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Los 7 Principios de la Crianza Consciente

La crianza convencional se centra, principalmente, en qué es lo que el niño hace (qué es lo que no nos gusta de su comportamiento o qué queremos corregir del niño) y cómo o qué hacer para que ese comportamiento pare/cese. Solemos hacerle algo «al» niño para que sea como nosotros queremos o necesitamos. La causa de muchos de los comportamientos de los niños es el malestar que sienten debido a necesidades no satisfechas. Una necesidad no desaparece al no satisfacerse o atenderse. Parar el comportamiento y conseguir cambiar la actitud del niño no elimina la causa real que le llevo a necesitar comportarse así,  ni cambia lo que el niño siente o necesita. Cuando les decimos que paren de hacer algo, deberíamos decirles o proponerles qué otra cosas pueden hacer en vez de eso. Por ejemplo, si no deseamos que abra ese cajón ya que hay los cuchillos grandes y afilados podemos tener los cucharones en otro y explicarle e informarle respetuosamente que el de los cuchillos mejor no lo abra pero que sí puede abrir estos otros y se los mostramos. La Crianza Consciente busca más bien el «porqué» de de la necesidad de ese comportamiento, la causa originaria de tal actitud y la necesidad no satisfecha y el sentir del niño. Los niños siempre tienen un motivo valido para hacer lo que hacen aunque no siempre nos gusten sus reacciones ni sepamos su causa ni cómo acompañarles. 

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Cuando un niño se siente mal automáticamente puede que también se «porta mal» (hace algo desde una reacción emocional automática movida por su malestar). Si su estado emocional mejora (se siente bien), su comportamiento también mejorará como efecto secundario. Los ser humanos actuamos para satisfacer necesidades tanto los niños como los adultos. Generalmente, cuando «se pasan» es por que no tienen mejores herramientas, están desesperados, se sienten solos y esa necesidad les domina por comploto.

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No olvidemos que cuanto peor se comporta un niño, más ayuda, más atención, más mirada, más respeto y más amor incondicional necesitará. 

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Dejemos de hacerles tantas cosas «a» los niños y empecemos a hacer más cosas «con» los niños. Hagamos algo por y para ellos para mejorar nuestro vínculo afecto y poder conectar mejor con todas sus necesidades no satisfechas y poder empezar a satisfacerlas mejor. Pensemos qué podemos hacer para ayudarles a canalizar mejor lo que sienten en vez de pensar que hay algo en ellos que no va bien. Averigüemos porqué el niño hace lo que hace. Validemos su malestar, sus emociones y necesidades aun cuando no podamos satisfacerlas. Solemos pensar que sus necesidades son erróneas, que están equivocados, y constantemente luchamos contra ellas.

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El unschooling (permitirles aprender autónomamente y con libertad) no florece y empieza a dar sus frutos (en las familias que lo practicamos) hasta que cambiamos y sustituimos nuestra crianza convencional por una de más consciente, respetuosa, natural y con apego y conexión. Si quieres cambiar algo de ti, de cómo actúas, de lo que piensas, simplemente empieza a hacerlo. Atrévete a ser diferente, antepon la relación con tus hijos a todo los demás. Busca a alguien que ya esté viviendo la vida que tu deseas y criando y educando a sus hijos del modo que tu también te gustaría. Acércate a esa persona, pregúntale, pídele que te ayude. Ya sabes que yo estoy a tu entera disposición desde mi formación profesional certificada online en Crianza Consciente y Educación Emocional.Con CCEE podrás mejorar la relación con tus hijos enormemente.

No esperes otro año, otro mes, otra semana, otro día… Hasta que no cuestionemos todo lo que creemos y pensamos que sabemos no podremos aprender más y mejor. Es urgente revisar cómo estamos tratando, criando y educando a los niños de nuestra vida. Si deseamos cambiar, mejorar, transformar y sanar nuestras relaciones necesitamos empezar por ser más amables, respetuosos y amorosos con nuestros hijos.  Si necesitas Sanar alguna Herida y deseas cambiar y mejorar como persona o como madre también sabes que tengo mi curso online Sanar la Herida Primaria de tu infancia (SHP). No importa con quien elijas trabajar y crecer. Lo urgente es poneros en marcha y empezar a trabajarnos nosotras primero para poder llegar a ser la madre que nuestros hijos necesitan.

