El peligro de la obediencia ciega en niños: ¿Quieres que tu hijo te obedezca?

Prefiero que mis hijos sean auténticos, ellos mismos, a pesar de que ello implique no ser siempre niños obedientes.

Yo siento esas palabras con honestidad en lo más profundo de mi corazón. ¿Y tú? ¿Cómo las sientes? ¿Te resuenan? ¿Te generan rechazo? ¿Quizás confusión? 

En este artículo lo iremos bajando al sentir poco a poco. Te estaré hablando sobre:

  • Qué pasa cuando un niño no obedece.
  • Una práctica para pedir algo a tu hijo sin amenazas.
  • El peligro de la obediencia ciega en nuestros hijos.
  • La realidad de esa obediencia en la primera infancia y adolescencia.
  • La línea que separa el respeto y la libertad de los hijos y dejar que los niños hagan siempre lo que quieren.
  • Cómo generar un clima de confianza con nuestros hijos si antes hemos sido autoritarios.
  • La toma de decisiones sensatas en nuestros hijos.
  • Obediencia versus conexión

Lo primero que desearía en este artículo es que nos fijemos en el significado de «niños obedientes». QUÉ ES SER UN NIÑO OBEDIENTE.

Ser obediente no es ser respetuoso y amable, ser obediente no es tener en cuenta al otro, no es pensar y empatizar y conectar con el otro. Tampoco es no cuestionar, ni opinar, ni reflexionar, sino simplemente hacer lo que me ha dicho otro que haga. 

Ser obediente es la nulidad del ser, que vaya aquí o allá, que hagas esto o lo otro, me esté sintiendo bien o no con eso que me han pedido, quiera o no quiera hacerlo, pueda o no hacerlo. Obedecer ciegamente es someternos al otro.  

Somos obedientes para obtener reconocimiento, mirada, estima de los demás. Y éste, es un amor y aceptación condicionados.

Cuando muestras amor y aceptación a tus hijos por ser obedientes, estás aceptando a tus hijos en la medida en que te satisfacen y cumplen tus expectativas no por quien realmente son, sino por lo que hacen o dejen de hacer. 

¿Qué pasa cuando un niño no obedece?

Pongámonos en este escenario.

Imagina que a un niño de dos o tres años le pedimos que recoja sus juguetes antes de irse a la cama. Quieres, necesitas, que te obedezca, a ser posible, sin rechistar.

Pero veámoslo desde la perspectiva biológica del niño, desde su vivencia interna infantil.

Un niño con dos años y medio, tres o incluso 4, está empezando a conectar con su verdadero ser esencial. No se conoce aún. 

Su preocupación es conectar con su ser esencial, jugar y satisfacer sus necesidades más básicas, emocionales, motrices…

Cuando un niño no obedece, no hace caso, no complace, el problema no está  en el niño, sino en qué le estás pidiendo, cómo se lo pides, cuándo se lo pides y con qué tono y energía se lo pides. 

Si está realmente conectado con su esencia, sus necesidades, su sentir y su verdadero ser no podrá simplemente parar y desconectarse de sí mismo para obedecernos. Quizás, en otro momento, si se lo decimos de otra forma, conectando más con él o ella, estaría más dispuesto o dispuesta.

Si con dos años le decimos a un niño “haz esto” y lo hace, sería una señal de alarma… 

Cuando el niño desobedece o no hace caso (según nosotros los adultos), es porque está profundamente conectado a sus necesidades en ese momento. Y esto es maravilloso. 

No piensa en que debe satisfacer al adulto… Siente su deseo, su pasión, su interés, su curiosidad y lo lleva a cabo. Es una lástima que los adultos no podamos conectar con ese ser esencial del niño. 

Para que un niño pueda conectar con nuestra necesidad, primero tiene que sentir la suyas muy satisfechas. 

Los adultos estamos en etapa de dar, acompañar, comprender… Y los niños están en etapa de recibir. Si hubiésemos recibido de niños lo que legítimamente necesitábamos no nos costaría tanto, hoy, poder ofrecerlo a nuestros hijos y demás niños de nuestra vida. 

Cuando decimos que el niño no hace caso, no nos damos cuenta de que muchas veces somos nosotros los que no estamos respetando ni sintiendo sus verdaderas necesidades, sino que solamente queremos satisfacer las nuestras. 

Para que nos “hagan caso” (obedezcan) necesitan conectar con nosotros, tienen que haberse sentido respetados primero ellos, para dar escucha tengo que haberme sentido muy escuchado. Por tanto, los niños muchas veces nos devuelven exactamente lo mismo que les hemos dado.

