Al encuentro con tu niña interior: Qué es exactamente la niña interior y cómo conectar con ella.

Cuando alguien me pregunta cómo llegué hasta aquí, a dedicarme al mundo de la crianza, a formar a profesionales, mentorizar y acompañar procesos de transformación personal y profesional, empezaría diciendo que mi mayor “titulo” es que actualmente soy madre de 3 maravillosos adolescentes, Ainara, Urtzi y Naikari, y que este gran viaje de la niña interior empezó en mi propia infancia.

Así que en este artículo te estaré compartiendo: 

  • Cómo comenzó mi trayectoria profesional a través del reencuentro con mi niña interior y por qué fue decisivo en quién me he convertido hoy en día.
  • De qué manera la maternidad cambió mi vida y mi SER para siempre.
  • Quién es verdaderamente nuestra niña o niño interior y cómo nos acompaña y afecta, tanto si somos madres o padres como si no lo somos.
  • Cuál es el primer paso que nos permite iniciar un proceso de cambio, transformación y sanación de las heridas de la infancia.
  • Qué podemos hacer para conectar con nuestra niña o niño interior.
  • Cómo sanar algo que pasó en la niñez, aunque no lo recordemos.

Dónde y cómo empezó el encuentro con mi niña interior.

Yo vengo de una historia de superación personal muy importante, complicada, dolorosa y de una infancia donde hubo (un poco y mucho) de todo lo que un niño jamás debería experimentar y vivir. Y poco a poco, a los veinte años, tomé una de las decisiones más importantes en mi vida. Podría decir que esa decisión me salvó la vida y me permitió llegar a ser quien soy hoy. 

No me gustaba la persona en la que me estaba convirtiendo, no me gustaba como pensaba, como actuaba, dependía demasiado emocionalmente de mamá, había tenido una relación de pareja de mucha dependencia, etc.

No sabía por dónde empezar, solo quería cambiar, quería mejorar,  pero sí sabía, al menos todo mi ser así lo intuía, que algo tenía que ver mi trágica infancia en aquella persona en la que me estaba convirtiendo o en aquello que me impedía convertirme en quien verdaderamente había venido a SER. 

Yo no era en realidad esa persona insegura, dependiente, incapaz de tomar buenas decisiones… Yo sabía, desde lo más profundo de mi corazón, que mi verdadero SER estaba lastimado, necesitaba sanar, hacer algo, lo que fuera.

Ese día fue cuando empezó todo mi proceso de superación personal, con esa decisión de querer ser diferente que lo cambió todo, cambió el final de mi historia. Es ahí donde empieza el verdadero reencuentro con mi niña interior, y así es cómo siguió años después con mi maternidad. He hablado de ello en muchas ocasiones y puedes leer toda mi historia de superación personal aquí, si lo deseas.

Cómo la maternidad cambió mi vida y mi SER sin escapatoria.

A los 34 años fui madre por primera vez, casi 15 años después de que empezara mi propio proceso, y cuando ya pensaba que estaban resueltas y sanadas muchas cosas, como la relación con mamá, ex-parejas, asuntos de trabajo, miedos, creencias, inseguridades…, cuál fue mi sorpresa, que en la maternidad es cuando me dí cuenta de mi verdadera capacidad (más bien incapacidad) de dar y amar incondicionalmente a otro ser. Ahí me di cuenta lo que es amar a un ser y ponerse a disposición de esa criatura.

¡Cómo duele y cuesta dar lo que no se tuvo! 

Pero, ¡cómo sana!

Nada llena más (el corazón) que dar.

Desde la intención y la voluntad no había suficiente, me costaba mucho estar presente con mi primera hija, me ahogaba emocionalmente y mi niña interior era quien dominaba mi vida en ese momento, ella necesitaba huir de esa intensidad emocional. 

La Yvonnecita que en infancia había sido reprimida, acallada, negada, ignorada, maltratada…, no podía sostener todo eso. Era necesario que yo, la adulta, tomará acción y maternara a ambas, a mi niña interior y a mi hija a la vez. Mientras le ofrecía a Ainara, poco a poco, todo mi amor, mi calma, mi paciencia, mi presencia.., la Yvonnecita también se iba calmando. 