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Nuestro enfado no es causado por lo que hace el otro aunque pensemos que es el otro quien «me ha molestado». No todos nos molestamos por lo mismo. Lo que verdaderamente nos molesta es lo que pensamos, interpretamos, juzgamos y creemos sobre el comportamiento del según mis creencias y cómo nos trataron a nosotros. Cuando estamos enfadados simplemente estamos creyendo y escuchando nuestros pensamientos sobre el enfado y entonces es cuando culpabilizamos, juzgamos y negamos la realidad. Muchos padres y madres nos descontrolamos y no sabemos gestionar nuestras emociones cuando nuestros hijos se ponen a llorar desconsoladamente sin parar. El llanto nos altera, no lo podemos soportar. No obstante, el llanto para el niño es liberador y muy sanador, libera las emociones retenidas. ¿Por qué no soportamos el llanto? ¿Es que a caso no nos dejaron a nosotros llorar de pequeños? El secreto está en no intentar reprimir, ni reaccionar emocionalmente automáticamente, sino simplemente notar esa emoción, sentirla, aceptarla y dejarnos fluir hasta que deje de necesitar manifestarse. El cuerpo es sabio y si le dejamos sentir y expresarse se acaba equilibrando solo. Lo que negamos y reprimimos es lo que acaba por perpetuarse.

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Aceptar lo que sentimos y quedarnos con esos sentimientos hasta que se diluyan es mejor que intentar no sentir nunca enfado. Tenemos derecho a sentirnos mal y enfadados pero no tenemos el derecho de actuar abusiva, violenta y agresivamente contra nuestros hijos. Todas las emociones son aceptables y validas pero no todas nuestras reacciones emocionales. Las emociones no hacen daño a nadie, son nuestras reacciones quienes lastiman. Si no nos damos una elección, de hecho no hemos realmente decidido, elegido o escogido cómo queremos ser y/o comportarnos. Simplemente hemos reaccionado. Cuando perdemos el control lo que muchas veces queremos y pretendemos es que ellos (nuestros hijos) se controlen y comporten para que nosotros podamos restaurar nuestro control y nuestra paz y armonía interior. ¿No debería ser al revés?. Cuando uno se enfada hay necesidad de comunicación y conexión..

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Las raíces del enfado siempre suelen ser la tristeza, las heridas pasadas o el miedo: necesidades no satisfechas. Si el enfado no está dentro de nosotros no puede salir. Una alumna me dijo hace unos días: «Cuando me enfado a veces me convierto en mi mamá o en mi papá». Ahora ya no somos los hijos e hijas de nuestros padres solamente, sino que somos la madre de nuestros hijos. ¿Quién nos esta diciendo que no seamos tan amables, tan compresivos, tan cariñosos, tan complacientes… con nuestros hijos?, ¿De quién es esa voz?. Es fácil hacer lo que otros esperan de nosotros pero no es tan fácil escuchar a nuestro corazón.  ¿Qué es más importante para ti, lo que tu madre o la vecina puedan pensar o decir o lo que tu hijo siente y necesita? En ocasiones será muy duro y difícil ser lo suficientemente valiente como para no hacer lo que «ellos» esperan. Dar voz a nuestros hijos delante de otros adultos cuesta mucho ya que la voz que no tuvimos nosotros niños es la misma voz que nos impide hoy dársela a nuestros hijos. Escucha tu corazón, él sabe el camino mejor que NADIE. Piensa más con el corazón y no tanto con la mente. Y pregúntate:

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«Cómo me gustaría que fueran los padres de mis futuros nietos?

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La vida esta llena de momentos en donde tenemos que tomar importantes decisiones. ¿Qué nos impide llegar a ser la madre que nuestros hijos necesitan? Sólo teniendo la intención, la voluntad y el deseo de querer cambiar o hacer cambios pone las cosas en movimiento. Quizás con voluntad e intención no es del todo suficiente en ocasiones. Entonces es momento de tomar acción. Necesitaremos empezar a hacer las cosas de otra manera. Cuando cambiamos el modo en que resolvemos los conflictos con nuestros hijos, estos empiezan a desaparecer o a reducirse. Cada día estamos mas cerca de la persona que deseamos ser. ¿Qué es lo que nos gustaría que ellos pensasen de nosotros nuestras sean mayores?

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No olvidemos que la mejor manera de sanarnos a nosotros mismos es tratando a los niños de la forma en que nos hubiera gustado que los adultos, de nuestra vida, nos hubieran tratado a nosotros. ¿Qué es todo aquello que necesitabas y no obtuviste de mamá, de papá y demás adultos de tu vida? ¿Podías hablar en confianza e intimidad con tu madre de todo aquello que te preocupa o te pasaba? ¿Se interesaba ella por cómo estabas…? ¿Te entendía, te apoyaba, te escuchaba, estaba de tu lado, te protegía y defendían, te daba voz delante de papá o de los profes no respetuosos?

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Es vital crear un ambiente de intimidad emocional en casa con nuestros hijos para que ellos sientan que les respetamos, nos importan, les escuchamos, les damos voz y confiamos en ellos y los respetamos. Si nosotros los respetamos será muy difícil que permitan que otra persona les falte el respeto. Un niño respetado, respetará a los demás y se hará respetar.