APRENDEMOS A DAR HABIENDO RECIBIDO, A ESCUCHAR HABIENDO SIDO ESCUCHADOS Y A RESPETAR HABIENDO SIDO RESPETADOS. 

Los niños no suelen hacer lo que les decimos o pedimos, sino lo que ven que nosotros hacemos.

Si lo que deseas es que te obedezca ahora, y obtienes su obediencia, debes saber que será de forma momentánea en el aquí y el ahora, y que a pesar de esa satisfacción de que te haya “hecho caso”,  esa obediencia tiene consecuencias a largo plazo que ahora no ves. 

¿Por qué, Yvonne? 

Porque no ponemos el foco en el vínculo y la conexión con nuestros hijos ni en sus necesidades y en cómo se siente el niño, el foco lo estás poniendo en qué quieres tú y qué haces para conseguirlo. Ahí es cuando entra la hostilidad y la desconexión. 

Amenazas, castigas o chantajeas a tus hijos para conseguir lo que quieres y esto es lo que anula y reprime al niño y tiene consecuencias en la adolescencia y en la edad adulta. Esto lastima nuestro vínculo afectivo y nuestra relación con ellos. 

En el niño que es muy obediente hay algo detrás, a veces miedo, a veces búsqueda de aceptación, valoración y mirada. 

El niño obedece para recibir lo que tanto necesita: AMOR. Y para evitar lo que tanto teme: Rechazo. 

Practica este ejercicio para pedir algo a tu hijo sin amenazar.

Te invito a hacer este ejercicio ahora, detente un momento en esta lectura, y piensa en algo divertido que puedes hacer a tu hijo o hija para captar su atención que no sea amenazar.

¿Qué podrías hacer para que cambie su comportamiento más allá de castigar, gritar, chantajear, amenazar con quitarle algo o prohibirle algo…?

Si ponemos el foco en el comportamiento del niño para cambiarlo y conseguir lo que queremos, es conductismo. Y desde ahí tenemos que hacerle algo al niño lo suficientemente molesto para que cambie de comportamiento y conseguir que nos obedezca.

¿Te gustaría cambiar tu mirada hacia la infancia y poder empezar a criar a tus hijos desde la perspectiva de la crianza consciente (CC)? ¿Deseas conocer qué significa criar y educar desde los principios de la CC y qué la diferencia de la crianza tradicional? 

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Niños obedientes: El peligro de la obediencia ciega en nuestros hijos.

Cuidado con esa obediencia ciega porque primero obedecerán a los padres, luego a los profes, luego a un abusador, luego a un adolescente que le ofrezca ciertas sustancias o hacer ciertas gamberradas.

Primero obedecen en casa y luego obedecen al grupo, a la tribu, y como vienen de ese lugar de tener que obedecer para recibir mirada y aprobación y no desde la conexión, el respeto y la elección, para ellos les es familiar eso y lo hacen.

Es muy importante que los niños se identifiquen con el respeto, con el amor, con la mirada, con la escucha, con la conexión, con la cooperación, confianza, complicidad, intimidad, primero desde casa.

Porque si en casa están presentes esos valores, y hay escucha, hay respeto, hay comprensión, hay paciencia, hay complicidad y hay intimidad, cuando el niño o el adolescente esté en otro ambiente, en otro entorno donde estos valores y principios no estén presentes, en seguida se incomodará, su cuerpo lo rechazará, a su cuerpo no le gustará, y su instinto le estará diciendo que esto no está bien.

Pero si el niño o el adolescente viene de la crítica, del juicio, de la pelea, de los castigos, de las amenazas, humillaciones, de la autoridad, el control y la obediencia ciega, y se encuentra en un ambiente así, no habrá nada de alarma. Nada le dirá cuidado, porque tolerará la misma violencia: falta de respeto, de escucha… que ha vivido en casa, el mismo maltrato o la misma obediencia ciega y desconexión que ha vivido en casa.

Un niño respetado y escuchado aprender a respetar y escuchar a los demás y a sí mismo. 

Para que un niño o adolescente pueda poner un límite, alejarse, o pueda tomar mejores decisiones, su primer registro lo va a tener en casa.

Hay algo más que me gustaría mecionar en este punto, quizás te horrorice o te asuste, pero creo que es importante reflexionar también sobre la relación entre la obediciencia ciega, ejercer el control y el poder hacia los niños y el abuso sexual. 

