la relación con la madre en nuestras vidas.

Ningún niño pide lo que no necesita.

Es decir, que hay algo en la biología infantil que hace que exista ese tipo de conexión y fusión con la madre, y que hace que el niño sepa por naturaleza que es SU FIGURA maternante más importante.

Un niño no pide o necesita a mamá por elección, sino por biología. 

Esto implica que la relación con nuestra madre nos va a afectar ”a pesar de”.

Muchas mujeres llegamos a la maternidad heridas emocionalmente o inmaduras porque no pudimos recibir de nuestra propia madre lo que necesitábamos o legítimamente merecíamos.

Hay una cadena transgeneracional que se va perpetuando de generación en generación: Nuestra bisabuela no le pudo dar a nuestra abuela lo que legítimamente necesitaba, por tanto ella tampoco pudo dárselo a nuestra madre, y finalmente nuestra madre tampoco aprendió a darnos lo que legítimamente necesitábamos y merecíamos de ella. 

Dar lo que no se tuvo duele. No obstante, dar lo que no se tuvo sana. 

En nuestras manos está el seguir perpetuando una generación más lo mismo o tomar conciencia y cambiar el final de la historia de nuestros hijos. 

¿Cómo te gustaría que fuera la madre de tus nietos?

Aprendemos a dar habiendo recibido lo que legítimamente necesitábamos. 

Aprendemos a escuchar y respetar a los demás y a nosotros mismos habiendo sido escuchados y respetados. 

Y finalmente, aprendemos a amar a los demás y a nosotros mismos habiendo sido amados incondicionalmente por nuestra madre.

Por tanto, (cuando somos niñas) no vale decir “yo no quiero que lo que mi madre me diga o me haga me afecte”, porque te va a afectar. 

La relación con la madre afecta a la autoestima, en la relación que tienes con tu cuerpo, con iguales, en las relaciones amorosas, en tu desarrollo profesional. Afecta de forma más o menos directa en todo en la vida y en las decisiones que tomemos. 

De modo que es vital revisar si la relación que has tenido y que sigues teniendo con mamá es sana. 

Si ha podido acompañarte en el juego, en tus pasiones, en tus hobbies, en todo lo que tiene que ver con la comida, la ropa, tus gustos, tus opiniones… o por ejemplo, le molestaba que fueras inquieta, que te movieses, que hicieses preguntas, que quisieras aprender esto y no lo otro, que no pensarás como ella… 

Si te ponían etiquetas de “mala comedora”, “bicho raro”, “mala estudiante”. Si necesitaba que siempre hicieras lo que ella quería. Si realmente te tenía en cuenta y te escuchaba. 

Una madre inmadura y abusiva emocionalmente suele criticar, juzgar  o cuestionar aquello que le cuesta sostener. Y una niña no es capaz de comprender eso. No es capaz de darse cuenta de si le ha tocado una madre más o menos madura emocionalmente. 

Lo que ve y lo que siente y lo que interioriza es que, si se mueve, mamá se enfada. 

Que si no se acaba el plato mamá le mira mal, que, si toca esto o aquello, mamá se molesta. Que si no se viste como mamá desea la rechaza o la ignora. Por tanto, la relación que hayas tenido con tu madre te habrá afectado y te va a afectar. 

No digo que ella sea mala persona, me refiero a la RELACIÓN que hayas tenido con ella. 

La verdad es que no existen solamente malas personas, sino personas a las que les han pasado demasiadas cosas malas. 

No obstante, esto no justifica cómo ella ha actuado con nosotras y cómo nosotras ahora actuamos con nuestros hijos. 

Siempre estamos a tiempo de darnos cuenta, tomar nuevas decisiones y llevarlas a la acción. Todas tenemos la capacidad de cambiar y mejorar nuestra vida y nuestra actitud con los demás. 

Desde ahí, es desde donde debes entenderlo y sentirlo. No desde la mirada de que existen personas buenas o malas. Sino desde la calidad de las relaciones que hayan tenido en su vida y que tú hayas tenido con ellas.

¿Qué es la herida primaria?

Tengo una frase muy controvertida, y que siempre que la digo levanta mucho revuelo. Permíteme que te la recuerde a ti también.

Si mamá falla, todo falla.

Y es así, haga lo que haga nos va a afectar en todos los sentidos, sí o sí. Nos guste o no. 

Te explico por qué.