Con la maternidad no hay escapatoria, toda nuestra sombra sale, todas nuestras heridas se ponen de manifiesto. Ese bebé ha venido a mostrarnos lo que es verdaderamente amar incondicionalmente. 

Con las parejas, las amistades o el trabajo no es lo mismo, vamos lidiando con nuestra sombra y nuestras heridas, incluso las ignoramos en ocasiones y salen en forma de miedos, inseguridad, dependencia, trastornos de alimentación, adicciones… , pero en la maternidad, todo eso que aún no está resuelto o sanado de nuestra infancia, sale inevitablemente, se manifiesta a través de nosotras a pesar de nosotras. Es como que nuestra niña interior herida dominará nuestra vida a menos que tomemos conciencia de esas experiencias y heridas.  

Lamentablemente el pasado siempre está presente. 

Ese bebé, ese niño y ese adolescente que será después, pone de manifiesto nuestra verdadera capacidad de amar y de dar.

Y nuestra verdadera capacidad y madurez emocional tiene mucho que ver con lo que no obtuvimos, lo que nos hicieron, nos dijeron, con lo que nos faltó y, sobre todo, con lo que hicimos con aquello que nos pasó. ¿Qué fue aquello que sentimos dentro siento niños? ¿Qué fue lo que pasó dentro nuestro en la infancia?

Lo que más nos va a costar y doler DAR, es precisamente lo que más nos faltó.

El malestar que mis hijos podían generar en mí, nada tenía que ver con ellos, tenía que ver conmigo. Pero usé ese gran malestar a mi favor para cambiar, mejorar como persona, transformar mi vida y sanar a mi niña interior herida. Finalmente, terminé poniendo todo mi propio proceso de superación personal al servicio de las demás personas.

Tuve que sanar primero, maternarme, y darme cuenta de que… 

Dar lo que no se tuvo duele pero dar lo que no se tuvo sana y libera.

De ahí que crea firmemente en mi visión, misión y propósito de vida, que para mí es una convicción: 

Amando más y mejor a los niños de nuestra vida podremos cambiar el mundo en una sola generación.

Es posible crear una epidemia de niños respetados, escuchados y amados incondicionalmente.

Muchas madres pensamos que nosotras somos la generación del cambio, pero no, nosotros estamos para facilitar el cambio. Aún necesitamos sanar muchas heridas y romper patrones y cambiar creencias muy limitantes. Estamos  aquí para romper la cadena transgeneracional. El mundo aún necesita sanar y nuestros hijos son nuestra gran oportunidad. Estamos preparando a estos niños para la generación del cambio.

Viendo como una sociedad trata a los niños sabremos lo herida que aún está. Arrastramos un gran legado parental. Necesitamos un nuevo presente para crear un nuevo pasado y futuro para nuestros hijos. Estamos a tiempo de cambiar el final de la historia. 

Yo me prometí que iba a cortar la cadena transgeneracional de los “Laborda Sans”, y así ha sido. No más abusos, no más violencia, no más malos tratos, no más miedo, no más abandono, no más soledad…

Yvonne Laborda con su hija Ainara.
Yvonne Laborda junto a su hija mayor, Ainara.

Todos tenemos un niño interior, seamos o no, madres y padres. 

Cualquier persona, hombre o mujer, sea madre, padre, o no lo sea, puede realizar este trabajo de cambio, de transformación y sanación, desde ese encuentro con su niña o niño interior ya que todos fuimos hijos. 

Muchas personas me preguntan si mis cursos y talleres les serán útiles si aún no son madres o padres, y la respuesta es siempre un rotundo SÍ. Imagina hacer este trabajo para cuando tus hijos lleguen, o no, simplemente para poder sanar y llegar a ser quien realmente viniste a SER. 

No olvidemos que todos fuimos hijos y siempre habrá niños y adolescentes en nuestra vida a quien podremos ver, sentir y acompañar desde otra mirada. 

Cambiar, mejorar, sanar y transformar nuestra vida también nos convierte en mejores personas, más respetuosas, amables, empáticas y comprensibles con las demás personas de nuestra vida, ya sean niños o adultos. 