No siempre está asociado, pero muchas veces el abusador sexual o escolar, busca un niño complaciente, “bueno”, vulnerable, que está en constante búsqueda de amor, sometido y necesitado de valoración…

Este sometimiento se ve fortalecido cuando muchas veces, en el entorno familiar, no se habla desde la cooperación, sino desde la autoridad del padre o la madre, desde el control, desde el “lo digo yo”.

Es entonces, cuando estos niños tan tan obedientes y tan “buenos” obedecen incluso en situaciones muy hostiles. Han aprendido a desconectarse de sí mismos, a no quejarse, a no defenderse y a obedecer al adulto. No lo sienten como falta de respeto, lo ven como hay que hacer caso, hay que ser bueno y toleran ese maltrato.

Si lo llevamos a la escuela, y un niño mayor lo trata peor, lo verá normal porque es mayor y más fuerte, y estará acostumbrado a ceder como hacía en casa.

A veces toleramos situaciones hostiles o violentas y no hacemos nada porque lo vemos normal. 

El niño que es testigo de violencia, también es víctima de violencia.

La obediencia en la primera infancia y en la adolescencia.

Cuando tus hijos quieren vestir como los demás, ir a sitios a los que van los demás, si hacen cosas que piensas que no son las cosas más beneficiosas para tu hijo o hija, eso no te gustará tanto. Ahí no estaremos tan de acuerdo en que obedezcan al grupo.

Quizá no nos damos cuenta, pero a base de autoridad y obediencia, podemos apagar o lastimar su autoestima y seguridad. 

El niño sumiso (bueno y obediente) suele ser un niño apagado, anestesiado, desconectado de sus necedades y su ser esencial, de su curiosidad y motivación. 

En primera infancia nos parece positivo que obedezcan pero más adelante, el adolescente se va a revelar, porque lo que limito invito, ahí esa sumisión no nos gustará tanto porque les hace inseguros y dependientes de la mirada de otros.

Sé que a los padres y madres nos encanta cuando nuestros hijos hacen lo que les pedimos, cuando obedecen, especialmente cuando lo hacen delante de los demás. O cuando obedecen al abuelo, al tío, o al profe…

Pero hay un precio que pagar con esa obediencia, le quitamos parte de su autenticidad, aunque no nos demos cuenta. Para que un niño obedezca “mucho” necesita dejar de sentirse y desconectarse. La verdad es que duele mucho no poder ser uno mismo. 

Cuando hablo de obediencia ciega no me referiero a conexión y complacencia por elección y voluntad, sino por miedo, por recibir algo a  cambio: Mirada, atención, reconocimiento… y para evitar castigos, gritos, rechazo… 

El precio a pagar porque nuestros hijos sean obedientes y queden bien con otras personas es muy alto.

Entonces, ¿se trata de que los niños hagan siempre lo que quieran?

No, no se trata de que los niños hagan siempre lo que quieran. Se trata de conectar, mejorar el vínculo y la relación,  de hablar, comunicar, escucharnos y respetarnos, entonces no hay tanta resistencia. 

A MAYOR CONEXIÓN, MAYOR COOPERACIÓN

Si te fijas, serán ellos los que en el 80% de los casos se adapten a nosotros. Y en el fondo, son poquitos ratos que pueden ser ellos mismos.

No confundamos necesidades básicas, motrices, primarias y legítimas, como comer, dormir, jugar….. con deseos que se pueden posponer, negociar, cambiar, limitar o hablar. 

Es importante que ellos tengan la libertad de poder decidir también, y no siempre seamos nosotras diciendo qué, cómo y cuándo. 

Otra cosa importante es no confundirnos, una cosa es tener el poder absoluto sobre ellos, y otra cosa es dejar el poder en el niño. No estamos hablando de poder o de hacer lo que a nuestros hijos “les da la gana”, como me dicen muchas mamás, sino de libertad y respeto a otra persona.

Mi libertad acaba donde empieza la de mis hijos.

Ser obediente es estar desconectado, cuando estoy conectado no significa que no obedezca, pero será desde la comprensión, la conexión, la empatía y la elección. Desde el respecto a lo que veo aunque no lo comparta.

Los niños que han sido respetados lo tienen más fácil para respetar aquello que es diferente a ellos. Lo irás viendo mejor conforme crezcan. 

conexión en familia

Cómo generar un clima de confianza e intimidad con nuestros hijos cuando hemos sido controladores, autoritarios y abusivos durante su infancia.

La respuesta es con honestidad y verdad. 

La verdad nos libera, nos conecta y nos sana. 

Es importante poder sentir esto: Me acabo de dar cuenta y deseo hablarlo honestamente con mis hijos.