Si mamá está, aunque y a pesar de que me fallen otras figuras importantes o determinantes de mi entorno.

Si mamá me valida, me nombra, me protege, me ofrece confianza e intimidad… Entonces estoy salvada, a pesar de lo que pueda suceder. 

No obstante, si mamá no está, no me acompaña, no me protege, no me defiende ante los demás, entonces estoy perdida. 

Necesitamos de la figura de mamá para poder desarrollarnos equilibrada y sanamente. 

Mamá nos confirma lo importantes y valiosas que somos. Y si merecemos o no ser amadas. Porque el hecho de que recibas eso de tu madre es tan poderoso que si fallan otros, no perpetuarás una herida tan grande como si lo hace tu propia madre.

Eso es a lo que se refiere la herida primaria, esa distancia entre lo que legítimamente necesitabas y lo que recibiste en la infancia y adolescencia.

A mayor distancia, habrá una herida más profunda.

Sabiendo que vivimos en una sociedad que nos lleva a desconectarnos de nuestras emociones, ¿cómo podemos tomar conciencia e iniciar ese camino de sanación del vínculo materno?

Siempre que termino algún directo en mis redes sociales, o hago una ponencia o conferencia, recibo esta pregunta masivamente, y en esta entrevista también me la hicieron.

Reconozco que en muchas ocasiones es como un grito desesperado de las personas que me han escuchado.

Se sienten tan removidas con mis palabras, que necesitan saber con urgencia QUÉ HACER para empezar a sanar o resolver todo esto de la herida primaria para no proyectar con sus hijos hoy.

Y fíjate, no hay un protocolo que tengas que seguir, unos tips o aprender a usar determinadas herramientas de crecimiento personal.

El PRIMER y único paso que para mí hace posible la sanación es REVISAR CÓMO ERES Y TE COMPORTAS HOY.

Revisar esa distancia emocional de la que te hablaba antes, entre lo que necesitabas y lo que verdaderamente recibiste.

¿Recibiste suficiente amor incondicional, complacencia, mirada, escucha, intimidad emocional, ternura, confianza… en tu infancia? ¿De mamá? ¿O recibiste demasiado juicio, crítica, castigos, chantajes, abuso, palizas, gritos, ignorancia, rechazo, insultos, soledad…?

No es necesario recordar detalles concretos de ese abandono, de esa soledad, de esa hostilidad. Lo verdaderamente importante es VER CÓMO TE AFECTA HOY EN DÍA todo eso que te pasó y te faltó. 

¿En qué tipo de persona te has convertido? Qué efecto ha dejado en ti.

Lo sabrás fijándote en: 

  • si a día de hoy alguna adicción,
  • si tienes trastornos de alimentación,
  • si deseas dejar a tu pareja, pero no puedes aunque te maltrate, 
  • si quieres dejar tu puesto de trabajo, pero no te atreves, 
  • si dependes emocionalmente de tu madre, 
  • si eres una persona insegura, con muchos miedos
  • si eres agresiva con tus hijos
  • si te tratan mal y lo permites, 
  • si te preocupa más lo que dice tu madre u otras personas que lo que tus hijos necesitan.
  • si no puedes tomar tus propias decisiones y tienes muchas dudas.

Si la respuesta es que SÍ, entonces hay herida materna, herida primaria o de infancia.

Cuando no te sientes segura, no eres capaz de tomar tus propias decisiones, porque de alguna manera, dependes de los demás. 

Así que recordando mis 4 PASOS PARA LA SANACIÓN:

  1. Tomar conciencia y aceptar tu verdad.
  2. Tomar decisiones conscientes diferentes.
  3. Comprometerte con la decisión que has tomado.
  4. Tomar acción. Sin acción no hay transformación.

El primer paso y por dónde empezar es este: DARTE CUENTA. 

Es ese click que hace que tomes consciencia. 

Yo sé que eso duele mucho y de hecho, muchas personas no pueden sanar porque darse cuenta es reconocer que sus padres no le dieron lo que necesitaban. Y esa es una verdad que duele demasiado. 

Lo sé, y lo siento desde lo más profundo de mi corazón. Pero hasta que no aceptemos nuestra verdadera verdad no podremos empezar a sanar. 

¿Tengo que perdonar a mis padres para sanar?

Muchas personas sienten que aceptar su verdad, reconocer que nuestros padres no supieron o no pudieron ni quisieron darnos lo que verdadera y legítimamente necesitábamos, es ir en contra de ellos y no honrarlos.