Yo hablo más sobre temas de la maternidad y paternidad porque mi mayor enfoque es la prevención practicando una crianza consciente. No obstante, yo siento y veo la crianza consciente como un camino para la toma de conciencia y la sanación de nuestras propias heridas de infancia. Pero sanar la niña o el niño interior es un proceso, un viaje para todos.

Recuerdo que los primeros artículos que escribí, y las primeras charlas, conferencias y talleres que me pedían eran sobre aprendizaje autónomo (unschooling), ya que nosotros somos una familia unschooler (nuestros hijos no han estado escolarizados) y en esos primeros años desde 2010, me enfoqué más en el aprendizaje autónomo, el respeto a los procesos naturales de aprendizaje y desarrollo, lo que posteriormente bauticé como crianza consciente.

Con el tiempo, vi y sentí la necesidad de ir un poco más allá, de ir al origen de qué es lo que verdaderamente nos impide poder acompañar, ver, sentir, criar y educar a los niños y adolescentes de nuestra vida como legítimamente necesitan para poder convertirse en los seres maravillosos que han venido a ser. 

En ese momento conecté profundamente con mi misión y propósito de vida: Poder lograr cambiar y mejorar el mundo en una sola generación. ¿Cómo? Simplemente amando más y mejor a todos los niños de nuestra vida. 

Y entonces fue cuando nació mi enfoque “las 4 raíces” para una crianza consciente que están desarrolladas en mi libro “Dar Voz al Niño”. 

Nuestras propias vivencias y experiencias de infancia, nuestras heridas no sanadas, nuestras creencias más limitantes, nuestros miedos y asuntos no resueltos se interponen a la hora de acompañar y comprender nuestras verdaderas necesidades humanas, especialmente las infantiles. 

Lo que de verdad más nos impide a los adultos (padres y madres) acompañar a los niños, es nuestra propia herida primaria de infancia, nuestro trauma infantil: heridas de infancia.

Para los que no son papás y mamás, sanar su niña o niño interior es una oportunidad maravillosa, y sino piensa cuántas veces nos emparejamos desde el vacío, desde la sombra, la demanda, desde la dependencia emocional… Eso pone de manifiesto cómo nuestras heridas de la infancia aún están abiertas. En la manera de relacionarnos con los demás.

Comprendiendo qué nos pasó y que nos faltó, comprenderemos más y mejor lo que nos pasa hoy.

Con la maternidad no lo puedes camuflar, pero con la pareja la puedes dejar y encontrar a otra persona, con el trabajo igual. Por eso muchas personas que no han trabajado en ese sentido antes, empiezan ese gran proceso vital con la maternidad o la paternidad. No pueden permitirse ser agresivos, gritar, pegar, huir de la intensidad emocional que sus hijos les genera. Saben y sienten que hay algo dentro que no está resuelto. 

Pero, ¿qué es verdaderamente la niña interior herida?

Qué es la niña o el niño interior herido, para las personas que me leen por primera vez.

Esto obviamente no significa que dentro de ti haya una niña, no, todos somos adultos. 

Lo que yo llamo la niña o niño interior herido que domina tu vida, son las vivencias y experiencias que viviste en tu propia infancia, adolescencia y juventud que no fueron resueltas. Todo lo que tuviste que reprimir, negar o incluso ignorar de tu ser esencial. Lo que molestaba tanto a mamá, papá y demás adultos de tu vida. Lo que tanto necesitabas y no pudiste obtener. 

Yo hablo de la herida primaria de la niña interior, que es la distancia emocional que hay entre lo que legítimamente necesitamos y merecemos como niños y como adolescentes y lo que en realidad obtuvimos.  

Lo que legítimamente necesitábamos son las necesidades biológicas universales, las que son parte del diseño humano, digamos que es lo que está escrito y nos pertenece como especie, como mamíferos que somos. 

Y esa distancia entre lo que necesitamos y lo que recibimos es la herida primaria de nuestra niña interior. Ahí nace nuestro vacío emocional, nuestras inseguridades, nuestras reacciones emocionales automáticas, nuestros trastornos de alimentación, adicciones, miedos, dependencia emocional y un largo etc.