Les puedes decir: hasta ahora he actuado así, he creído que esto era lo mejor, ahora veo como te hemos obligado, sometido, o no te hemos escuchado ni respetado en muchas ocasiones como tú necesitabas. A partir de hoy deseo empezar a hacer las cosas de forma diferente.

En segundo lugar abordaría mis 4 raíces para una Crianza Consciente.

Y siendo honesta, esas 4 raíces hablan de necesidades universales, de todo ser humano, las podemos aplicar con nuestros hijos pequeños y mayores, pero también con otras personas y con nosotras mismas.

Te las recuerdo rápidamente…

  1. Presencia: Compartir y hablar, esto significa que te dedico mi tiempo por elección y no por obligación. Es ese momento al día que priorizamos estar por y para nuestros hijos.
  1. Validar: Validar lo que siente, lo que necesita, como lo que necesitamos los dos. Validamos necesidades y emociones, no negamos lo que siente y necesita.
  1. Nombrar: Para revertir o corregir errores es necesario nombrar la verdad de lo que ha sido, que es y que podrá ser, y nombrar que quiero hacer un cambio. 
  1. Intimidad emocional: es la conexión emocional, desde la comunicación, el vínculo, la confianza, desde el hablar, pero lo más importante, en un entorno libre de críticas, juicios y quejas.

Aquí puedes leer un precioso artículo donde te propongo 7 pasos para crear intimidad emocional en casa.

¿Deseas empezar mañana a tomar más consciencia de como estás tratando a tus hijos?

Todo esto no quiere decir que mañana te levantas siendo una madre consciente ejemplar y diciendo a tus hijos: ¡Pues mañana ya no quiero hacer esto!  Porque quizás, lo has hecho toda la vida, pero sí puedes decir: Mañana quiero empezar a tomar más consciencia de como te estoy tratando. 

Para revertir cualquier situación, si has sido muy autoritaria y valorabas la obediencia, mis 4 raíces pueden ayudarte, pero como te digo, también con la pareja, con cualquier persona que nos demos cuenta que queremos mejorar el vínculo.

Yo no he inventado nada, solo he puesto en 4 peldaños nuestras verdaderas necesidades humanas…

Quién no necesita el contacto y el vínculo de las persona que nos importan, quién no valora la honestidad, y vulnerabilidad, quién no necesita intimidad emocional, el vínculo, afecto, comprensión y amor…

Decir que hay que respetar las necesidades humanas es demasiado grande. Sentí que era importante desgranar esas necesidades, y desarrollé las 4 raíces para una crianza consciente para poder entenderlo mejor y tener una guía para el cambio y la transformación de cualquier ser humano.

Lo importante no es que nuestros hijos obedezcan tanto, sino que sean capaces de tomar sus propias decisiones sensatas.

Fíjate en lo bonito que es ver un niño que se para delante de un semáforo, mira de derecha a izquierda y sigue. Ver a un niño que se guarda el papelito y lo tira a la papelera, es decir, lo bonito es poder ver que tiene esa conducta y actitud sin nuestra presencia y no porque hemos obligado o limitado arbitrariamente. 

Todo esto es un gran cambio de paradigma y lo sé, pero lo importante no es que nuestro hijos nos obedezcan sino que tomen sus propias decisiones sensatas por sí mismos porque tiene integrado ese valor, ellos imitan lo que decimos y hacemos, si intentamos lograr obediencia con castigos, ellos harán lo mismo, y será una cadena que se perpetúe.

Podemos hacer de modelo, cuando pedimos por favor, damos los buenos días, damos las gracias y nos disculpamos, haremos de modelo sin que tengamos que obligarlos. 

Recuerda que los niños NO hacen lo que les decimos, sino lo que nos ven hacer. 

Pocas veces veo a los padres pedir a los hijos las cosas amablemente, pedimos desde la orden, desde mi necesidad, desde la queja, desde la crítica, desde el grito: recoge la habitación, recoge el plato, guarda los juguetes, cuantas veces te he dicho…

Yo a mis hijos cuando eran muy pequeños no les decía que hay que hacer, pero les ponía ejemplos y les explicaba que a las personas nos gusta que nos den las gracias, por ejemplo. Yo hacía de modelo. 

Si hoy has tomado la decisión de empezar a hacer las cosas de forma diferente con tus hijos, mi TALLER GRATUITO «SIENTE Y DA VOZ A TUS HIJOS A TRAVÉS DE LA CRIANZA CONSCIENTE», te ayudará e inspirará en este nuevo camino. Apúntate GRATIS desde AQUÍ. Empezamos el 28 de septiembre.

Si te ha ayudado e inspirado, ayúdame a que este mensaje llegue a más personas.

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