Puedes querer y aceptar a tus padres igualmente, sin negar, minimizar, justificar o tergiversar la verdad, la verdad no es buena o mala, simplemente es la que es. 

COMPRENDER HOY COMO ADULTA, te dará paz.

Comprender nos libera de la culpa. Ningún niño es culpable o responsable de lo que un adulto le dice o le hace. Y ese es el primer paso para empezar un proceso de transformación y sanación. 

Sin culparte.

Sin culparlos, pero sí responsabilizarles.

Sin victimismo.

Así te liberas de la culpa y la infelicidad.

Y ahora entonces, quizás te preguntes, ¿La comprensión lleva a la compasión, y la compasión lleva al perdón?

Probablemente sí, o no. A veces sí, pero no siempre. 

No es necesario perdonar para sanar. 

Pero si es necesario comprender.

Comprender libera, calma y nos ayuda a sanar los estragos de todo aquello que nos hicieron, dijeron y que tanto necesitábamos y nos faltó. 

Aunque no tengas recuerdos, aunque no puedas perdonar, si se puede revertir lo que ocurrió y puedes sanar.

No hace falta ni perdonar, ni recordar todos los detalles, ni honrar a tus padres a pesar de todo lo que pasó o te hicieron. Solo comprender. Tanto lo “malo” que te hicieron, como lo que no obtuviste.

Comprender nos ayuda a dejar de sentirnos culpables por lo que nos hicieron.

Comprender nos ayuda a dejar de vernos como “niñas malas”. 

UN NIÑO JAMÁS ES CULPABLE DE LO QUE UN ADULTO LE HACE

EL ADULTO SIEMPRE ES RESPONSABLE Y EL NIÑO VÍCTIMA

Porque lo que nos cuesta dar hoy, también tiene que ver con lo que tuvimos que reprimir, negar, anestesiar y mandar a la sombra. 

Nuestras necesidades, curiosidad, deseos, intereses, opiniones e incluso muchas de nuestras emociones…

Si tu ser esencial estuvo anestesiado, eso también causa una herida.

La soledad del alma infantil

¿Qué necesita una mamá para ser mejor mamá?

BAJAR AL SENTIR.

Ese sería el segundo paso para la sanación y la transformación.

Después de tomar conciencia, comprender desde la mente, la razón e intelectualizar toda esta información, es momento de bajar al sentir todo eso. No solamente comprenderlo a nivel mental, sino sentirlo, confirmarlo a nivel emocional. 

Mi especialidad como terapeuta humanista y formadora y mentora de profesionales en Crianza Consciente no es solamente quedarnos en el pasado dando vueltas. No insisto tanto en las vivencias o recuerdos del pasado. 

Una vez revisamos el escenario de infancia y adolescencia, y comprendemos de dónde realmente venimos y la gran distancia emocional que hubo entre lo que legítimamente necesitábamos y lo que verdaderamente obtuvimos, lo verdadera y únicamente importante es cómo reparar y sanar lo que ese pasado dejó aquí en el presente

Los estragos, el vacío emocional, las heridas, las inseguridades, los trastornos de alimentación, miedos, fobias, adicciones, agresividad…  Para no perpetuar así una generación más con los mismos patrones y el mismo dolor, esa si es mi especialidad.

ES URGENTE REPARAR Y SANAR NUESTRA HISTORIA DE VIDA 

PARA MEJORAR NUESTRAS VIDAS Y 

RELACIONES EN EL PRESENTE

Hacer terapia y sanar (con los cursos y talleres que ofrecemos) no es solamente hablar, recordar y trabajar sobre el pasado: nuestra infancia y adolescencia. 

Sanar es poder realmente llegar a tener la capacidad emocional ahora en el presente de cambiar nuestra respuesta a lo que nos pasa hoy debido a todo lo que nos pasó y faltó en un pasado. 

Poder responder de forma más amable, compasiva y amorosa y estar menos en el juicio, la crítica, la queja y actuar de forma menos impulsiva, agresiva y de forma tan insegura. 

Tampoco es necesario tener recuerdos de todo aquello ya que muchos los habremos olvidado. 

Olvidar ayuda al niño a sobrevivir. 