Puede ser que simplemente tuvieras un papá o una mamá ausente o poco presente. A veces, hemos recibido mucha violencia activa, como palizas, peleas, o a veces simplemente ha sido una mamá muy ocupada, un papá que trabaja mucho y están ausentes, y es entonces cuando creemos que en nuestra infancia no ha pasado nada, que todo estaba bien, pero la realidad es que estábamos solos con unos padres demasiados ocupados. No había presencia, juegos, intimidad emocional… 

En ocasiones la peor vivencia no es aquello que nos pasó, sino precisamente lo que no pasó, lo que nos faltó y tanto necesitábamos de ellos. 

La herida primaria también son todas esas emociones reprimidas de rabia, frustración, impotencia, miedo, tristeza, pena... que sentimos en la infancia y que no pudieron ser escuchadas, reguladas, acompañadas ni validadas. 

Cuando estamos solos la sensación que tenemos es que no valemos, no merecemos, no importamos, que los adultos siempre tienen algo más importante que hacer que estar con nosotras. 

La herida, esa distancia emocional de la que hablaba antes, puede ser pequeña o abismal. A mayor distancia (entre lo que legítimamente necesitábamos y lo que obtuvimos) mayor será la herida de nuestra niña interior, más tristeza y más dolor habrá. 

Cuando tomamos conciencia de todo esto es cuando podemos empezar a sanar.

Y si lo que hubo fue mucha violencia, abuso, gritos, etc, entonces habrá también mucha rabia, frustración o furia en nuestro interior, todo queda reprimido dentro nuestro, todo queda almacenado emocionalmente en el cuerpo.

Si esa rabia, esa incomprensión, esa pena, tristeza o soledad, no fueron validadas, no hubo alguien que nos hiciera de testigo, si nadie lo nombró ni lo recogió, queda enquistado dentro. 

Aquí tienes un artículo precioso sobre ese ser maravilloso que habita en ti, tu niña interior, y cómo cuidarla.

La peor vivencia infantil y de juventud no fue lo que nos pasó o faltó, sino la soledad con la que tuvimos que vivirlo.

Cuando nuestros padres no han creado suficiente intimidad emocional (esta es una de “las 4 raíces”) ni confianza o comunicación, no podremos hablar con ellos. Ellos son quienes deben crear ese ambiente de complicidad, escucha activa libre de juicios y crítica para que podamos acudir a ellos en caso de necesidad y puedan protegernos, consolarnos, validarnos y darnos voz. 

Cuando no hay suficiente intimidad emocional en casa, en muchas ocasiones, tendremos que vivir nuestras experiencias más hostiles en soledad, ya que nadie parece preocuparse por mí, ni lo recoge, ni me comprende. Entonces, es cuando se queda registrado en nuestra piel emocional: no valgo, no merezco, no importo, lo suficiente. 

Eso es lo que más lastima nuestra autoestima y nos hace inseguras y dependientes. 

Quizás estás pensando que eso es imposible, porque fueron vivencias que pasaron hace 20, 30 años o más. Pero déjame decirte que las emociones no tienen tiempo. Quedan almacenadas en nuestro cuerpo emocional al reprimirse, negarse o incluso ignorarse.

Debido a esta gran represión emocional, durante tanto tiempo, nuestras emociones negadas en el pasado se activan, se actualizan y salen hoy, en el presente, descontrolada y desproporcionadamente, contra las personas equivocadas. Contra la pareja, los amigos, los hijos o contra nosotras mismas.

En forma peleas, necesidad de tener la razón, sentimiento de culpa, enfados profundos, rabia y furia desmedida. Incluso quizás comiéndote la uñas, con atracones de comida (trastornos de alimentación), con adicciones (fumar, beber…) para llenar el vacío emocional, con gritos y reacciones emocionales automáticas (REA) hacia otras personas que te rodean o hacia tus propios hijos. 

¿Te ha pasado alguna vez que reaccionas de una manera explosiva que ni te reconoces y que no entiendes por qué, ni de dónde vienen todas esas emociones internas tan intensas? Eso es debido a tanta represión y soledad. Es lo que yo llamo “actualización de las emociones”.