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La infancia no es una preparación para la vida, es la vida misma. ¿Por qué tenemos tanta prisa en que los niños se comporten como adultos antes de que sean incluso adolescentes? La forma en cómo los tratamos es lo que les va a enseñar cómo comportarse y cómo ser. Los niños no suelen hacer lo que les decimos, sino que hacen lo que nos ven hacer con ellos y otras personas. Cuando veamos algún comportamiento que no nos guste en nuestros hijos será vital revisar qué podemos cambiar o mejorar nosotros primero. Recordemos que solamente podemos DAR lo que SOMOS y no lo que pensamos saber. Los niños se convierten en lo que absorben de su entorno y principalmente en primera infancia de lo que pasa en casa y la relación con mamá y papá. Compórtate cómo te gustaría que ellos llegaran a ser. Se tu como quieres que ellos sean. Los niños se rebelan contra nosotros únicamente cuando nuestra cultura se opone demasiado y durante demasiado tiempo a su verdadera naturaleza y necesidades legítimas.

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Para concluir,  deseo compartir que lo primero y más importante debería ser la relación con nuestros hijos y cómo nos relacionamos con ellos. Todo lo demás es secundario. Una vez tengamos las piezas del puzzle de nuestra relación encajadas unas con otras con amor, conciencia y respeto, todas las demás encontraran su sitio y encajaran casi por sí solas. El día que seamos más padres y madres conscientes, respetuosas, amables y dispuestos a ser verdaderamente sinceros con sigo mismo y desear revisar sus creencias y sus propias vivencias de infancia, solo entonces, podremos empezar a tendremos, también, otro mundo más pacifico, amoroso y libre de violencia.

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Un niño obediente no piensa, no cuestiona, no interrumpe, no negocia, no resuelve problemas, no toma decisiones conscientes por si mismo, no es él mismo, por tanto no podrá convertirse en el ser maravilloso que ha venido a ser. Tendrá que convertirse en otra persona, pero no será él mismo, tendrá que ser otro. Crecerá necesitando mandar y ejercer el poder sobre otros y seguiremos perpetuando la misma cadena transgeneracional una generación más. Estamos a tiempo de cambiar, mejorar y sanar nuestras relaciones afectivas no solamente con nuestros hijos, sino también con nuestras parejas, madres, padres, amigos y demás personas de nuestra vida.  Nuestra necesidad de convencerles, manipularles y controlarse, les roba su sentido de confianza en sí mismos, les roba seguridad y autoestima, no les permite conectar con su verdadero ser esencial. Se pierden y olvidan quién eran, quién son y en quién deseaban o desean convertirse. Simplemente obedecen ciegamente. ¿Esto es lo que verdaderamente deseas? ¿Estamos seguros de que esto es lo que seamos para ellos? No, ¿verdad? Entonces es momento de cambiar, mejorar, transformarnos y sanarnos. Ayudémosles a ser quienes ya son y dejemos de intentar cambiarlos, corregirles o hacerlos ser quiénes nosotros quisiéramos que fuesen.

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Es más fácil respetar, escuchar, dar voz y amar incondicionalmente a un niño que sanar a un adulto que no lo fue. 

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Como dijo Winston Churchill: «Los hombres tropiezan con la verdad de vez en cuando, pero la mayoría de las veces se levantan y siguen rápidamente como si nada hubiera sucedido».

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Criar Conscientemente (acompañar y educar a nuestros hijos de forma respetuosa, amorosa, amable y reflexiva) no es una moda, no son estrategias, ni métodos respetuosos para que nuestros hijos sean como nosotros necesitamos y deseamos. La Crianza Consciente es toda una filosofía de vida, es anteponer la relación con nuestros hijos a todo lo demás, es darnos cuenta de qué es «eso» que nos pasa a los adultos que tanto nos molesta de nuestros hijos. Revisar nuestras infancias nos ayudará a comprender más y mejor todo esto que nos pasa hoy. Necesitamos ponerle nombre a todo aquello que nos pasó siendo niños y adolescentes para luego poder comprender mejor que nos pasa hoy con nuestros hijos. Nuestras creencias actuales sobre qué necesitan los niños y cómo deberíamos criarlos y educarlos tiene estricta relación en cómo nos criaron y educaron. Nada que ver con lo que verdaderamente y legítimamente necesita TODO niño. Por ejemplo, los niños necesitan moverse mucho, hablar mucho, jugar mucho, estar mucho con mamá los primeros años y un largo etc. Si todos los niños necesitan esto, no puede ser que todos los niños estén equivocados necesitan lo mismo, ¿verdad? Esta cambio de mirada que yo propongo hoy, ahora mismo, es simplemente reconectar con el verdadero diseño humano, ya que siempre ha estado allí, dentro de cada uno de nuestros y de nuestros corazones pero que con el tiempo se nos ha ido anestesiando hasta llegar a olvidarlo debido a cómo nos criaron y nos educaron. Ellos hicieron lo mejor que pudieron y supieron, no obstante, muchos no pudimos obtener lo que verdaderamente necesitábamos, sino lo que ellos tenía para darnos y ofrecernos. Hoy es nuestra segunda oportunidad para mejorarlo si nos atrevemos «primero» a sentir al niño-a que fuimos para luego poder convertirnos en los padres y madres que nuestros hijos necesitan.

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