Por Yvonne Laborda.
Autora del libro: DAR VOZ AL NIÑO.

 

Es vital conectar con las vivencias de la niña que fuimos, pero eso nos puede costar y doler mucho ya que necesitaremos dejar de idealizar, proteger, mirar y defender a nuestra propia mamá. Desde la lente infantil no podemos juzgarla, ni criticarla, no nos está permitido (inconscientemente), porque si lo hacemos es como que nos quedamos huérfanos, la perdemos.

Un niño no puede pensar:

Mi madre no tiene recursos emocionales, es incapaz de fusionar conmigo y por ello no puede conectar conmigo ni darme lo que necesito. Mi mamá es inmadura emocionalmente…

El niño suele proyectar sus carencias y su dolor hacia sí mismo:

“Sino recibo lo que necesito de mamá o me hace daño es que no valgo lo suficiente, no merezco lo suficiente, ni soy digna de su amor…”

 

 

Esta actitud de supervivencia nos dejará con una gran dependencia emocional hacia nuestra madre. En el módulo de 3 de mi curso online SANAR LA HERIDA PRIMARIA trabajamos en profundidad cómo la relación con nuestra madre nos ha afectado y nos sigue afectando en nuestras relaciones afectivas, especialmente con nuestros propios hijos y nuestra pareja. Arrastraremos esa dependencia emocional en todas nuestras relaciones afectivas. Nuestro vacío emocional dominará nuestras relaciones, llegando incluso a ser tóxicas, agresivas, abusivas o autoritarias.

En mi adolescencia y juventud recuerdo haber estado muy necesitada de amigas y sentirme muy sola. Cuando hacia una amiga dependía mucho de ella y podía incluso tener envidia si ella tenía otras amigas. En nuestras relaciones afectivas con chicos también podemos llegar a depender tanto del amor y mirada del otro que no podremos soportar el estar solas y saltaremos de una relación a otra o nos quedaremos con alguien a pesar de no estar realmente a gusto ni enamoradas. Siempre será mejor que estar solas. Esta actitud nos puede llevar a aceptar incluso relaciones muy tóxicas en donde nos hacen sufrir. Algunas incluso han utilizado la promiscuidad para recibir ternura. Han entregado su cuerpo a cambio de un poco de mirada, atención o amor.

Nuestras necesidades infantiles de amparo, mirada, protección, contacto, cuidado, respeto y amor incondicional quedaron no satisfechas. Por tanto nos emparejamos desesperadamente necesitadas. Nos emparejamos desde la sombra. Buscamos a alguien que nos llene nuestro vacío. Estamos más pendientes de qué es lo que el otro tiene para darme y no revisamos qué tenemos nosotras para ofrecer al otro.

 

 

Nos juntamos desde la carencia y no desde la plenitud. En el módulo 6 de mi curso online SANAR LA HERIDA PRIMARIA trabajamos en profundidad la relación de pareja.

Muchas de nosotras pensaremos, creemos y nos llegamos a convencer (debido al discurso engañado de mamá y papá) que nosotras éramos las responsables (culpables) de todo lo que nos habían hecho o dicho nuestros padres, porque como todo lo hacen (supuestamente) por nuestro “bien”.

Nos castigan, nos premian, nos pegan, nos amenazan, nos humillan, nos juzgan, nos critican, nos obligan, nos prohíben, nos ignoran, nos retiran la mirada… supuestamente por nuestro “bien”. Los niños piensan que si papá o mamá les hacen daño o les generan malestar, es porque ellos han sido “malos” y lo merecen… Eso es lo que cree el niño que es verdad.

Cuanto peor tratamos a un niño, peor persona cree que es.

Aceptar que nuestra mamá no nos protegía, ni nos amó como nosotras verdaderamente necesitábamos duele. La psique infantil no puede aceptar esto y buscará “excusas” para defender, justificar y negar este hecho. Así empieza a forjarse nuestra Herida Primaria.

No obstante, ahora de adultas, ya no necesitamos ese amor (si lo hubiésemos recibo de niñas hoy no lo necesitaríamos). Lo necesitábamos siendo niños y adolescentes. Deberíamos llegar a la adultez llenas para poder a su vez dar amor a nuestros hijos. Pero los hechos nos demuestran que esto no siempre ha sido así: Nos duele estar con nuestros hijos, discutimos con nuestras parejas, dependemos emocionalmente de mamá aun siendo nosotras madres y teniendo nuestra propia familia. Necesitaremos contentarla y hasta nos puede llegar a importar más lo que ella piense que lo que nuestros hijos necesiten o sientan.

La seguimos necesitando desesperadamente y no nos damos cuenta que nuestros hijos son quienes nos necesitan hoy. Si nosotras seguimos mirando a mamá, no podremos mirar (sentir-amar) a nuestros hijos. Para poder seguir mirando y satisfaciendo a nuestra madre tendremos que “abandonar” (emocionalmente hablando) a nuestros hijos y a nostras mismas igual que hicimos cuando éramos niñas.

 

 

Nos ha quedado el vacío, la carencia,  del amor que no recibimos y muchas necesidades no satisfechas. Necesitamos entender que lo que se está proyectando a través de nosotras (nuestras reacciones emocionales automáticas y nuestra dependencia emocional) es el amor incondicional (sin condiciones) que no hubo para nosotras.

 

 

Hoy arrastramos esa carencia y ese vacío y lo vemos manifestado en nuestras relaciones afectivas. Si hubiésemos recibido ese amor, ahora que estamos en la etapa de dar, podríamos dar, dar y dar y no nos dolería. Si nos duele, es porque lo estamos dando-creando desde el vacío emocional. Dar lo que no se tuvo duele mucho emocionalmente hablando.

Ya he comentado en otras ocasiones que dar a mis 3 hijos lo que yo no tuve de niña me sanó y prometí compartirlo.

¿Cómo saber el grado de vacío emocional que tenemos? Viendo nuestra capacidad para AMAR y DAR al otro. Si nos duele, si la intensidad de los niños nos supera, si nos ahogamos, si necesitamos huir, si estamos mucho en el hacer, si nos cuesta estar presentes con nuestros hijos, si tenemos reacciones emocionales automáticas descontroladas, si discutimos mucho con nuestra pareja, si hay dependencia emocional con nuestra pareja o con nuestra mamá, si nos afecta lo que los demás (mamá y papá principalmente) piensan o dicen de nosotras hasta el punto de no poder ser nosotras mismas… En ocasiones la opinión de mamá aún nos pesará tanto que no nos permitirá SER quienes vinimos a ser, ni tampoco nos permitirá llegar a SER la madre que nuestros hijos necesitan.

Es vital aceptar nuestra vedad y dejar de idealizar la relación con nuestra madre para poder ser libres para amar más y mejor a nuestros hijos.

Es nuestra responsabilidad como adultas hacernos cargo de la niña herida que aún habita en nosotras para que deje de dominar nuestra vida a través de su Herida Primara.

En este otro artículo comparto 20 reflexiones sobre cómo fue la relación con tu madre y la huella (Herida Primaria) que te ha podido dejar: CLICK aquí para leerlo.

Te mando un fuerte abrazo, bonita.

 

Yvonne Laborda
Terapeuta Humanista-Holística
Escritora y conferencista motivacional
Crianza Consciente
Educación Emocional
Unschooling: (aprendizaje autónomo)
Ex-profesora de inglés
 
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