Yvonne laborda

Por qué necesitamos maternarnos a nosotras mismas para sanar.

Hablo de maternarnos porque es de niña cuando más necesitábamos a nuestra mamá, solamente fuimos víctimas de desamparo de niñas. De adulta ya no deberíamos sentirnos como víctimas, sino que deberíamos poder responsabilizarnos de todo aquello que nos pasó, nos hicieron o nos faltó y con esa toma de conciencia ver qué podemos hacer hoy con todo aquello.  

Es vital tomar decisiones y ponernos en acción para cambiar, mejorar y sanar. Puedes no hacer nada con eso durante toda tu vida y volverte tú también abusiva, ausente, agresiva, victimizarte… No hacer nada al respecto también es una decisión. Pero recogerlo, nombrarlo, validarlo y sobre todo aceptar nuestra verdad es lo que más nos liberará y sanará. No olvidemos que:

LO QUE NEGAMOS E IGNORAMOS ES LO QUE PERPETUAMOS

Puedes hacerlo sola, en compañía o pedir ayuda. A veces no podremos solas, si pudiéramos hacerlo completamente solas ya lo habríamos conseguido. No hay mejor forma de sanar que en tribu o de la mano de algún profesional, o con libros, cursos, talleres, terapia (individual o grupal), con yoga o meditación, escribiendo, caminando en silencio… A cada persona le ayudan cosas distintas. 

Sé que con un artículo como este habrá personas que hagan un click (toma de conciencia) tan importante y profundo que no necesitarán mucho más para empezar un camino de cambio y transformación o incluso sanación. Lo sé porque son muchas madres las que me escriben contándome cómo alguno de mis artículos, vídeos, podcast, ebooks gratuitos o mi contenido de redes sociales, Youtube y Podcast les han cambiado la vida (no es solamente mi contenido, mi mensaje y la información que comparto, sino lo que ellas han hecho con ello, su compromiso consigo mismas).

Pero otras muchas personas eligen un camino a partir de aquí para ser ayudadas, después de este “darse cuenta”. Cada historia, cada experiencia y cada trauma es distinto y requiere de decisiones y acciones distintas. 

No obstante, no olvidemos que quienes tomamos decisiones diferentes también obtenemos resultados diferentes. Y quienes nos hemos atrevido a hacer cosas extraordinarias también hemos vivido experiencias extraordinarias. Si no has conseguido aún los resultados que deseas o necesitas, entonces toca hacer cambios, toca tomar nuevas decisiones que te lleven a lugares nuevos. 

Pregúntate:

  • ¿Cómo me estoy sintiendo al leer esto hoy, ahora mismo? 
  • ¿Hay algo que se remueve dentro de mí con fuerza? 
  • ¿Siento incluso rechazo o tristeza?
  • ¿Me duele el alma y el corazón al leerlo?
  • ¿Me cuesta aceptar que esto también sea mi verdad, parte de mi historia?
  • ¿Hay una confirmación interna de algo que ya intuía? 

Yo te invito a que sigas buscando hasta que encuentres lo que llevas tanto tiempo deseando y necesitando. Busca aquello que te hace bien y te ayuda aunque al principio pueda crearte un poco de resistencia o te perturbe. Sanar también requiere de cierta incomodidad al principio. 

Cuesta aceptar la verdad, nuestra verdad. Duele darse cuenta que nuestras necesidades infantiles no fueron satisfechas como legítimamente necesitábamos. Cuesta aceptar que muy probablemente no fuimos amadas de forma incondicional como realmente esperábamos y merecíamos. Nos dieron lo que pudieron con lo que tenían y sabían en ese momento, pero este hecho no significa que como niñas y adolescentes obtuviéramos suficiente. 

Cuando algunas de mis lectoras y seguidoras me dicen: “Yvonne, es que (en ocasiones) me duele leerte y escucharte”, yo les suelo responder: “Entonces sigue leyéndome y escuchándome (un poco más ) hasta que deje de doler o te duela un poco menos ya que justo en ese momento empezarás a sanar”. 

Si no maternas, nombras, válidas o das voz a todas aquellas vivencias y prefieres negarlas o ignorarlas, debes saber que lo que niegas o ignoras, se perpetúa en el tiempo y en las próximas generaciones, como ha pasado con nuestras abuelas y madres.