No obstante, como nos dijo Alice Miller: “El cuerpo nunca miente”. Y yo añado: “Porque el cuerpo nunca olvida”

Aunque nuestra psique haya borrado muchos acontecimientos, detalles y recuerdos, nuestro cuerpo SÍ lo manifestará en forma de miedos, inseguridades, asco, fobias, adicciones, violencia, trastornos de alimentación y un largo etc.  

Viendo qué nos pasa y cómo actuamos en el presente podremos saber muchas cosas de nuestro pasado. El pasado siempre nos acompaña en nuestro presente. 

Por este motivo, considero que lo más importante es tener la capacidad de poder hacer cambios en nuestro presente y no tanto el quedarnos “estancados” y atrapados años y años en procesos de terapia sin ver resultados en el presente. 

Comprender y sanar no deberían ser procesos largos. 

Lo que sí es de por vida es comprometernos en qué hacemos hoy, nosotros, con todo lo que ahora ya sabemos. Tomar responsabilidad, compromiso y acción, esto sí es de por vida. No vale relajarse… 

SIN ACCIÓN NO HAY TRANSFORMACIÓN

La relación con mamá es mi gran especialidad para cortar la cadena transgeneracional.

Es un proceso que va poco a poco, pero cuando hay comprensión las cosas se van revistiendo súper rápido, ya que el amor es la fuerza y la energía más sanadora que hay.

Esa es una de las razones por las que dejé el trabajo “one and one”, las terapias individuales, y aposté por el trabajo en grupo y también online. La fuerza del grupo es mucho más potente para esa recuperación y sanación. La experiencia así me lo ha demostrado después de más de 25 años de práctica profesional y por eso lo afirmo con tanta rotundidad.

Cuando soy honesta, me abro y muestro mi vulnerabilidad, ahí empieza la verdadera recuperación y sanación.

Aquí tengo un bonito artículo donde te hablo sobre cómo mostrar tu vulnerabilidad te fortalece y te conecta emocionalmente con los demás.

Así que si tu también te preguntas qué puedes hacer para ser una mejor mamá, tengo que decirte: 

EMPEZAR a serlo.  Esa es la otra palabra clave: simplemente EMPEZAR.

Mañana no te puedes levantar siendo otra persona, una mejor persona, pero si te puedes levantar con la voluntad de EMPEZAR a cambiar. De empezar a recorrer el camino para finalmente llegar a serlo. 

Comprender, interiorizar y bajar al sentir eso, es magia.

Sanar la relación con mamá

¿Qué será lo más difícil de ese cambio hacia ser una mamá mejor?

Lo que más nos va a costar y doler emocionalmente es dar lo que más nos faltó. Lo que más te va a alterar de tus hijos es precisamente lo que más puedes usar a tu favor para comprenderte, sanar y poder hacer cambios.

En mi caso, madre de 3 adolescentes, la adolescencia es una etapa retadora y complicada para una mamá como yo, con una herida materna tan grande, porque gran parte de mis heridas viene precisamente de mi adolescencia. Pero qué maravilloso es que lo que más me está abrumando de mi hija mayor, es lo que más me está ayudando a seguir siendo mejor persona.

Usemos a nuestro favor el malestar que cada hijo nos provoca para comprendernos más y mejor.  Aquello que te molesta tanto del otro, no habla tanto del otro, sino más de ti.

Yo también me altero interna y emocionalmente y me disgusto o me decepciono, y aún sigo cerca de mi niña interior para darle voz y calmarla para mantenerme en este camino transformador y de aprendizaje. 

No me dejan de pasar cosas, emocionalmente hablando. Soy una persona humana a la que le pasan cosas humanas y quien tiene emociones humanas. 

No obstante, lo que ha cambiado y mejorado es mi forma de responder y de actuar en esos momentos tensos. Ya no reacciono tanto de forma automática y reactiva a la defensiva. 

Hace años gritaba, juzgaba, criticaba, me enfadaba mucho, y necesitaba tener la razón. Hoy en día puedo hablar con más calma, con respeto, empatizo con el otro, valido, nombro aquello que me pasa a mi sin herir al otro, hablo de mis necesidades y emociones, pido amablemente lo que necesito y me sé retirar cuando veo que la situación me supera. 

También puedo respetar más los ritmos de los demás. 

Actualmente prefiero tener PAZ a luchar por tener la razón. 

Me hablo a mi misma, sí, esta señora de 51 años que parece tan fuerte y segura, tiene sus momentos de debilidad también, y sigo hablando con mi niña interior, la escucho y no la abandono nunca. 

