Sanar la Herida Primaria (SHP) para llegar a ser la madre o padre que tus hijos necesitan.

Sexualidad Infantil (2): Respeto por su cuerpo: Dar besos y abrazos.

NOTA: Este el segundo artículo de una serie de 5 en donde hablaré sobre la importancia de nuestra actitud en la futura sexualidad de nuestros hijos. También nos ayudará a comprender mejor la nuestra.

Aquí tienes el primero y el tercero:

 

Muchos niños, aún hoy en día, se sienten obligados por sus padres y demás adultos, en muchas ocasiones, a dar besos o abrazos a otros adultos cuando en realidad no les apetece.

No somos realmente conscientes del mensaje que reciben cuando necesitamos que nuestros hijos cumplan las expectativas de los demás, ¿qué es lo que les llega a nuestros hijos, cuando se ven forzados a un contacto físico que no desean con un adulto?

No aceptamos un “no me apetece” o un “no quiero ahora”. Nos importa más lo que un adulto pueda pensar de nuestro hijo, o de nosotros, que lo que nuestro hijo siente o necesita en ese momento.

Hay muchas formas educadas de saludar a un adulto sin tener que dar un beso o un abrazo, aunque sea un familiar cercano. Podemos sonreírle o mirarle o decirle algo agradable. No necesariamente tenemos que tener un contacto físico si no lo deseamos de verdad.

Sé de una madre que en una ocasión me comentó que ella no podía besar ni tocar a su suegro. Le provocaba una especie de rechazo. No le gustaba su aspecto, ni su olor y tampoco como la miraba y le hablaba. Imaginemos ahora que algún otro adulto la forzará a abrazarle y besarle. Solemos tratar a los niños de un modo que nunca trataríamos a un adulto. Nunca he oído a un adulto decirle a otro adulto, por ejemplo: “¡Que no me das un beso!, sino me das un beso no te invito a un café”. O aún peor, que un tercero le dijera a un adulto. “¿Cómo no le das un beso a María? Con lo mucho que te quiere”.

A los niños no siempre les apetece que un adulto toque su cuerpo (sus mejillas, su pelo, su culo…) o les bese sin su consentimiento. Al igual que nos pasa a los adultos. Besarnos y tocarnos debería ser una elección y no una obligación. Repito, hay muchas formas de ser educado (socialmente hablando) y de saludarnos sin tener que aceptar un contacto físico no deseado.

Lo que un niño introyecta (interioriza-piensa-cree) es:

  • No importa lo que yo quiera, desee o sienta.
  • Lo que los demás quieren de mi es más importante.
  • Debo satisfacer a los demás.
  • No puedo decidir por mí mismo.
  • Soy responsable de que los demás estén felices.
  • Debo demostrarles mi afecto de la manera en que ellos quieran.
  • Mis necesidades no importan.
  • Debo obedecer para que me quieran.
  • A mamá le importa más lo que digan los demás que lo que yo deseo, siento o necesito.
  • Los adultos pueden tocarme sin mi consentimiento.
  • Mi cuerpo no me pertenece.

Precisamente, todo esto es lo que NO queremos que piense o haga un adolescente con su sexualidad, ¿verdad? Queremos que decida con responsabilidad. Que tome decisiones conscientes. Que se haga respetar. Que no se vea forzada-o a hacer nada que no le apetezca. Que esté lo suficientemente empoderada-o para decir “no quiero” en caso de necesidad. En el módulo 5 de mi curso online: Sanar la Herida Primaria trabajamos mucho esta parte del vínculo  con nuestro cuerpo y nuestra sexualidad actual.

Si realmente queremos eso para nuestros adolescentes, quizás deberían poder empezar a decidir si desean o no besar a un desconocido o a la abuela o incluso a nosotras. Primero deben sentirse respetados por nosotras, y los demás adultos, para poder hacerse respetar siendo adolescentes.

La educación, o la amabilidad, no se miden por los besos que se dan. Una sonrisa o una mirada pueden resultar más agradables que un beso entregado por obligación. Una muestra de afecto no se puede exigir, si nos sentimos obligados deja de ser una muestra de afecto genuina.

Es de vital importancia dar voz a nuestros hijos delante de otros adultos en situaciones como estas. Podemos decirles o explicarles que a nuestro hijo no le apetece dar un beso hoy y que nosotros respetamos esa decisión. Podemos validar el malestar de los abuelos, por ejemplo diciendo: “Entiendo que te puedas sentir mal cuando Miguel no desea dar besos, pero no queremos obligarle. Quizás en otro momento le apetezca”.

Darles voz les empoderará para cuando estén solos o en de que se vean en alguna situación forzada. Repito, podrán decir “no quiero” y poner un límite si anteriormente su cuerpo y sus decisiones han sido respetados.

Si no somos capaces de aceptar o entender que un niño no desee darnos un beso es un problema nuestro.

  • ¿Qué nos pasa a los adultos?
  • ¿Con qué conectamos cuando un niño rechaza darnos un beso?
  • ¿Quizás no fuimos respetados, ni tuvimos voz siendo niños y por eso hoy dependemos de las muestras de amor de los demás?

Respetar sus cuerpos también sería:

  • Aceptar cómo quieren peinarse o vestirse.
  • Peinarlos o cepillarles el pelo con cariño.
  • Preguntarles si quieren que les cortemos o no el pelo.
  • Respetar su estilo propio.
  • Pedirles permiso cuando queremos ducharles. Llega un momento que quizás no desean que les toquemos o que estemos presentes.
  • Aceptarles tal y como son en realidad.
  • Dejar de compararles.
  • Dejar de darles nuestra opinión sin que nos la pidan.

 

 

Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística

Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés

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