Necesitamos llevar luz a nuestra sombra para poder tomar verdadera conciencia.

Pero si lo nombras, lo validas y lo recoges, lo estás aceptando. Estás aceptando tu VERDAD. Ese es el primer paso para poder cambiar, mejorar, transformar y sanar tu vida. 

La verdad no es buena ni mala, es la que es. Y aceptarla es el principio de todo cambio.

Olvidar ayuda al niño a sobrevivir, pero no ayuda al adulto a sanar. 

Cómo conectar con nuestra niña interior herida y cómo lo hice yo.

Es vital conectar y sentir a nuestra niña interior, ella nos necesita, lleva demasiado tiempo sola y desesperada. Ahora es nuestra segunda oportunidad para poder darle y ofrecerle lo que verdaderamente necesita y merece. Mamá y papá no pudieron cuando eras niña o adolescente, pero hoy desde la adulta que eres SÍ puedes ofrecérselo. No la abandones tú también, aún estás a tiempo. Todas estamos a tiempo.

Nunca es tarde para empezar a amarnos más y mejor. Cierra los ojos… y escucha tu voz interior… ¿no la oyes? Escucha atentamente… ¡Te está llamando! 

Puedes hacerlo desde la escritura, por ejemplo. Personalmente, escribir fue mi mayor terapia sin yo siquiera saberlo. Hoy ofrezco cuadernos de escritura terapéutica en todos mis cursos, talleres y formaciones profesionales por el gran poder terapéutico y sanador que tiene la escritura consciente y compasiva. Esos cuadernos te dan voz a ti misma. Fue la escritura terapéutica la que me salvó, literalmente, la vida. 

También trabajo mucho desde la meditaciones, y con el hecho de que alguien te haga de testigo en tu proceso, en este caso, soy yo la que hace de testigo a mis alumnas para sostener y validar lo que les ocurrió y acompañarlas.

Podemos tirar del hilo de muchos sitios y maneras diferentes para conectar con esa niña que fuiste. Créeme.

Pero si no la amas , la validas y la maternas, esa niña interior herida va a seguir dominando tu vida desde el desespero. Solo nos tiene a nosotras, y si no la escuchamos y la recogemos estará perdida para siempre. Nos necesita, te necesita, me necesita…

Es mi responsabilidad conocerme, entenderme y darme voz a mí misma.

Voy a compartir contigo mi propia experiencia, como fue mi manera de seguir escuchando a mi niña interior y poder salvarla, espero que te ayude a  inspirarte.

Cuando de pequeña yo era disléxica, todos se fijaban solo en mis errores al escribir. Cada vez que sentía una llamada a escribir algo se fijaban en cómo escribía y no en el hecho de que me gustaba comunicar y compartir lo que yo sentía, pensaba y mis reflexiones personales. 

Así que acabé abandonando esa idea, ese impulso, pensando que no valía ni sabía lo suficiente después de recibir siempre críticas, juicios y quejas sobre cómo escribía y no sobre qué escribía. Pero aún así, mi deseo o necesidad de escribir seguía dentro de mi. Escribía a escondidas, a veces desde la rabia, el odio, la pena, frustración, o incluso desde la nostalgia. Escribía cartas a papá, a mamá, a amigos, a mí misma…

Hoy sé que escribía para poder soltar, para regularme emocionalmente, para quizás no enfermar por todo lo que había vivido y reprimido. Escribía porqué todo mi ser me lo pedía y cuanto me alegro hoy de haberlo hecho entonces. 

No fue hasta el 2012, cuando ya tenía 41 años, que finalmente me atreví a escribir por y para los demás por primera vez. 

A mi me sanó escuchar a mi niña interior herida y darle permiso para seguir escribiendo y un día darle voz. Decirle, ¿qué quieres? ¿escribir? Pues vamos, yo te acompañaré, te ayudo, vamos juntas las dos.

El 2 de enero de ese año escribí mi primer artículo públicamente en Internet. Tardé más de una hora en darle al botón de “publicar”. Tenía decenas de libretas con escritos y notas mías de hace años, aún guardo algunas. Me encanta releer lo que escribía hace ya muchos años. 