Porque cuando la escucho ya no domina mi vida desde la rabia, el enfado o la frustración. 

Si no aprendes a escuchar y DAR VOZ A TU NIÑA INTERIOR la estarás abandonando por segunda vez.

Una primera vez fue cuando eras niña, ahí no era tu responsabilidad, sino la de tus padres y demás adultos de tu vida. Pero esta segunda vez, desde la adulta que hoy eres, sí es tu responsabilidad qué eliges hacer hoy tu con todo aquello. 

Como adulta necesitas lograr comprenderla, conectar con ella y dale voz, para dejar de perpetuar lo mismo a través de tus conductas y proyectando sobre tus hijos lo que a ti te hicieron o lo que te faltó y tanto necesitabas.

La maternidad lo pone todo de manifiesto.

Cuando somos madres no hay escapatoria. Todo sale. Toda nuestra sombra sale. Toda nuestra verdadera capacidad de dar y amar sale.

Todas nuestras heridas se manifiestan. 

¿Cómo podemos dar voz a nuestra niña interior herida?

Le das voz escuchándote y dándote tiempo. Aceptándote, siendo paciente contigo misma y pasando tiempo a solas contigo misma. 

Estamos en el hacer continuamente, y mientras hacemos y hacemos evitamos SENTIR, porque cuando sentimos llega el miedo, la inseguridad, el vacío emocional, la necesidad de tapar nuestras emociones y malestar interno con comida, alcohol, tabaco, redes, etc…

Desconectas de tus verdaderas necesidades para llenar ese vacío emocional.

Por eso escribí mi libro “Dar Voz al Niño”. Es un libro para dar voz a todos los niños. A los niños de nuestra vida y a los niños que fuimos. 

Con “dar voz” no me refiero solo a las palabras, me refiero al ser esencial.

A la personalidad de cada uno, a los más artistas, motrices, reservados, homosexuales, delgados, gorditos, bajitos, ágiles o no… A dar voz a nuestros deseos, intereses, opiniones, gustos… A nuestro verdadero ser esencial, la persona que hemos venido a ser. 

Cuando devenimos adultas, entonces ya habita una niña interior herida en nosotras porque no recibió lo que necesita. De adulta eres responsable de esa niña, de qué eliges hacer tú ahora con todo aquello que te pasó o te faltó.

Es una decisión consciente.

  • No todos los que hemos recibido palizas, damos palizas. 
  • No todos los que fuimos abandonados, abandonamos. 
  • No todos los que fuimos abusados, abusamos. 
  • No todos los que fuimos rechazados o ignorados, rechazamos o ignoramos. 

No obstante, todas las personas que sí hacen eso, no vienen precisamente del amor, del respeto y la escucha. Vienen de infancias dolorosas. 

Recuerda, no hay malas personas, sino personas a las que les han pasado demasiadas cosas malas durante su infancia y adolescencia. 

Muchas personas hacen lo que les hicieron, y ahí es donde muchas llegan a mí. No soportan repetir esto con sus propios hijos. 

Es posible revertirlo dándole voz a tu niña interior. Todas tenemos la capacidad de cambiar, sanar y transformar nuestra vida. 

La inconsciencia también es una decisión, no hacer nada al respecto, es decidir no hacer nada. No obstante, si no hace nada, nada nuevo o diferente puede pasar. 

El tiempo no lo cura todo. Emocionalmente el tiempo puede empeorar mucho las cosas. El tiempo hace que todo esté más tapado, arraigado, más enquistado y cada vez puede llegar a costar más reparar y sanar. 

Así que lo verdaderamente importante es qué haces tú ahora con esto que ya sabes.  

¿Qué pasa con el niño herido de un hombre? ¿Lo tienen más difícil para sanar que las mujeres?

Biológicamente no somos iguales, pero emocionalmente sí lo somos.

A nivel heridas emocionales, a un niño, hombre, le hieren las mismas cosas, pero transgeneracionalmente, recibimos unos mandatos, unas creencias diferentes.

El hombre no se puede permitir llorar, la violencia es más activa en el hombre, mientras que la mujer es más pasiva por lo general, ignora, humilla, tergiversar, silencia… 

El hombre es más de pegar y gritar y abusar. No obstante, hay violencia pasiva y activa por ambas partes. 