El mejor regalo que un adulto puede darse es hacer este trabajo de conexión con nuestra niña o niño interior.

Aquí puedes leer la historia completa de cómo empecé a escribir en revistas y como una prestigiosa editorial vino a buscar mi primer libro para editarlo con ello. 

Yvonne Laborda con su libro "Dar Voz al Niño"
Yvonne con su libro «Dar Voz al Niño»

Cuál es el primer paso para reencontrarte con tu niña interior.

Todas y todos tenemos la capacidad de sanar, transformar y cambiar nuestra vida, pero el primer paso, es aceptar la VERDAD.

Y como decía antes, la verdad no es buena ni mala, es la que es.

Que no te de miedo reconocer que papá o mamá no estuvieron presentes como tú necesitabas, que no te de miedo aceptar que quizás hubo abuso, que hubo gritos, peleas, insultos, amenazas, castigos, ausencia….

En mi ebook gratuito “10 pasos pasar nuestra niña interior herida” puedes encontrar mucho apoyo y una guía para lograrlo. Muchas personas han conseguido sanar muchas cosas solo leyéndolo, y otras a las que les ha dolido mucho leerlo, porque sanar duele, pero también nos libera y nos permite poder llegar a ser quien vinimos a ser, para luego poder convertirnos en la madre o padre que nuestros hijos necesitan. Desde ahí han podido comenzar su camino de transformación.

Aceptar que papá o mamá no te pudo dar lo que necesitabas, y que mamá no te amo (incondicionalmente) como necesitabas, duele, lo sé. Tener que aceptar esto nos cuesta horrores. Pero si desde la adulta que eres hoy sigues justificando una y otra vez a mamá, te abandonas a ti misma por segunda vez.

Hay que pagar ese precio, transitar ese dolor, aceptar la VERDAD.

El último de los 10 pasos del ebook que puedes encontrar resumidos aquí, habla de comprender la verdad de mamá y papá. Porque si comprendes desde qué lugar fueron así contigo, no es para justificarlos y defenderles, es para no sentirte culpable. 

Ningún niño es culpable de lo que un adulto le hace o le dice. 

El niño nunca dejará de amar a papá y a mamá, deja de amarse así mismo y eso es lo que más daña la autoestima, lo que origina la dependencia emocional. Y a partir de ahí se daña todo el SER.

Sé que hay que estar preparado para oírlo, y no oírlo también es una opción. Lo podemos llamar huir o “aún no”. Pero si es “aún no” lo que sientes y te dices, es porque hay algo que resolver.

Y si queremos ser la persona que verdaderamente hemos venido a ser necesitamos sanar esas heridas. Necesitamos, al menos, tomar conciencia de que están ahí aunque no sea ahora el mejor momento para trabajar en ellas. No las niegues. 

Cómo sanar algo que pasó en la niñez, aunque no sepas qué pasó, y solo lo intuyes.

Recordar no es necesario para sanar.

“El cuerpo nunca miente”, como dice Alice Miller, a lo que yo añado, porque el cuerpo nunca olvida. Olvida la psique porque es demasiado doloroso y no lo puede aceptar. Y olvidar ayuda al niño a sobrevivir.

Y no te preocupes porque en la vida adulta, sea lo que sea que te pasó, se te pondrá de manifiesto, aunque no lo recuerdes. Lo que te dice tu cuerpo son señales, ¿qué te está diciendo? 

¿Sientes asco con determinadas actitudes o personas?, ¿huyes y te refugias con la comida?, ¿te masturbas compulsivamente?, ¿no sabes tu tendencia sexual?, ¿lo juzgas todo, reaccionas automáticamente y descontroladamente?, ¿gritas, pegas..?, ¿tienes muchos miedos?, ¿dependes aún de la aprobación de tu madre?, ¿son satisfactorias tus relaciones sexuales?, ¿trabajas en aquello que realmente deseas?, ¿sabes cuál es tu misión o propósito de vida?, ¿eres feliz en tu relación de pareja?

La reacción posterior de lo que estoy negando suele ser fuerte si lo que te pasó es fuerte.  Tu cuerpo lo manifestará en forma de miedo, timidez, agresividad, violencia, culpa, depresión, obsesiones…

No hace falta recordar con detalles todo lo que nos pasó o nos hicieron. Lo que trabajamos para sanar a tu niña interior es lo que te pasa ahora (lo que se manifiesta) con aquello que pudo ocurrir en el pasado. ¿Qué es lo que tu cuerpo hizo con esa experiencia? ¿Qué pasó dentro de ti? ¿Cómo lo viviste?

El dolor y las heridas van de padres a hijos hasta que uno está dispuesto a sentir ese dolor y sanar esas heridas.

YVONNE LABORDA

Recuerdo la historia de una mujer, en una de mis terapias individuales cuando las hacía, y que es algo que hoy también ocurre en las sesiones grupales online que dirijo de mis alumnas, que estaba obsesionada con recordar, y finalmente logró recordar varios detalles. 

Yo siempre le decía que recordar solo sería para su curiosidad, pero recordó con pelos y señales lo que verdaderamente pasó. Y eso se quedó ahí. Luego tuvimos que trabajar la soledad con la que tuvo que vivirlo, lo que le ocurrió y el hecho de que su mamá no la protegió. El trabajo que hicimos nada tuvo que ver con esa persona que abusó de ella, sino en cómo ella lo vivió, qué hizo ella, qué ocurrió en su interior y cómo todo eso se manifiesta hoy en su día a día. 

Recordar nos calma, nos alivia, nos ayuda a ordenar, pero solamente recordar y nombrar no es suficiente para sanar. Repito, podemos sanar aún sin tener recuerdos explícitos si trabajamos en el aquí y ahora. 

Lo vital es lo que te pasa hoy, si eres insegura, posesiva, si no puedes tomar decisiones… Pueden ser muchas cosas así, que parecen tan simples, pero que también vienen de lo que te ocurrió, de lo que obtuviste o de lo que te faltó y de lo que hiciste con ello, cómo te impactó y si tuviste que vivirlo en soledad.

No es tanto lo que pasó, sino la herida que quedó dentro de ti y cómo es tu comportamiento hoy, cómo se manifiesta a través de tu actitud.

¿Qué queda de aquello? ¿Qué falta por resolver?

Lo que cuenta es lo que tu decides hacer hoy con aquella experiencia.

Y recuerda, un niño que fue realmente amado incondicionalmente, escuchado, respetado, con el que ha habido contacto, ternura, etc, puede tener o sentir malestar, pero no se convertirá en una adulto abusivo, obsesivo o adictivo, No necesitará sentir rabia u odio contra su madre o su padre. 

Muchas personas adultas nos sentimos culpables por tener sentimientos hostiles o desagradables contra nuestros padres. No queremos estar con ellos, no nos apetece compartir o hablar con ellos y no entendemos por qué nos pasa esto. 

Si tenemos un sentimiento hostil hacia mamá o papá, casi siempre estará en equilibrio la hostilidad que recibimos con la hostilidad o malestar que sentimos hoy. El sentimiento hacía nuestros padres estará estrictamente relacionado con el trato que recibimos de ellos. 

Es legítimo que te sientas así.

Quizás hoy has EMPEZADO tu sanación leyendo este artículo, ojalá sea así, si necesitas profundizar más yo te invito a descargar el ebook gratuito “LOS 10 PASOS PARA SANAR TU NIÑA INTERIOR” del que te hablaba. Al descargarlo entrarás a formar parte de mi comunidad de madres conscientes con un regalo de bienvenida maravilloso.

Si te ha ayudado e inspirado, ayúdame a que este mensaje llegue a más personas.

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2 comentarios en «Al encuentro con tu niña interior: Qué es exactamente la niña interior y cómo conectar con ella.»

  1. Gracias! Lo que llore al leerte, claramente debo maternar mi niña interior. Estoy dispuesta a hacerlo, siento la necesidad de hacerlo, por mi y por mi hija.

    Responder
    • Gracias a ti Micaela! Qué bonita esa toma de conciencia, aunque duela. Sigue escuchando y leyendo por ese camino, si incomoda, es que es por ahí. Un abrazo.

      Responder

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