Incluso en las adicciones, la mujer es más adicta a la crítica, a la queja, a la comida… parece una adicción más sutil que la de los hombres, donde es más fácil ver casos de adicción a alcohol, drogas, pornografía…

El discurso de un hombre llega a ser el de “mi padre me pegaba por mi propio bien, no he salido tan mal”. Pero lo cierto es que no tiene ni idea de lo bien que podrían haber salido sin esas palizas.

También he atendido casos de hombres con una energía femenina maravillosos. Y quienes son realmente conscientes. La resistencia del hombre siempre está más visible, pero cuando hay verdad y conectas con aquel niño, ves procesos de sanación muy potentes.

Por lo general, siempre hay más mujeres estudiando, leyendo y formándose y practicando sobre temas de crecimiento personal, crianza y educación consciente y niño interior.

En mis cursos, talleres y conferencias tanto virtuales como presenciales siempre hay un 70/80/90 % de mujeres. Cada vez trabajo con más hombres, pero aún son minoría. 

He llegado a ver hombres maduros de 40 años y 80 kilos, sentir, llorar y conectar con sus niños interiores de forma increíble. 

El mejor consejo para las mujeres que desean empezar a practicar una crianza más consciente y respetuosa. 

A esas mujeres que quieren empezar a sanar su niña interior, y practicar una crianza consciente y educación emocional, les diría que pueden empezar de momento solas, tomando consciencia de cómo se sienten, cómo son y cómo actúan hoy. 

Pueden leer mi libro “Dar Voz al Niño”. Ver todo el contenido gratuito que comparto en mis redes, canal de youtube, podcast, leer más artículos como este. 

Rodearse de otras madres o personas con la misma visión. 

Quizás no logren sanar del todo solas, ya que si todas pudieramos solas ya lo habríamos logrado. No obstante, empezar, sí podemos empezar todas solas y luego elegir con quien seguimos trabajando en caso de necesidad. 

Y quizás, luego será el momento de tomar algún curso o taller conmigo. 

Ya sabes que yo y todo el equipo del Instituto Yvonne Laborda estamos aquí para apoyarte, acompañarte y ayudarte en tu proceso de superación personal. 

¿Qué parte de ti es la que menos te gusta? ¿Qué deseas cambiar o mejorar?

Toma buena nota de todo. Sé honesta contigo misma. 

Lo verdaderamente importante es que tomes conciencia. Luego. tomes alguna decisión consciente diferente y te comprometas con ella y la lleves a cabo. 

Quienes hacemos cosas diferentes, obtenemos resultados diferentes. 

Quienes nos atrevemos a hacer algo extraordinario, vivimos experiencias también extraordinarias. 

Medita, haz yoga, pinta, camina, sal a correr, toca un instrumento, cocina, haz algo manual con tus manos, lee, escribe, escucha música, haz deporte o ejercicio, pasa tiempo en la naturaleza, hazte voluntaria, estudia, ora… 

Ponte en acción para tomar consciencia.

Toma una decisión consciente, acércate a personas que ya son o viven como te gustaría, pero sobre todo comprométete con tu niña interior y contigo misma.

Haz un cambio pequeñito para que lo puedas mantener en el tiempo hasta convertirlo en una auténtica transformación. Y luego otro, y luego otro… 

Cuando más pequeño sea el cambio, más fácil te será poder mantenerlo en el tiempo. 

Yvonne Laborda es, siente, piensa así:

Ahora, para terminar, me gustaría compartir contigo 5 aspectos de mi ser esencial que me invitaron a compartir Clarissa y Laura al final de la entrevista:

  • UN RECUERDO DE MI NIÑEZ: Los míos son bastante hostiles.
  • ALGO QUE ME PROVOQUE RISAS: Bailar con mis hijos.
  • ME PARECE INSOPORTABLE: Las quejas y justificaciones de mi pareja.
  • LA MUJER ES: SOMOS MARAVILLOSAS
  • LIBERTAD SIGNIFICA: Poder SER uno mismo.

Es mucho más fácil escuchar, respetar y amar a un niño que sanar a un adulto que no lo fue.

Quizás hoy has EMPEZADO tu sanación leyendo este artículo, y yo te invito a continuar con mi ebook gratuito “LOS 10 PASOS PARA SANAR TU NIÑA INTERIOR”. Únete a mi comunidad de madres conscientes y descárgalo GRATIS.

Siempre te estaré esperando en mi curso SHP, entra solo cuando estés lista.

Si te ha ayudado e inspirado, ayúdame a que este mensaje llegue a más personas.

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